Darío Castro, el líder de Verde 70: la vida del músico ecuatoriano que eligió Madrid para seguir creando
Verde 70 ahora funciona como una banda que es un proyecto en movimiento desde la capital española. El artista ecuatoriano también gestiona desde Madrid, Radar Music, un sello independiente con el que busca sacar figuras. En Ecuador, dice, hay talento sin plataforma, dinero que existe, pero que no se invierte en posibilidades artísticas.

Darío Castro, el líder de Verde 70, está radicado en Madrid, desde donde desarrolla proyectos creativos.
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Edu León
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MADRID. El cantante ecuatoriano Darío Castro, líder de Verde 70, es hoy un vecino más del llamado “Brooklyn madrileño”, un barrio bautizado así por su ubicación al otro lado de un puente —el Puente de Segovia— respecto al centro, una geografía que recuerda a la separación entre Brooklyn y Manhattan. Vive en Madrid desde hace dos años, aunque evita la etiqueta de migrante y prefiere definirse como nómada. Su recorrido lo ha llevado de Ecuador a México y ahora a España, en un trayecto marcado tanto por decisiones personales como por la insistencia de su esposa, Lisa María, también vocalista y parte de Verde 70, quien tenía papeles italianos y facilitó la migración.
Vestido de negro, señal persistente de su espíritu rockero, abre las puertas de su casa y, con su gata Gala como testigo silencioso, cuenta que Madrid se ha convertido en una base desde la que busca expandir su trabajo creativo. Explica que Verde 70 ya no funciona como una banda anclada a un solo territorio, sino como un proyecto en movimiento. “La banda hoy tiene un pie en Quito y otro pie en Madrid”, señala. Ese desdoblamiento geográfico redefinió también la forma de trabajar. Ahora priorizan giras concentradas, una o dos veces al año, pensadas para sostener el proyecto sin agotarlo.
Desde la capital española, el compositor gestiona además Radar Music, el sello independiente que lleva junto a su hermano y su esposa, una trinchera creativa que lo mantiene conectado con Ecuador. La conversación deriva inevitablemente en el panorama cultural de su país. “Ecuador es un hervidero de artistas, pero el bemol de todo eso es la poca industria que tenemos”, dice. Habla de talento sin plataforma, de dinero que existe pero que no se invierte. “Faltan estímulos públicos en la parte cultural”, resume, convencido de que hay una escena contemporánea, urbana y autoral que aún no se conoce fuera del país.
Verde 70, por ejemplo, sigue en activo. A pesar de cargar con una discografía que marcó a toda una generación, el fundador del grupo insiste en que el proyecto no vive de la nostalgia. Anuncia que en breve presentarán Fulgor, su nuevo álbum, grabado entre Nueva York y Madrid, una prueba de que la banda continúa en movimiento.
En busca de otros lenguajes
El artista revela también que desde hace un año estudia pintura en talleres madrileños, retomando un interés que viene de antes, de cuando estudió arquitectura. No se trata de un desvío creativo, sino de otra forma de pensar el tiempo, el proceso y la disciplina, mientras la música sigue siendo el eje de su vida.
La calma que hoy describe no llegó sola ni rápido. El autor habla de los excesos del pasado y del golpe que implica salir del anonimato siendo joven. “Te marea tanto que pierdes el piso y el rock and roll es fuerte”, confiesa. Quizá por eso ahora busca otros lenguajes expresivos y una relación más consciente con su oficio.
Aunque no siempre lo refleje de manera directa en sus canciones, al frontman de Verde 70 le preocupa el rumbo político global y lo que define como una “cultura del reality” aplicada al poder. “Estamos gobernados por gente como Trump, Musk o Milei”, dice, y advierte sobre la desinformación: “Nos cuesta discernir qué es verdadero y qué es falso”. En sus conciertos suele lanzar mensajes políticos y enumera con claridad aquello a lo que se opone la banda ecuatoriana: “Verde 70 está en contra de los discursos de odio, del racismo, del prejuicio contra el tono de piel, del clasismo, de la homofobia y de la xenofobia”.
Este 2026, el creador quiteño continuará con la gira en solitario por sus 25 años en la escena musical, y en marzo actuará en Madrid y en Barcelona, en dos salas emblemáticas: Café Berlín y Sala Sauvage, respectivamente. Lo acompañan músicos locales —vecinos suyos e integrantes de otras bandas— con quienes cruza su repertorio personal y el cancionero de Verde 70 en escenarios madrileños.

Entre puentes, husos horarios y canciones que siguen viajando, uno de los referentes del rock ecuatoriano busca que su obra —y la de toda una generación— se escuche más allá de los clichés, demostrando desde Madrid que Ecuador también suena a rock.
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