Manta, entre el olvido de Tarqui y el lujo de Barbasquillo: las dos caras de la reconstrucción

Manta, entre el olvido de Tarqui y el lujo de Barbasquillo: las dos caras de la reconstrucción

Las calles, que fueron el motor comercial de la provincia costera de Manabí, hoy son terrenos baldíos ocupados por la inseguridad. Esta es una radiografía de las promesas rotas de la reconstrucción tras el terremoto del 16 de abril de 2016 y el contraste con los nuevos polos de lujo desarrollados una década después.

Vista general de la zona comercial de la Bahía de Tarqui, en Manta, 10 años después del terremoto del 16 de abril de 2016. Fuente: PRIMICIAS

El edificio esquinero de cuatro pisos está deshabitado, sin ventanas, con la pintura de las paredes descascarada; domina la intersección de la Avenida 109 y la calle 103. En este punto del centro de la parroquia Tarqui, en Manta, el intenso calor sofoca y queda atrapado en ese esqueleto de cemento, volviéndolo más pesado.

Sin dinero para rehabilitarla y sin compradores a la vista, la estructura quedó congelada en el tiempo tras el terremoto del 16 de abril de 2016. Es apenas una cicatriz en Manta: según el Instituto Geográfico Militar, aquel sismo destruyó o afectó 6.391 edificaciones en esa ciudad, puerto marítimo de Manabí.

El edificio abandonado alguna vez fue el popular Comercial Bigote, donde se podía encontrar desde insumos de aseo hasta ropa. Y en sus exteriores, hasta hace una década, se desplegaban parasoles multicolores con puestos ambulantes. Hoy, las calles de la esquina lucen vacías, casi sin tráfico vehicular ni comerciantes.

Justo enfrente operaba la Asociación de Comerciantes Minoristas de la Bahía de Tarqui, cuya sede también colapsó en el sismo. Hoy es un terreno baldío, con hierba crecida y dominado, al caer la noche, por el ruido de los grillos.

Los vecinos evitan caminar por la zona. Donde había vendedores ocupando las aceras, hoy hay indigentes y trabajadoras sexuales. Con los años, la menor presencia comercial y la falta de oportunidades terminaron por ahogar al sector en una crisis de seguridad.

Las bandas criminales que ya operaban en la zona, como Los Choneros, Corvicheros o Gatos Secos, se fortalecieron y encontraron terreno propicio para reclutar a los jóvenes de estos barrios populares, expandiéndose y consolidando su influencia en estas localidades cada vez más vaciadas.

Ese derramamiento de sangre en las calles de Tarqui es el reflejo de una crisis generalizada. En 2025, el año más violento de la historia de Ecuador, Manabí se consolidó como la cuarta provincia más peligrosa del país. Se cometieron 1.271 asesinatos en total; solo en Manta ocurrieron 399 de esos crímenes.

El impacto de esa toma territorial es visible en cada cuadra, donde las casas y locales tienen rejas y la presencia policial es esporádica. Las estadísticas del Ministerio del Interior revelan que la violencia en Tarqui se desbordó al ritmo de su deterioro: mientras que en 2017, un año después del sismo, la parroquia registró un homicidio, esa cifra fue escalando progresivamente hasta alcanzar un pico de 24 asesinatos en 2024.

Un golpe al comercio

Durante décadas, Tarqui se había consolidado como el corazón económico de la clase media en Manabí, un sitio donde el comercio fluía de manera ininterrumpida.

Pilar Fuentes es una sobreviviente del terremoto de 2016. Desde una de las calles del sector recuerda haber visto con desesperación cómo, durante el sismo, las paredes de las casas parecían unirse, mientras el asfalto se agrietaba y las calles se hundían.

Diez años después, la mirada de Pilar Fuentes se pierde en las calles de Tarqui: "Esto era el corazón de Manta y, mire, ahora todo está abandonado. Esto no repunta. Se quedó muerto. Es la gran realidad".

Galo Dávila Vera, presidente de la primera asociación post-terremoto en la zona, recuerda a Tarqui como uno de los pulmones de la economía de la provincia. “Todo estaba concentrado aquí, había mucho empleo las 24 horas, no dormía este sector".

Y es que la recuperación económica tras el terremoto no fue sostenida en el tiempo. En 2016, la actividad provincial tuvo un impulso inicial gracias a los trabajos de reconstrucción, el gasto público y la ayuda humanitaria.

Sin embargo, el empuje se desinfló rápido. Desde 2018 las cifras comenzaron a desplomarse hasta tocar fondo en 2020, asfixiadas además por la pandemia de Covid-19. Recién en 2024 la economía de la provincia logró moverse hacia arriba, generando USD 1.113 millones, aunque a duras penas alcanzó el mismo ritmo que tenía antes de la tragedia.

El comercio, por su parte, sufrió un golpe aún más crudo. Tras el terremoto, este rubro se contrajo de golpe en un 13% y tardó años en salir de los escombros. En su peor momento, en 2020, generó apenas USD 654 millones. Y aunque para 2024 los balances finalmente superaron los USD 1.133 millones, reflejando un crecimiento moderado en el papel, esa bonanza estadística jamás regresó a estas cuadras de Tarqui.

Hoy, 10 años después, esa zona se reactiva únicamente a fin de año, cuando los comerciantes aprovechan los terrenos baldíos para vender monigotes, que son muñecos que tradicionalmente se queman en Ecuador a la medianoche del 31 de diciembre como ritual simbólico para eliminar lo negativo del año pasado.

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El espejismo de cristal y concreto en Barbasquillo

Así lucía el viernes, 10 de abril de 2026, la zona de más alta plusvalía de Manta: Barbasquillo.

A 10 minutos de viaje desde Tarqui, la cara de Manta cambia radicalmente. Atrás queda la maleza crecida sobre terrenos baldíos y las edificaciones vacías del centro de la ciudad y, conforme se avanza al oeste, empieza a dibujarse un rostro urbano de edificaciones modernas, Barbasquillo, zona residencial, turística y de alta plusvalía.

El camino hacia ese nuevo polo, sin embargo, está marcado por las promesas rotas. En la vía Manta-Colisa -un eje vial de cuatro carriles diseñado para rodear el centro y agilizar la llegada al puerto- se esfumaron más de USD 103 millones de los fondos de la reconstrucción.

La obra se priorizó en el plan de reconstrucción, pese a que esta vía no resultó afectada por el terremoto y a esa fecha era transitable.

A lo largo de la ruta, ahora se observan puentes inconclusos que no llevan a ninguna parte; exhiben varillas huérfanas, ya oxidadas por el implacable salitre.

Infraestructura hotelera y de nuevas edificaciones en Barbasquillo, al sur de Manta, el 10 de abril de 2026.

Pero la verdadera vitrina de la nueva Manta asoma más adelante. La muestra innegable de esta modernidad es el Mall del Pacífico, un colosal centro comercial inaugurado en abril de 2017, justo un año después de la tragedia.

A partir de ahí, trazando el rumbo hacia Barbasquillo, el paisaje se inunda de hoteles de lujo con vista al mar, piscinas, spas y gimnasios de primer nivel. Un poco más allá, el centro comercial La Quadra agrupa joyerías y tiendas exclusivas. Justo enfrente, aparece la estructura de un gigantesco edificio de departamentos.

Torres residenciales de alta gama como esa, de más de 20 pisos, se alzan junto a restaurantes de lujo. Siguiendo la ruta hacia San Mateo, la vía está flanqueada por urbanizaciones cerradas, resguardadas por altos muros y bautizadas con nombres rimbombantes.

La construcción fue el sector que más impulso tuvo por la reconstrucción, llegando a representar casi el 20% de la economía de Manabí en 2016. Sin embargo, ese dinamismo fue temporal y, con el descenso de la inversión pública, su importancia fue cayendo a lo largo de los años hasta pesar apenas el 4% del Producto Interno Bruto (PIB) de Manabí en 2024.

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