El antes y después de Portoviejo: cicatrices de hormigón y una regeneración urbana que asfixió al comercio
El antes y después de Portoviejo: cicatrices de hormigón y una regeneración urbana que asfixió al comercio
A casi una década del terremoto de 2016, el centro de la capital manabita es un mosaico de terrenos baldíos y edificios a medio caer. Un millonario proyecto de recuperación, lejos de reactivar la economía, terminó por ahogar a los comerciantes de las tradicionales calles de esta localidad.
Fecha: 16 de abril de 2026
Vista de la calle Francisco de Paula Moreira, en el centro de Portoviejo, zona afectada por el terremoto de 2016. Fuente: PRIMICIAS
En la intersección de la calle Francisco de Paula Moreira y la avenida Chile, en pleno centro de Portoviejo, el peligro y la supervivencia conviven en una misma fachada.
El segundo y tercer piso de la edificación junto al terreno esquinero son un riesgo latente: paredes reventadas, columnas inclinadas, ventanas que ya no existen, bloques expuestos y fierros retorcidos que cuelgan peligrosamente sobre la calle, amenazando con desplomarse en cualquier momento. Varios palos se ubicaron para contener, al menos en algo, una tragedia.
Sin embargo, justo debajo de esas toneladas de ruinas que quedaron del terremoto del 16 de abril de 2016, en la planta baja funcionan varios locales comerciales, como si fuera una dimensión paralela. Resalta una pequeña tienda que ofrece una variedad colorida de juguetes para niños y niñas de todas las edades. Todo se vende por un dólar.
Frente a este escaparate de contrastes se extiende la nueva vereda, producto de la millonaria regeneración urbana: adoquinada, impecable, pero dolorosamente vacía.
Atrás quedó la época en la que esta misma esquina era el pulmón comercial de la capital manabita. Antes de que la tierra temblara, este cruce albergaba edificios de tinte colonial, pero intactos y funcionales. Hoy, esa vitalidad es solo un recuerdo que da la bienvenida a una ciudad atrapada entre sus cicatrices abiertas y el estancamiento.
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La reconstrucción fallida
A pocos kilómetros de la costa manabita, Portoviejo arrastra una agonía silenciosa desde 2016. Caminar hoy por el centro de la capital provincial es transitar a través de promesas incumplidas.
La muestra más clara de este estancamiento crónico late en la intersección de las calles 9 de Octubre y Morales. Allí, donde la urbe solía vibrar con el paso de los transeúntes, hoy se extiende un silencioso terreno baldío.
En ese punto exacto se erigía el imponente edificio de ocho pisos de la Mutualista Pichincha. Su imagen dio la vuelta al mundo tras el terremoto del 16 de abril de 2016, pues la estructura prácticamente se partió por la mitad; aunque los pisos superiores no se vinieron abajo en ese momento, se despegaron de su base y quedaron peligrosamente inclinados hacia la calle, desafiando a la gravedad.
Ese fantasma de hormigón finalmente fue demolido, pero la herida en el paisaje quedó abierta. Al igual que en esa esquina, en varias manzanas de la zona central abundan los huecos llenos de polvo donde antes se levantaban pujantes edificios comerciales. En su lugar, hoy solo resaltan simples casas de una planta o parqueaderos improvisados.
El comercio se reactivó a cuentagotas
La ciudad cambió para siempre a las 18:58 de aquel sábado. Mario Mariscal Valle, periodista y comerciante de 50 años oriundo de la capital manabita, tiene grabado en su memoria ese momento. Mientras lo narra, sus ojos se llenan de lágrimas, su voz se quiebra. Junto a él, su madre en silla de ruedas llora al escucharlo.
Él se encontraba transmitiendo un partido de fútbol entre Liga de Portoviejo y Colón. Al salir a la calle, el pánico ya se había apoderado del entorno: “Nos dimos cuenta de que una piscina prácticamente se había vaciado, la luz se había ido y había gente afuera de la radio corriendo por todos lados”.
Ese terror inicial frente a la fuerza de la naturaleza se transformó, luego de una década, en una lenta agonía económica.
La avenida Chile, que alguna vez fue la arteria principal y el vibrante corazón de las compras en Portoviejo, enfrentó un proceso de reubicación tortuoso y desesperante para sus vendedores tras el colapso.
Las autoridades locales ejecutaron un proyecto de regeneración urbana en nueve manzanas del centro histórico, con una inversión que superó los USD 30 millones.
Pero, al final, resultó en un espejismo de cemento y adoquines: la infraestructura de la zona mejoró, pero irónicamente terminó asfixiando el comercio de la ciudad porque, al final, rediseñó calles sin áreas de estacionamiento y priorizó una ciclovía que hoy luce prácticamente inutilizada. Los moradores creen que espantaron a los pocos compradores que quedaban en una zona otrora comercial, que todavía no logra ponerse de pie.
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