El terremoto se llevó su casa en Jama y 10 años después aún vive en una carpa, allí vio crecer a sus hijos

El terremoto se llevó su casa en Jama y 10 años después aún vive en una carpa, allí vio crecer a sus hijos

El 28,2% de los 1,5 millones de manabitas vive en casas con problemas estructurales que no se pueden arreglar. Otro 38,8% habita en viviendas que registran algún tipo de daño.

Jorge Cevallos dentro de la carpa en la que vive, el 16 de marzo de 2026. Fuente: PRIMICIAS

Unos fierros cubiertos con plásticos negros simulan una puerta. Jorge Cevallos abre con dificultad este ingreso y lo que se ve es desolador: una carpa improvisada de unos tres metros de largo por dos de ancho. Este ha sido su hogar, tras el terremoto que destruyó Manabí el 16 de abril de 2016.

El interior parece una vieja tienda de acampar echada a su suerte, con colchones en el piso, entre banderas y afiches de partidos políticos que cumplen la función de paredes; fundas plásticas que hacen las veces de sábanas y un techo de plástico azul raído.

"Esta es mi casita. Aquí me quedé desde el terremoto con mis tres hijos. Busqué ayuda, pero hasta ahora no tengo nada", dice Cevallos con la voz rota.

Como él, otros jameños perdieron sus casas, escuelas, hoteles, hostales y su único centro de salud en el terremoto del 16 de abril de 2016. Jama fue uno de los cantones de Manabí que registró el mayor porcentaje de daños en su infraestructura. El Instituto Geográfico Militar sostiene que hubo averías en el 46% de inmuebles. Y, aunque no debería ser así, hay quienes hasta hoy viven como si no hubiera pasado el tiempo.

Jorge agradece a Dios por estar con vida, pero las imágenes de aquella noche del 16 de abril de 2016 aún rondan en su cabeza. "Ese día estuve en Pedernales en una premiación de fútbol playero. De repente, todo comenzó a moverse. Subí a una loma en un carro y en el camino el chofer gritó: 'Se hundió el carro, se hundió'. Yo me tiré por la ventana".

Cita Destacada - Primicias
“Mire, aquí vivo como un animalito botado. Vivo en la tierra. Vivo hecho un desastre”.

Jorge Cevallos

Habitante de Jama

Jorge Cevallos dentro de la carpa en la que vive, el 16 de marzo de 2026. Fuente: PRIMICIAS

"No alcancé a recoger nada. Todavía tengo colchones viejos porque no tengo dinero para comprar unos nuevos. Ahí duermen mis hijos de 15, 17 y 18 años y no sé hasta cuándo seguiremos así", se lamenta.

A menos de cinco kilómetros, en el barrio Costa Azul, se respira un ambiente melancólico: casas de madera que se pudren por la humedad y el intenso calor, y personas que sobreviven el día a día. 

Los damnificados del terremoto encontraron en este lugar el único espacio para levantarse luego de la tragedia. Jorge Luis Balda es uno de ellos. Llegó a este sector después de vivir tres meses en una carpa junto a su esposa y tres hijos.

“Una fundación nos dio el terreno y la casa, pero el problema es que no están sujetas al suelo y se mueven. Fueron colocadas encima del cemento”, relata.

Desde el interior de su casa muestra las paredes podridas por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. “No se puede hacer mucho porque en Jama no hay trabajo”, se desahoga, sin esperanza.

Luego de 10 años, los damnificados están cansados de deambular de ministerio en ministerio en busca de la anhelada ayuda, que no ha llegado.

Casas en ruinas y déficit habitacional

Las cifras muestran los problemas de vivienda en Manabí. El 38,8% de las 593.145 casas registradas en sus 22 cantones recae en lo que técnicamente se conoce como déficit habitacional cualitativo, según el último Censo de 2022. Esto quiere decir que son viviendas que no se encuentran en las mejores condiciones, pero que pueden ser intervenidas para que sean habitables.

A esto se suma que el 28% se encuentra en una categoría peor, denominada déficit habitacional cuantitativo: casas con problemas estructurales que no se pueden arreglar.

Estos datos superan con gran diferencia al dato nacional, cuyo promedio es de 31,8% de déficit habitacional cuantitativo y de 14,4% de déficit cualitativo.

Además, los datos revelan que el déficit habitacional en Manabí empeoró con el paso del tiempo, pese a los planes y proyectos de reconstrucción implementados durante el correísmo. Según el Censo de 2010, el déficit cualitativo era menor, de 36,2%, aunque el cuantitativo sí era mayor, de 31,9%.

Aun así, hay cantones como Jama y Pedernales que se encuentran en condiciones deterioradas. El Censo de 2022 detalla que el déficit habitacional cuantitativo llega al 38,9% y 42,2% en estas localidades, respectivamente. Mientras que el déficit cualitativo alcanza el 47,5% en Jama y el 36,1% en Pedernales, respectivamente.

En una de esas casas a punto de caer vive Inés Ortiz, de 73 años. Su pequeña vivienda, frente al malecón de Pedernales, apenas quedó en pie tras el terremoto de abril de 2016. "Vino mucha gente a ofrecer ayuda, pero todo quedó ahí. Me decían que tenía que demolerla; si lo hubiese hecho, hoy no tendría dónde vivir porque nunca me ayudaron", narra.

Pese a los serios daños que sufrió su vivienda, Inés decidió quedarse con su familia. “Durante los días siguientes al terremoto, iba a dormir en la casa de mi hija y mi esposo se quedaba cuidando las cosas. No iba a dejar mi casa, así durmiéramos uno encima del otro, porque vivíamos con mis nietos y mi nuera".

La ayuda ofrecida nunca se concretó, cuenta. Lo que queda -dice- es seguir esperando que alguna entidad estatal reubique a su familia. Mientras tanto, debe lidiar con las dificultades que implica que nueve personas residan en una pequeña casa sin agua en una provincia como Manabí donde si bien el hacinamiento cayó a la mitad en 10 años, aún el 9,8% de hogares vive en esa condición.

Manabí es el testimonio vivo de promesas no cumplidas. Luego de 10 años, el escenario sigue siendo una fotografía del pasado: casas en ruinas o a punto de caer, ocupadas por numerosas familias. Víctimas del olvido, como Jorge Cevallos y sus tres hijos, cuyo techo, su carpa plástica, es solo una muestra de cómo el terremoto los marcó para siempre.

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