Infantino sonríe por fuera, pero por dentro teme que Trump termine por arruinar el Mundial en Estados Unidos
Estados Unidos no es, precisamente, el país más amado en estos momentos. ¿Las redadas del ICE y la política exterior de Donald Trump afectarán gravemente al Mundial 2026?

Donald Trump durante una reunión con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino (izq.), en una fotografía de archivo.
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EFE
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¡Pobre Gianni Infantino! El presidente de la FIFA, a estas alturas, debe estar arrepentido de haber entregado a Estados Unidos la organización de la mayor parte del Mundial 2026. Por culpa de Donald Trump, los ánimos están crispados, tanto dentro del país como en el exterior, y de lo que menos se habla es de fútbol. Bueno, sí se habla, pero con la peligrosa palabra "boicot" como complemento.
Infantino, y en realidad todos nosotros, ya nos imaginamos un Mundial con agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza correteando a latinos en los alrededores de los estadios, vigilando en los locales de comida y en los Fan Zone, exigiendo papeles a asustadas familias de turistas y arrestando a diestra y siniestra a cada bigotón que encuentre en su camino.
También se teme que se produzcan protestas cerca de los estadios en contra del Mundial, que de paso tendrá las entradas más caras de la historia, para regocijo del propio Trump, pero que han exaltado a los anticapitalistas que no entienden la oferta y la demanda. Todo mal para el Mundial más gigante de la historia.
La idea era que este Mundial sea mucho menos conflictivo que los dos anteriores, que generaron protestas y división. La razón: la FIFA otorgó las sedes de 2018 y 2022 a países autoritarios como Rusia y Catar (Qatar). Pero, con Estados Unidos en 2026, ya no habría quejas por la falta de democracia y por el irrespeto a los derechos humanos de la sede. ¡Estados Unidos es el faro de la democracia, por favor!
O eso se supone, ¿no?
La verdad es que el arrasador Trump ha puesto de cabeza al planeta entero y Estados Unidos no es, precisamente, el país más amado en estos momentos. Aunque el presidente de Estados Unidos ha manifestado su apoyo al Mundial (después de todo, Trump fue un jugador de soccer aficionado), es claro que su plan de gobierno es la máxima prioridad, y eso incluye acabar (con todo lo escalofriante que pueda resutar esa palabra) con la migración irregular.
Nada garantiza que los excesos del ICE se detengan antes de que el balón comience a rodar, aunque se habla de que habría una especie de tregua durante el Mundial.
En el exterior, los ánimos no están menos enardecidos. El ataque a Venezuela, la pretensión de anexionarse Groenlandia, las amenazas guerreristas contra Irán y la animadversión pública de Trump hacia China, Europa y la OTAN han despertado un sentimiento antiestadounidense que no se veía antes de la Guerra Fría, incluso entre los aliados.
Infantino y los mandamases de la FIFA esperan que la geopolítica se apacigue al calor del verano y que el Mundial termine siendo una fiesta. Aunque, por más que recen, no podrán evitar que la enorme presencia naranja de Trump sobrevuele el Mundial. Ojalá que ese sobrevuelo no incluya, desde el 11 de junio al 19 de julio, las tenebrosas alas del ICE.
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