Daniel Chong, el nombre propio de una marca en Madrid que esconde varias historias de migración
El diseñador ecuatoriano creó una marca de bolsos, mochilas y ropa con su mismo nombre. Factura más de 2 millones de dólares, tiene cinco tiendas en Madrid, una en Barcelona, y tres fábricas en Elche, Ubrique y Pamplona. Criado en Guayaquil, encontró en España su mundo, en el que ahora se codea con grandes nombres en el calendario de la Semana de la Moda de Madrid.

Daniel Chong ha creado una marca sólida de bolsos, mochilas y ropa en España. También vende online en Chile y planea abrir sus ventas en Ecuador, su país natal.
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Soraya Constante
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MADRID. El nombre de Daniel Chong brilla en Madrid. Está en escaparates, en pasarelas, en el calendario oficial de la Semana de la Moda de Madrid. En marzo volverá a desfilar con la colección Working Class (clase obrera), atravesada por la idea de clase, oficio y trabajo manual. Su apellido aparece junto al de Agatha Ruiz de la Prada, Modesto Lomba, Hannibal Laguna o Maya Hansen, dentro de la Asociación de Creadores de Moda de España. Lo que casi nadie ve es lo que hay debajo de esa etiqueta. No se conocen las historias de migración, de huida y de supervivencia que sostienen la marca.
Detrás de Daniel Chong hay varias huidas. La de su familia paterna, que escapó de la China comunista en los años cincuenta y se instaló en Guayaquil. La de su madre, Maritza, que emigró a España en el año 2000. Y la suya propia, marcada desde muy temprano por la necesidad de irse. “Yo de Ecuador me he querido ir desde que tengo uso de razón. Yo creo también que fue por el tema de mi sexualidad”, dice el diseñador de 41 años, que no tiene reparo en hablar de su homosexualidad. “Yo no podía ser abiertamente quién soy allí. Entonces, ¿para qué? ¿Para qué sufrir?”.
Antes de llegar a Europa pasó por Argentina, un país decisivo en su biografía. Allí terminó de formarse y de construirse a sí mismo. Estudió Comunicación Audiovisual en Buenos Aires por una mezcla de pragmatismo y necesidad. “Como mi mamá me estaba ayudando con la universidad en Guayaquil, le dije ‘mira, es lo mismo. Me envías el dinero y yo ya me busco la vida en Argentina’”, recuerda que le planteó a su madre.
A España llegó en 2011, primero a Pamplona, luego a Madrid. En Pamplona ya vivían su madre y su hermana, y allí se quedó durante casi cinco años. No fue una ciudad de paso, fue un punto de apoyo. Se instaló en la ciudad navarra y convirtió el taller de confección de su madre en su base de operaciones. En ese espacio fue donde realmente le dio forma a su proyecto de moda, donde la idea que traía de Argentina se volvió objeto. Allí diseñó y cosió sus primeros bolsos y mochilas, no sin chocar con la incredulidad materna. “No me creo que estés cosiendo, te pago la carrera para esto”, recuerda que le decía su mamá.
La falta de dinero marcó también la estética. Su producto más exitoso, la mochila Slim, de la que ha vendido 100.000 unidades, nació de esa escasez. “Yo no tenía dinero para comprar materiales, entonces lo que hacía era robar los retales a mi madre”, cuenta. Cosía con lo que sobraba en el taller y cada pieza salía distinta. “Por eso los bolsillos son de un color, la base era de otro color, la tela de otro color”. Lo que empezó como una carencia terminó siendo identidad. Si no fuera así, dice, se aburriría de usar siempre lo mismo.

La marca había nacido en Argentina bajo el nombre Chong Bags, pero se consolidó en España y decidió llevar su nombre completo como un gesto de afirmación. “Lo que más me ha costado aquí de encajar es que la gente piensa que los bolsos están hechos en China o que están fabricados fuera y están hechos aquí”. El crecimiento fue abrupto. Durante la pandemia pasó de facturar 275.000 euros (USD 323.500) en 2019 a rozar hoy los dos millones (USD 2,3 millones). Tiene cinco tiendas en Madrid, una en Barcelona, y tres fábricas en Elche, Ubrique y Pamplona, donde su hermana está a cargo.
La marca vende en Chile de forma online y tuvo una tienda en Miami que cerró por el aumento de aranceles. Ahora prepara su entrada en Ecuador de la mano de una conocida. “Es un producto que puede gustar mucho”, confía.
La huella de Ecuador en su vida
Su relación con Ecuador sigue siendo distante, atravesada por la memoria de lo que no pudo ser, pero también porque falleció el último vínculo familiar que lo unía al país: su padre. No quiere volver, pero reconoce lo que el país le ha dado. “Yo si algo valoro del ecuatoriano es que es súper trabajador. Para mí es súper currante y muy creativo”, señala. Además, reconoce que el ecuatoriano no teme fracasar y que eso le ha marcado. “Yo creo que eso es lo que más me ha dado el ser de allí, no tenerle miedo al fracaso”.
"No hay ecuatoriano que no sea emprendedor, creo que todo el mundo, aunque sea un puesto de comida, pero algo se monta”.
Daniel Chong, creador de Chong Bags
De vuelta a la conversación sobre moda y a su marca, Chong toma partido. “Yo creo que la moda siempre tiene que ser política, siempre tiene que ser reivindicativa”. Y lo dice sin rodeos. “Ser sostenible es una idea política, ser diversos es política para mí”. Trabaja con botellas de plástico recicladas y monomateriales pensados para volver al circuito del reciclaje.

La costura, en realidad, nunca fue un descubrimiento tardío. Su madre hacía uniformes escolares y de cheerleaders en Ecuador y él creció entre máquinas. “Le pasaba la remalladora, le ayudaba, cosía botones”, cuenta.
Su madre sigue ahí. Ya jubilada, pero lejos de desaparecer del relato. En uno de los videos que acompañan el lanzamiento de Working Class, Daniel la coloca en el centro de la escena. La viste como una ejecutiva salida de El diablo viste de Prada. Negro absoluto, abrigo rojo, gafas oscuras. Camina junto a modelos que llevan monos reflectantes de obrero, prendas pensadas para trabajar, no para adornar. “Mi madre fue reina de Vinces”, dice mientras muestra el video en su móvil.
La imagen funciona como un resumen de vida sin palabras. La migración, el taller, el trabajo manual, la ambición conviven en el mismo plano. La mujer que cosía uniformes en Ecuador camina ahora por una pasarela simbólica, dentro de una marca que factura millones y desfila en Madrid. Working Class no es solo una colección nueva. Es la forma que encontró Daniel Chong de contar su propia historia.
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