"A veces idealizamos vivir afuera": Joaquín López, el ultraatleta que aprendió a valorar a Ecuador en las montañas de Europa
Joaquín López volvió a tener una notable actuación en el legendario Ultra-Trail de Mont-Blanc. Detrás de sus éxitos está la historia de un corredor quiteño que decidió migrar y radicarse en Barcelona para cambiar su vida. Ahora, de regreso en Ecuador, su historia migrante le dejó un aprendizaje profundo y una certeza: el valor de su origen.

El ultraatleta ecuatoriano Joaquín López, durante un entrenamiento en Barcelona, España.
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Cortesía Joaquín López
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MADRID. Terminó quinto en su última carrera del Ultra-Trail de Mont-Blanc (UTMB), la ultramaratón de montaña más prestigiosa del mundo, y ese resultado tuvo sabor a victoria. El quiteño Joaquín López redujo en más de una hora su tiempo en las 100 millas. Desde Italia, donde se recupera, el corredor de 34 años dice que está satisfecho y dimensiona lo conseguido al comparar su marca con los resultados históricos de la prueba. “Con este tiempo habría ganado cualquier edición anterior”, dice.
Su registro oficial fue de 19 horas, 6 minutos y 48 segundos para completar los 174 kilómetros y 9.700 metros de desnivel positivo alrededor del macizo del Mont Blanc. En 2024 terminó tercero con 20 horas, 26 minutos y 22 segundos. Esta vez quedó dos puestos más abajo, aunque mejoró su marca.
López también valora el resultado por lo que representa para Ecuador y Latinoamérica. “Los latinoamericanos somos una minoría en estas competencias y no partimos desde el mismo lugar que un corredor europeo o norteamericano”, dice. Cree que sus logros ayudan a visibilizar el talento de la región y le dan fuerzas durante los tramos más duros.

Barcelona y la decisión de profesionalizarse
El camino hacia la élite comenzó a tomar forma en 2021, cuando López se mudó a Barcelona. Llegó después de la pandemia para cursar un máster en entrenamiento deportivo en la Universidad Ramon Llull. Quería dedicar más tiempo a correr y conocer mejor todo lo que rodea a un deportista profesional. “Me fui allá con la idea de probar ser un poco más profesional. Quería dedicarle más tiempo, pero también contactar con otros entrenadores, fisioterapeutas y nutricionistas, y aprender un poco más de todo el medio”, cuenta.
Hasta entonces se había formado en las montañas de Ecuador y en carreras de aventura. Entrenar al nivel del mar le permitió trabajar la velocidad, una cualidad más difícil de desarrollar en los 2.800 metros de altitud de Quito. “En Ecuador somos muy buenos aguantando, tenemos mucha resistencia, pero no somos rápidos”, explica.
Barcelona también cambió la forma en la que se veía como deportista tal y como lo reconoce: “Lo que más me ayudó de ir a vivir a Barcelona fue volverme más atlético, más corredor. Dejé de ser tanto un aventurero o un expedicionario para convertirme en un corredor, en un atleta”.
Más adelante comenzó a entrenar con la estadounidense Darcie Murphy, del grupo CTS (Carmichael Training Systems), gracia a una beca. Con ella y otros profesionales construyó una preparación más completa, que incluye nutrición y psicología deportiva.
Una apuesta con sus propios ahorros
La mudanza a Barcelona implicó un riesgo económico. López pagó el viaje y los estudios con sus ahorros mientras continuaba gestionando a distancia Ecuador Runs, su empresa de entrenamiento. “Me la jugué al 100% con mis ahorros porque me interesaba muchísimo aprender y estudiar más. Sabía que eso me iba a traer buenas oportunidades”, cuenta.
También considera que Europa es una vitrina para los corredores latinoamericanos y que los estudios pueden facilitar la entrada. “A veces, un máster es la forma de encontrar esa visa y esa puerta de entrada”.
La primera gran recompensa llegó en 2022, cuando terminó segundo en la TDS, una de las pruebas del circuito UTMB. Ese resultado le permitió conseguir su primer contrato de patrocinio internacional con la marca de indumentaria deportiva Kailas Fuga.
Dos años después alcanzó el tercer lugar en el UTMB con un tiempo de 20 horas, 26 minutos y 22 segundos. Fue el primer latinoamericano en subir al podio de la carrera.

En 2025 amplió su palmarés. En abril ganó la Mt. Fuji 100, en Japón, y estableció un récord de 17 horas, 48 minutos y 40 segundos. Meses después terminó en el puesto 13 del Mundial de Trail, disputado en España, en la distancia de 80 kilómetros.
Ecuador participó en ese Mundial con una delegación de más de 30 corredores, que pagaron sus propios gastos para competir. El equipo terminó entre los 15 mejores del mundo.
Las horas más duras del UTMB
López llegó al UTMB de 2026 dispuesto a competir desde el primer kilómetro. Está satisfecho porque se atrevió a buscar la carrera y descubrió una faceta más arriesgada.
“Estoy contento porque lo intenté. Salí a buscar la carrera sin miedo, confiado en que podía estar ahí. Me da mucha alegría ver esa faceta mía, correr con más riesgo y creérmela un poco más”.
Joaquín López, ultraatleta ecuatoriano
La estrategia le permitió mantenerse tercero hasta el kilómetro 130. En ese punto comenzó a sentir un fuerte dolor muscular y se quedó sin energía. Otros corredores se acercaban y él ya no tenía fuerzas para sostener el podio. “Sentía la impotencia de querer aguantar esa posición, intentar que no me pasaran y no tener energía. Fue muy duro mental y físicamente ver cómo se me escapaba el tercer lugar y luego el cuarto”, recuerda.
A la fatiga de las piernas se sumaron los problemas gastrointestinales por tantas horas de consumir geles y alimentos con altas concentraciones de azúcar.
Para continuar, dividió el recorrido en objetivos pequeños. “No pensaba que me faltaban 40 o 50 kilómetros. Pensaba en los diez que faltaban para llegar al siguiente punto de agua. Trataba de dar lo mejor de mí en cada momento y olvidarme un poco del dolor”, explica.
Durante esos kilómetros también pensó en las personas que habían trabajado para llevarlo hasta allí. “Esto no es un deporte individual. Detrás de mí están Darcie, mi esposa, María Vallejo, mi nutricionista y mi psicóloga deportiva. Mi esfuerzo es simplemente una vitrina para todo el trabajo que hemos hecho”.
Una bandera en la última curva
Cuando se acercaba a la meta en Chamonix, la famosa comuna situada en los alpes franceses, López buscó una bandera ecuatoriana entre el público. No la llevó consigo porque, después de 19 horas de carrera, cada gramo cuenta.
La encontró en manos de un desconocido antes de entrar en la última curva y no tuvo tiempo de pedirla. “Prácticamente le arranché la bandera. Para mí era muy importante llegar con ella porque sabía la repercusión que iba a tener. Necesitamos visibilizar nuestro origen en un deporte en el que somos minoría”, cuenta.

Después de cruzar la meta, los organizadores lo llevaron directamente al control antidopaje y no pudo buscar al dueño. “Pensé que la persona se acercaría a pedírmela, pero me llevaron directo a los controles y ya no pude ver a la gente. Tengo la bandera hasta ahora”.
Un mes para recuperarse
Cuatro días después de cruzar la meta, López todavía sentía dolor al caminar. Su cuerpo le pedía comida, hidratación y descanso, aunque no sufrió ninguna lesión grave. “La recuperación es dura. Todavía me duele caminar y se nota que mi cuerpo necesita mucha comida y mucha hidratación".
Calcula que necesitará un mes antes de volver a entrenar y todavía no ha decidido cuál será su próxima competencia. Su intención es prolongar su carrera sin perder el gusto por correr. Uno de sus referentes es el francés Ludovic Pommeret, quien continúa compitiendo al máximo nivel cerca de los 50 años. “Lo admiro porque sigue disfrutando de este deporte como un joven. No quiero que esto se vuelva un trabajo que no me gusta. Para tener esa durabilidad hay que darle descansos al cuerpo y saber cuándo forzar”.
Lo que aprendió como migrante
López volvió a vivir en Ecuador con su esposa en enero de 2026. Su cuerpo tuvo que readaptarse a la altura de Quito, donde mantener la carga de entrenamiento que soportaba en Barcelona le exigía más energía. Allí y con la preparación a distancia con Murphy preparó su regreso al UTMB.
Después de la competencia viajó a Italia para visitar a unos amigos y completar su recuperación. Desde allí cuenta que tiene previsto volver a Ecuador el 14 de septiembre y, por ahora, la pareja quiere permanecer en el país.
Los cinco años en Barcelona transformaron su carrera y también su mirada sobre la migración. Cuando llegó, el costo de vida todavía era asequible. Después, el turismo encareció los arriendos y la alimentación. “Barcelona está un poco colapsada. Los precios subieron muchísimo, sobre todo el arriendo y la alimentación. Se volvió más complejo tener una vida normal”, dice.
Sus relaciones más cercanas fueron con otros ecuatorianos que también habían llegado a estudiar o trabajar. La experiencia le hizo valorar aspectos cotidianos de Ecuador que antes daba por sentados. Habla del acceso al agua, el clima y la posibilidad de comprar alimentos frescos a precios que se pueden pagar. “A veces uno idealiza vivir afuera y no se da cuenta de lo privilegiados que somos en Ecuador con las cosas más simples. Es algo que vale mucho más de lo que le damos valor”, reflexiona.
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