El terremoto de 2016 es
el más fuerte que Ecuador ha enfrentado en los últimos
tiempos. Con una magnitud de 7.8, causó destrucción en la Costa, pero
sobre todo en las provincias de Manabí y Esmeraldas. Según
los conteos oficiales, más de 660 personas murieron, y casi
4.000 edificaciones fueron totalmente destruidas en la zona de
mayor afectación.
El terremoto fue el resultado de los
movimientos de las placas tectónicas ubicadas debajo de
Ecuador. Y aunque el epicentro fue en el mar,
a la altura de Cojimíes, se sintió con muchísima fuerza en
las ciudades cercanas, sobre todo hacia el sur del epicentro.
Este 2026 se cumplen 10 años del terremoto de Pedernales. Y
aunque la
reconstrucción después de la tragedia
inundó el discurso político en ese entonces, es una deuda que se
mantiene.
Los daños que dejó el terremoto de Pedernales fueron la base para
el
discurso de la reconstrucción. El Gobierno de Rafael Correa, en ese entonces en su último año,
impulsó reformas legales para recaudar recursos, e impulsó
un ambicioso plan para levantar a las ciudades más golpeadas en
Manabí y Esmeraldas. Pero la obras
terminaron en investigaciones por corrupción.
Una década después del terremoto, la reconstrucción
tampoco ha llegado desde el ámbito social, y hay personas
que arrastran la tragedia. En Jama, un hombre sigue viviendo en
carpas con sus tres hijos, mientras que en Muisne y Chamanga, en
Esmeraldas, la ayuda nunca llegó por completo.
Aunque han pasado 10 años desde el terremoto de Pedernales,
el riesgo sigue latente. La zona en la que sucedió la tragedia de
2016 es un área con constante monitoreo, pues las placas
tectónicas que están por debajo de Esmeraldas y Manabí
conviven en constante tensión.
Tras todo el tiempo que ha pasado, quienes trabajaron arduamente
en las
labores de rescate de las víctimas del terremoto del 16A
todavía tienen recuerdos vívidos. Aquí sus historias.