¿Qué zona de Quito produce más basura? Un recorrido con trabajadores de Emaseo, entre el riesgo y la contaminación
La producción de desechos en la capital creció un 13 % en la última década. PRIMICIAS acompañó a un equipo de Emaseo, encargado de la recolección de basura, en una ruta nocturna por las empinadas cuestas de Atucucho, en el norte de Quito, para entender la magnitud del problema.
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Eran las 19:00 del lunes 12 de enero de 2026 cuando el frío del norte de Quito comenzó a calar en los huesos. En la base de la Empresa Municipal de Aseo (Emaseo), en la avenida Mariscal Sucre, Edison Cruz (52 años) y Emilio Vargas (40 años) se ajustaban los guantes de caucho con la calma de quien se prepara para una guerra silenciosa.
Su misión: recoger parte de las 2.200 toneladas de basura que la capital produce diariamente, una montaña de desechos que en 2025 alcanzó la cifra récord de 800.930 toneladas, un 5 % más que el año anterior.
Según Emaseo, la Administración Zonal Eugenio Espejo (que incluye, por ejemplo, a La Mariscal) es la zona que más basura genera en toda la ciudad, con 164.973 toneladas anuales, ubicada en el centro norte. Le siguen las zonas Eloy Alfaro (110.897 toneladas) y Quitumbe (103.045 toneladas), las dos están ubicadas en el sur de la capital.
Sin embargo, el crecimiento más alarmante se dio en la zona Manuela Sáenz, donde la cantidad de basura se disparó un 32% en apenas un año.
La Delicia, junto a la administración Chocó Andino, son las de mayor extensión en la capital, pero no son las que más basura producen. Se ubican en cuarto lugar en cantidad de desechos recolectados, con 79.494 toneladas durante el año.
Correr tras el camión: la danza del riesgo
A las 19:20, el vehículo recolector llegó a la ruta Santana - Atucucho, en el norte de la capital. Aquí, el trabajo no se hace caminando; se hace corriendo. El camión nunca se detuvo del todo; avanzaba lento por las empinadas cuestas mientras Edison y Emilio saltaban al asfalto para atrapar pesadas fundas antes de que el vehículo les gane ventaja.

“La zona es pesada, hay bastante basura regada y nos toca dejar limpio”, dijo Edison, quien lleva 18 años en la empresa y viaja más de una hora desde Ciudad Jardín, sur de la ciudad, para cumplir su turno.
Mientras corrían, los conductores de autos particulares pitaban desesperados por rebasar, ignorando que los recolectores se juegan la vida entre el tráfico y los desechos mal separados.
El horror de los "huecos"
El punto más dramático del recorrido fueron los llamados “huecos”. En las zonas más altas de esta ruta, a las que el camión no puede acceder, existen cuartos de cemento con puertas metálicas en los que los vecinos amontonan de todo. “Es un nido de ratas, el olor es putrefacto”, describió el equipo. Al abrir las puertas, el hedor era nauseabundo; era basura acumulada que se descompone a la intemperie.
Emilio, con ocho años de experiencia, recordó con amargura la falta de empatía de algunos vecinos: “A veces botan costales con tierra debajo de la basura para que pesen más, o jeringuillas sin protección”. Durante la pandemia, ese miedo a pincharse y contagiar a su familia era una sombra constante.
En Atucucho, los perros callejeros también participaron en la escena, rompiendo fundas en busca de comida mientras los recolectores usaban cartones para recoger los restos y no dejar la vereda sucia.
Una flota al borde del colapso
Este esfuerzo tiene detrás una planificación para atender a toda la capital, en un contexto institucional crítico. Actualmente, más del 50% de la flota de Emaseo está cerca de cumplir su vida útil, lo que obliga a los mecánicos a obrar milagros para mantener los camiones operativos.
La crisis se agravó tras la denuncia del Municipio por una presunta estafa en la compra de seis camiones "satélite" adquiridos en 2024 por USD 804.000. Estas unidades presentaron fallas de fábrica —fugas de aceite, desgaste de frenos y fallas en el embrague— a pocos meses de su uso, saliendo de circulación y dejando huecos en la logística de aseo.
Incluso con estos tropiezos y la presión sobre el relleno sanitario de El Inga —cuyo cubeto 11 llegará al límite en septiembre de 2026—, el equipo de recolección no perdía la sonrisa. Hay gestos que sanan el cansancio: en una panadería del sector, los vecinos entregaron pan y gaseosa en agradecimiento.
Guardaron el pan en el camión; lo iban a consumir al terminar la jornada laboral o de camino a la estación de transferencia, lugar en el que descargan la basura para que sea trasladada al relleno sanitario.
La ruta terminó cerca de las 03:00 del martes 13 de enero. Tras descargar los desechos en la estación de transferencia de Zámbiza, Edison y Emilio, junto a dos compañeros más, regresaron a la base para bañarse, después iniciaron un largo retorno a sus hogares. Quito amaneció el martes limpia, pero solo hasta que las 164.000 toneladas de la zona Eugenio Espejo y el resto de la ciudad vuelvan a llenar las veredas.

Autoridades de Emaseo informaron que, pese a los problemas con las unidades de transporte, las rutas han sido modificadas, pero no se ha suspendido la atención.
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