‘El amor es un francotirador’: todas las alternativas a la pasión suceden al mismo tiempo

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

12 Jul - 20:08

Un instante de la presentación de "El amor en un francotirador", en Quito. - Foto: Eduardo Varas

‘El amor es un francotirador’: todas las alternativas a la pasión suceden al mismo tiempo

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

12 Jul - 20:08

La obra escrita por la argentina Lola Arias encuentra en este aire ecuatoriano muchas aristas para revisar. Desde la música, la puesta en escena que refleja la dureza de las relaciones amorosas y hasta cierto sentido festivo se ponen en evidencia en una pieza que se puede considerar extraña, pero no por eso inferior.

El frío no ayuda, el ruido de la calle tiene mucha presencia y hay que ser un espectador activo porque si se trata de mover la silla para obtener una mejor vista, pues se hace. Cuando El amor es un francotirador empieza ese exterior pasa a un segundo plano.

Esto gracias a la simultaneidad de acciones, a las luces que se encienden y se apagan sin un orden en específico y a los puntos de contacto entre los seis actores en escena (¿son realmente seis o algunos se transfiguran en más de un ser? Bueno, la cantante y compositora Cristina Echeverría es parte de la puesta en escena, en la que ella también interviene desde la representación).

Hay dos hechos que considerar para hablar de El amor es un francotirador. Uno tiene que ver con la existencia de una estructura que se percibe con rapidez, en medio de un segundo punto que ayuda a que el conjunto resalte: el elenco (integrado por Alejandra Coral Mantilla, Tomás Flores, Javier Ordoñez, Claudia Roggiero y Julia Silva) improvisa acciones, utilizando todos los recursos en escena, proponiendo al caos y a las múltiples alternativas alrededor de la pasión o pasiones humanas como las únicas constantes en esto del amor.

Las voces surgen desde el despecho, desde la imposibilidad de estar en pareja, del dolor, de la curiosidad, del engaño, desde la violencia, o una necesidad enfermiza de llamar la atención. Cada uno de los seres en escena se acerca al micrófono y cuenta su historia de amor, en sus propios códigos. Mientras los demás escuchan, reaccionan o están en sus propios universos.

Hasta una voz pregrabada cumple el mismo objetivo. El amor trasciende lo que se ve.

No todo se puede apreciar al mismo nivel, pero da la impresión que esos momentos que son mejores que otros tienen que ver con la naturaleza azarosa de la obra. No toda representación es igual, las acciones varían de función en función, de forma consciente. Incluso cuando el grupo canta, no es necesaria la afinación perfecta.

Este viaje en montaña rusa, con altos y bajos, no apela a la consistencia, sino al impacto y ahí está su fuerza. Su precisa y entretenida fuerza, basada en un texto de Lola Arias.

La última función será el próximo miércoles 17 de julio, en El Útero espacio cultural, Reina Victoria y Jerónimo Carrión. La entrada tiene un costo de USD 10.

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