Crecen los llamados al boicot del Mundial, mientras que FIFA y Trump prometen que será una fiesta
Mientras el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el presidente estadounidense, Donald Trump, prometen que el Mundial 2026 será una fiesta, la sombra del boicot se alarga sobre la sede de Estados Unidos.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, durante un evento en Río de Janeiro, el 25 de enero de 2026.
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EFE
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En Europa, el rechazo crece impulsado por la agresiva política migratoria de Washington, mientras que, dentro de Estados Unidos, sectores del Partido Demócrata tachan de hipócrita la organización del Mundial en un clima de creciente hostilidad.
El expresidente de la FIFA, Joseph Blater, fue uno de los últimos en sumarse a la campaña de boicot, cuando sugirió esta semana a los aficionados que se mantengan "lejos de Estados Unidos".
Sus palabras llegaron en medio de un recrudecimiento de la política migratoria del Gobierno estadounidense, que además de haber provocado el arresto y la deportación de miles de personas en el último año, dio lugar a la muerte de dos ciudadanos tiroteados por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en operativos migratorios.
Días antes, el vicepresidente de la Federación Alemana de Fútbol (DFB), Oke Gottlich, se había unido a las críticas contra el Mundial sosteniendo que "la vida de un jugador profesional no vale más que la vida de innumerables personas".
Sin embargo, el presidente de la federación alemana, Bernd Neuendorf, desestimó posteriormente la idea de un boicot al torneo y tachó las declaraciones de su compatriota de "equivocadas".
Posturas contradictorias en Estados Unidos
Las llamadas a un boicot de los aficionados extranjeros no han sido tan evidentes dentro de Estados Unidos, dado el impacto económico que tendría el torneo, pero algunos miembros del Partido Demócrata han criticado el planteamiento de la Administración.
El gobernador de California y firme opositor de Trump, el demócrata Gavin Newsom, ha lamentado que las políticas "caóticas y crueles" del presidente están provocando que el mundo quiera boicotear a su país.
Mientras que el senador demócrata por Maryland, Chris Van Hollen, ha destacado la contradicción de la Administración estadounidense con el Mundial.
"Se supone que la Copa es un momento en el que el mundo se une, deja de lado las diferencias para celebrar el deporte, y si bien simboliza la unión mundial, tenemos a un presidente de Estados Unidos que intenta excluir al mundo, a la gente", afirmó el pasado diciembre.
Por el contrario, desde el seno republicano, destacan el papel del Mundial como motor para el crecimiento económico del país, y niegan que la estricta seguridad vaya a empeorar la experiencia de los fans.
"Demostraremos al mundo que podemos mantener la más estricta seguridad nacional y el control migratorio, al mismo tiempo que ofrecemos una hospitalidad deportiva de primer nivel", dijo el director del Grupo de Trabajo del Mundial, Andrew Giulani, el pasado 21 de enero desde la Casa Blanca.
En el plano futbolístico, el entrenador de la selección estadounidense, el argentino Mauricio Pochettino, evitó posicionarse cuando fue preguntado en una rueda de prensa el jueves sobre las cuestiones extradeportivas ligadas al Mundial, asegurando que sus jugadores y su cuerpo técnico "no son políticos".
El entrenador evitó ofrecer una valoración sobre el alza de los precios de las entradas para los partidos del Mundial, que ha sido otro motivo de queja de los aficionados. La más barata para la final sobrepasa los USD 4.000.
Estados Unidos será sede de 78 de los 104 partidos del Mundial, que se disputará del 11 de junio al 19 de julio. La final tendrá lugar en el MetLife Stadium de Nueva York/Nueva Jersey.
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