Centenario Chimichurri: en Barcelona SC todo sale rematadamente mal
En Cuenca, antes del partido por Copa Ecuador, el aire no olía a precisamente caramelo, sino a que algo terrible estaba por ocurrir para arruinar aún más este Centenario chimichurri.

Ismael Rescalvo, DT de Barcelona SC, con cara de desconcierto en el partido con Cuenca Juniors, el 28 de agosto de 2025.
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¡Qué vergüenza! Barcelona SC acumula una nueva y dolorosa decepción en el simbólico año de su Centenario, una temporada en que todo ha salido rematamente mal. Quedar fuera en una instancia temprana de la Copa Ecuador, ¡en agosto!, deja al equipo canario desnudo, en la intemperie y hundido en el fango. Peor, casi imposible.
¿Dónde quedaron las promesas del presidente Antonio Alvarez de armar un equipo que sea protagonista en todas las copas? ¿Qué pasó con eso de que no llegarían nombres chimichurris y que este sería un Centenario que se afrontaría con casta? Caer derrotado es perfectamente posible, por supuesto, es parte del fútbol; pero hace rato que Barcelona SC comenzó a perder, no solo en la cancha, sino en el corazón.
El gran responsable de este nuevo fiasco es el entrenador Ismael Rescalvo, que decidió jugar con 10 suplentes el partido con Cuenca Juniors, para preservar a los titulares para la LigaPro. Una osadía, pues Barcelona SC carece de las fuerzas para inquietar a Independiente del Valle (¡karma, karma!) en la lucha por el título de la LigaPro. Era más responsable afrontar el partido de la Copa Ecuador con una consigna: que no se produzca el ridículo.
La audacia aumenta porque se ha subestimado a Cuenca Juniors, que para nada se trataba de un rival ganable. Al contrario, Cuenca Juniors apuesta por un proceso muy estructurado, a tono con los nuevos tiempos y los nuevos equipos que están emergiendo y enterrando a los viejos.
¿Es la sorpresa más grande de la historia de los partidos oficiales del fútbol ecuatoriano? Quizás es así por el resultado de un equipo de Segunda categoría ante uno de LigaPro, pero no es una sorpresa por el contexto. Y eso es lo realmente triste para los canarios: en Cuenca el aire no olía a precisamente caramelo, sino a que algo terrible estaba por ocurrir para arruinar aún más este Centenario chimichurri.
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