Búzios, el paraíso secreto de Brigitte Bardot donde la diva sigue presente
Brigitte Bardot falleció el pasado 28 de diciembre en Francia; pero sigue presente en Búzios, Brasil, un paraíso que la diva francesa descubrió en los años 60 y puso en el mapa del turismo mundial.

Composición gráfica del destino turístico Búzios, en Brasil, y de la fallecida actriz y activista Brigitte Bardot.
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AFP
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Ícono del cine, símbolo sensual del siglo XX, activista por los derechos de los animales y también descubridora de paraísos turísticos. Brigitte Bardot falleció, pero su paso por la Tierra dejó grandes huellas.
Lo saben bien en Búzios, Brasil, un pequeño pueblo de pescadores que se convirtió en un destino de viajes global gracias a la diva francesa. "Donde fui más feliz", dijo Brigitte Bardott sobre esta playa a 180 kilómetros de Río de Janeiro.
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Era 1964, Brigitte Bardott estaba en la cima de su carrera, paparazzis y fans la reconocían en Europa y en Estados Unidos, así que ella encontró en Búzios su "paraíso secreto". Hoy es un destino turístico top de Brasil, pero entonces solo era un remoto pueblito de pescadores con arena delicada y aguas cristalinas.

"Como acá no había cine, ella era una rubia linda pero nadie sabía que era famosa ni un súper símbolo", recuerda Marcela Mayol, de 92 años, dueña de la vivienda que alojó a Bardot en aquella época. El cuarto donde se refugió la actriz se mantiene intacto.
Brigitte Bardott se refugió dos temporadas en Búzios cuando el turismo aún no existía en esta zona. Luego, la prensa de la época bautizó al lugar como "el paraíso secreto de Bardot", que sacó del anonimato al pueblo -hoy ciudad- y quedó para siempre asociada a él.

"Brigitte Bardot puso a Búzios en el mapa", dice el argentino Mario Paz (74), dueño del Gran Cine Bardot en Búzios. "Hoy es una musa inspiradora de nombres de restaurantes, posadas, barcos, hamburguesas: está en todas partes", dice.
La diva francesa murió el pasado 28 de diciembre, a los 91 años, en la comuna francesa de Saint-Tropez, otro glamoroso balneario que ella eligió como su lugar en el mundo y donde este miércoles 7 de enero de 2026 serán sus funerales.
"Un caos total"
Con peluca negra para que no la reconocieran, Bardot aterrizó en Rio el 7 de enero de 1964. Quería un tiempo de relax en un piso frente a la playa de Copacabana que le habían prestado a su novio Bob Zagury, un basquetbolista marroquino-francés que había jugado en Brasil.

Pero pronto descubrió que la prensa y el público la codiciaban incluso al otro lado del océano.
"Durante cuatro días, la avenida Atlántica (de Copacabana) quedó intransitable: curiosos observando, periodistas acampando, fue un caos total", dice José Wilson (74), creador de un archivo sobre Bardot en Búzios.
La actriz estaba en el pico de su carrera, acababa de protagonizar 'El desprecio' de Jean-Luc Godard y necesitaba la paz que no encontraba en Europa.
De la mano de Zagury, escapó hacia Búzios, donde su novio tenía algunos amigos.
"Donde fui más feliz"
"Fue en este pequeño pueblo perdido y desconocido donde fui más feliz", escribió Bardot en 2014, en una carta a un festival de cine en Búzios.

Huésped de una casa prestada, se despertaba al mediodía, tomaba sol desnuda en su jardín, comía pescado en la playa, jugaba con los niños locales, emprendía caminatas.
Los periodistas la dejaron relativamente tranquila y Bardot los mantuvo a raya entregando imágenes de sus vacaciones tomadas por un fotógrafo propio.
Búzios la conquistó: regresó con Zagury en diciembre de 1964, esta vez para pasar el fin de año en la casa de Mayol y su entonces marido, amigos de su novio.
"Para Navidad compré un chancho y Brigitte me dijo: 'Ni se te ocurra que lo vamos a comer', y después andaba de acá para allá con el chancho", se sonríe la argentina Mayol.
Años más tarde, Bardot dejó su carrera para dedicarse a militar por los derechos animales.
En Búzios hay una estatua de Brigitte Bardot
Seis décadas después de los viajes de Brigitte Bardot (BB), la ciudad es un polo turístico internacional donde viven unas 40 mil personas y llegan cientos de miles de visitantes por año a sus más de 20 playas.

Hoy la diva francesa es una marca de Búzios. Una estatua de bronce la homenajea en una zona conocida como paseo marítimo Bardot.
"A ella no le agradó mucho, reclamó porque nadie le pidió permiso", dice la escultora Christina Motta (81), autora de la obra.
Con una oferta para todos los gustos de hoteles, diversión y comercios, muchos regenteados por extranjeros y en particular por argentinos, Búzios ya no se parece al refugio perdido de Brigitte.
Según Wilson, "el mundo giró el foco hacia esta península salvaje y virgen y nunca más paró de llegar gente".
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