Bastó el primer partido oficial de Barcelona SC para darnos cuenta de que todo está perdido
Descabezado y casi eliminado de la Copa, Barcelona SC no pudo empezar el año deportivo de peor manera: perdiendo de local un partido crucial de Libertadores.

El entrenador de Barcelona, César Farías, dirige el 18 de febrero de 2026 en el partido con Argentinos Juniors en el estadio Monumental, en Guayaquil.
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EFE
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El fútbol se cura con fútbol, se dice por ahí, pero ¿y si no hay fútbol? ¿Y si no hay nada en la cancha para al menos sonreír un poco? Eso le ha pasado a Barcelona SC, club que venía fuertemente apaleado en lo institucional y que el 18 de febrero tenía una cita crucial con Argentinos Juniors en el inicio de la Copa Libertadores, cita que fue un desastre.
Pasar de ronda era esencial para comenzar a dejar atrás el terremoto que implicó que parte de los directivos más importantes de Barcelona SC fueron arrestados y encarcelados por el caso Goleada. Bueno, con un solo partido es imposible olvidarse del trauma de una cúpula descabezada y de unos problemas financieros que son latentes, como una mina de frontera a la espera de que alguien la pise y ¡boom!
Pero ganar a Argentinos Juniors era vital para comenzar a construir algo, aunque sea un sueño poco probable: llegar a la fase de grupos de la Libertadores. Era una victoria para tomar viada. Pero todo lo relacionado con el partido ante Argentinos Juniors salió muy mal, desde la asistencia, que parece indicar que el hincha canario solamente acude al estadio si hay algún cantante que le haga mover el esqueleto, hasta el juego mismo, que no ofrece esperanzas porque la plantilla está llena de pensionistas del IESS, como Byron Castillo y el tal Benedetto.
Pero más decepcionó el entrenador César Farías, pero no por la elección de los jugadores titulares o de la estrategia. En realidad, por más que algunos analicen sesudamente la alineación y los cambios y se arranquen de los cabellos, no había mucho para hacer. Con una plantilla que incorporó (un poco al apuro) a 14 jugadores, el tiempo para trabajar ha sido escaso.
La decepción con el venezolano corre por cuenta de que no entró a la cancha, no se enfureció, no tomó del cogote a nadie ni hizo nada de sus habituales exabruptos. Dirigió a Barcelona SC en modo zen y eso sí es preocupante. Porque, si alguien sanguíneo como Farías se para en la zona técnica como si hubiera tomado un blíster de alprazolam en su primer partido oficial, quiere decir que ya todo está perdido, justamente al revés de la canción de Fito Páez: aquí nadie viene a ofrecer nada, y menos el corazón.
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