La Tri y el caos táctico de Beccacece, las razones del doloroso adiós de Ecuador del Mundial
El laboratorio de Sebastián Beccacece terminó por colapsar a Ecuador. Las constantes improvisaciones y la falta de laterales de oficio desnudaron a una Tri que pagó caro su crisis.

Los jugadores ecuatorianos lloran en el centro del campo del estadio Azteca tras ser eliminados por México, en la Copa del Mundo.
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Felipe Larrea desde Ciudad de México / PRIMICIAS
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DESDE CIUDAD DE MÉXICO El debut de Yaimar Medina (22 años) en el hostil escenario del Estadio Azteca desnudó la problemática de fondo de la Selección de Ecuador. El juvenil ingresó para ocupar el rol de lateral zurdo en una reestructuración que desplazó a Piero Hincapié a la zaga central, movió a Ángelo Preciado a la derecha y sacrificó a Alan Franco y Joel Ordóñez. Un auténtico "efecto dominó".
La banda derecha había sido una zona de libre tránsito. Julián Quiñones castigó constantemente la espalda de un Alan Franco reconvertido e incómodo en la marca, obligando a la variante posicional de Preciado, un lateral con más oficio y conocedor de los secretos del
Este pasaje del partido sintetiza el desbarajuste táctico que arrastró Ecuador a lo largo de la Copa del Mundo. Sebastián Beccacece entró en una espiral de dudas, modificaciones a lo largo de la campaña. La banda izquierda, en particular, mutó de solución a un dolor de cabeza crónico para el estratega.
Las continuas modificaciones por el sector izquierdo
En los cuatro encuentros disputados, la estructura por izquierda jamás repitió nombres ni funciones:
Hincapié ejerció de lateral contenido ante Costa de Marfil, Alemania y México.
Ante Curazao, el dibujo mutó a una línea de tres centrales, con Pervis Estupiñán como carrilero de proyección.

La inconsistencia también afectó el bloque ofensivo. Alan Minda arrancó como extremo titular en los dos primeros cotejos; luego, ante los germanos, el puesto fue para Nilson Angulo, quien brilló con un golazo. Sin embargo, 'Pepo' no logró replicar esa actuación consagratoria ante México en los dieciseisavos de final, donde naufragó junto al resto del colectivo.
Ecuador alternó entre dos sistemas base: el 1-4-4-2 rígido y un agresivo 1-3-5-2 ensayado en Kansas. La factura más alta se pagó ante México: prescindir de laterales de oficio específicos dejó expuestos a Franco e Hincapié ante la velocidad de Quiñones y Alvarado. Un error conceptual que selló el triste adiós de La Tricolor del certamen.
El ciclo de Sebastián Beccacece al frente de la Selección ecuatoriana, que apenas duró dos años, concluye con una gran paradoja: en su afán de ser un equipo versátil y camaleónico, terminó por desdibujar las certezas que este grupo ya tenía asimiladas.
La riqueza táctica no consiste en cambiar de esquema cada 90 minutos, sino en potenciar las virtudes del futbolista dentro de un ecosistema reconocible. Beccacece buscó la perfección en la pizarra, pero en el camino llenó de dudas la cabeza de sus jugadores. Su salida deja una lección indiscutible para el futuro de La Tri: la identidad no se negocia en función del rival, se construye desde bases propias.
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