Autor:

Redacción Comercial

Actualizada:

28 Oct 2021 - 15:58

La Mama Rumualda

En Huertas, en la provincia del Azuay, en las tierras altas del Shagli, existen varias formaciones líticas que tienen figuras de animales y humanos.

Al verlas, parece que sobre ellas hubiera pasado el viento del tiempo y convertido en piedra las almas que representan. 

A una de estas formaciones se la conoce como Mama Rumualda, una impresionante piedra que tiene la forma del rostro de una mujer anciana. 

Cuenta la leyenda que Rumualda fue una mujer que poseía el don de convertir todo lo que la rodeaba en riquezas; tenía tierras, animales y sembríos; pero su gran defecto, sin embargo, era la codicia.

En cierta ocasión, un hombre de la comunidad, que lo había perdido todo en una sequía, se animó a visitar a Mama Rumualda para pedirle ayuda para él y su familia. Con voz suplicante, el hombre le dijo: ¡Oh Mama Rumualda mi familia y yo lo hemos perdido todo, no tenemos nada que comer, apeló a tu buen corazón y generosidad para salir de este problema; ayúdanos con algo, Mama Rumualda!

La mujer frunció el ceño y contestó con desprecio: ¿Acaso crees que lo que tengo me ha venido del cielo? 

¡No me molestes! ¡Kisha, kisha! Fuera de aquí, fuera de mis tierras, eso te pasa por vago. 

El hombre desesperado regresó a su casa y soltó a llorar porque no consiguió nada para ofrecer a su familia.

Frente a la poca generosidad de Mama Rumualda, la gente del pueblo, indignada por su actitud, decidió darle una lección: no volvieron a pasar palabra con ella.

En un principio, Mama Rumualda sintió alivio, nadie iba a molestarla ni a pedirle ningún favor; pero poco a poco, el desprecio del pueblo hizo mella en su carácter, entonces huyó hacia el monte y se fue a vivir sola en las alturas del monte Shaglli.

Ya en el cerro, la mujer se preguntaba de qué le servía tanto dinero si no podía compartir con nadie. Sola y triste en medio del silencio, la anciana se lamentaba:

¿Acaso me sirven tantas riquezas? ¿Por qué no ayudé al hombre cuando lo necesitaba? ¡Qué tristeza vivir tan sola, todos me han apartado!

La gente del pueblo, que no era mala, empezó a sentir pena por la anciana, se reunieron y fueron a buscarla en el cerro.

Mama Rumualda, ¿Dónde estás?

 –Mama Rumualda, venimos a buscarte.

¿Dónde estás? Te hemos perdonado.

Todo intento por hallar viva a Mama Rumualda fue en vano; lo que sí encontraron en el lugar en donde había elegido aislarse, fue una gran piedra que tenía esculpido el rostro de la anciana que miraba el horizonte con una profunda pena.

Leyenda originaria de la provincia del Azuay, cantón Santa Isabel, localidad Huertas.

Texto tomado de la publicación “Mitos y leyendas de las provincias de Azuay, Cañar y Morona Santiago”, del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural del Ecuador.

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