De las asistencias récord al caso Balogun: Esto fue lo bueno, lo malo y lo polémico del Mundial 2026
El Mundial de la FIFA 2026 pasará a la historia por muchos motivos. Fue la primera Copa del Mundo con 48 selecciones, la primera organizada conjuntamente por tres países (Estados Unidos, México y Canadá) y una de las más rentables de todos los tiempos.

Donald Trump y Gianni Infantino, durante la final del Mundial, el 19 de julio de 2026.
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AFP
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DESDE NUEVA YORK. El Mundial 2026, que terminó con el título para España en la final ante Argentina en el estadio MetLife de Nueva Jersey, dejó grandes historias deportivas, revelaciones inesperadas e imponentes estadios llenos de aficionados.
Sin embargo, fuera de la cancha también estuvo marcado por decisiones controvertidas, la influencia política y el elevado coste que significó para miles de seguidores asistir a los partidos.
Lo bueno: un Mundial que amplió el mapa del fútbol
La ampliación a 48 selecciones despertó dudas antes del torneo, pero ofreció una de sus mayores virtudes: dio protagonismo a países que rara vez habían tenido la oportunidad de competir en una Copa del Mundo.
Selecciones como Cabo Verde, República Democrática del Congo o Curazao demostraron que la distancia con las potencias se ha reducido. No solo se limitaron a participar, algunas compitieron de igual a igual y protagonizaron sorpresas.
Por ejemplo, Cabo Verde igualó ante España en la fase de grupos, mientras que Congo hizo sufrir a Inglaterra y le complicó más de lo que cualquier aficionado hubiese imaginado.
Entre las historias más emotivas destacó la de Vozinha, el arquero de Cabo Verde de 40 años, quien se convirtió en uno de los símbolos del campeonato gracias a sus actuaciones decisivas.
Su liderazgo y sus atajadas lo transformaron en uno de los grandes protagonistas de un Mundial que confirmó que el fútbol ya no pertenece únicamente a las grandes potencias.

También fue un éxito el ambiente en los estadios. A pesar de las críticas previas, la mayoría de los encuentros registró una gran asistencia y la convivencia entre aficionados de los tres países anfitriones convirtió cada sede en una auténtica celebración multicultural.
La combinación de hinchadas latinoamericanas, europeas, africanas y asiáticas creó una atmósfera difícil de igualar en otros eventos deportivos.
En el aspecto deportivo, el torneo volvió a ofrecer partidos memorables, remontadas inesperadas y una fase de grupos cargada de emoción, confirmando que el aumento de selecciones no redujo el nivel competitivo. Bajo ninguna circunstancia.

Lo malo: un Mundial para pocos bolsillos
Si hubo una crítica prácticamente unánime durante todo el campeonato fue el precio de las entradas.
La FIFA apostó por un sistema de precios dinámicos que hizo que muchas localidades alcanzaran cifras nunca vistas en una Copa del Mundo. Para numerosos aficionados, especialmente aquellos que viajaron desde otros continentes, asistir a varios partidos resultó prácticamente imposible debido al coste de los boletos, el alojamiento y el transporte.
Paradójicamente, mientras el torneo batía récords de ingresos y asistencia, una parte importante de los seguidores denunció que el Mundial se había convertido en un espectáculo cada vez más exclusivo y menos accesible para el aficionado tradicional.
A ello se sumaron las dificultades derivadas del intenso calor en varias sedes estadounidenses, que obligó a introducir pausas de hidratación los 104 encuentros y reabrió el debate sobre la conveniencia de disputar un Mundial durante el verano norteamericano.
Lo polémico: cuando la política entró al campo
El ‘caso Balogun’ fue, entre otros, el episodio más polémico y uno de los más vergonzosos en la historia de los Mundiales de la FIFA.
El delantero estadounidense Folarin Balogun fue expulsado durante la fase de grupos y debía cumplir un partido de sanción.
Pero la FIFA suspendió ese castigo tras aplicar una disposición de su Código Disciplinario. La decisión llegó después de que el presidente estadounidense Donald Trump presione públicamente para que el jugador pudiera disputar los octavos de final. Y lo hizo.

La medida desató una ola de críticas desde diferentes federaciones, exárbitros y analistas, que cuestionaron la independencia de la FIFA frente a las presiones políticas.
De hecho, el propio Balogun reconoció días después que era consciente de que su regreso generaría una enorme controversia y admitió que todo el ruido mediático afectó al ambiente del vestuario estadounidense.
El episodio reabrió el debate sobre la relación entre Gianni Infantino y Donald Trump, especialmente en un Mundial cuya organización dependía en gran medida de Estados Unidos.
La presencia de numerosos líderes políticos en la final reforzó la sensación de que el torneo había trascendido el ámbito deportivo para convertirse también en un escenario de influencia internacional.
Además del caso Balogun, tampoco faltaron las críticas hacia algunas decisiones arbitrales apoyadas por la tecnología y hacia la gestión disciplinaria de la FIFA, asuntos que alimentaron el debate durante gran parte del campeonato.

Un Mundial inolvidable por razones muy distintas
El Mundial de 2026 será recordado como un torneo de contrastes. En la cancha dejó nuevas historias para el fútbol y a España como campeón, confirmó el crecimiento de selecciones emergentes y regaló un ambiente espectacular en unos estadios repletos de aficionados.
Pero fuera de los estadios también evidenció los desafíos que acompañan al fútbol moderno: entradas prohibitivas, decisiones disciplinarias cuestionadas, la influencia política y una FIFA cada vez más orientada al negocio.
Lo cierto es que el Mundial 2026 volvió a demostrar que el fútbol sigue siendo capaz de emocionar como ningún otro deporte, aunque también dejó claro que el mayor espectáculo del planeta no está exento de controversias que trascienden los 90 minutos.
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