Bajo el agua y entre basura | Así se vive el invierno en Durán
Aunque el nivel del agua en las calles comenzó a descender este martes, en sectores como El Recreo la humedad, el hedor y las pérdidas económicas siguen marcando la rutina de los vecinos.

En sectores como El Recreo, los vecinos deben convivir con montículos de basura que, tras las lluvias, terminan dispersos en las calles, el 24 de febrero de 2026.
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El agua ya no cubre las calles del cantón Durán como el 23 de febrero. Ha bajado lo suficiente para que algunos vecinos vuelvan a salir sin que les llegue a la cintura. Pero el invierno no se ha ido. En varias calles de El Recreo y la cooperativa 28 de Mayo todavía hay charcos estancados, basura acumulada y un olor espeso que se mezcla con el calor de la mañana.
En un terreno baldío, donde los vecinos dejan las fundas negras esperando que el carro recolector pase, María observa cómo la basura se desplaza con cada corriente mínima que aún recorre la calle.
En su casa, cuenta, las paredes ya presentan manchas oscuras. “Estamos llenos de hongos por tanta humedad. El agua baja, pero la humedad se queda”, dice mientras vacía su tacho de basura.
Relata que, cuando llueve fuerte, las bolsas de basura se levantan y flotan calle abajo.
“La basura se va por toda la calle y después se queda ahí mismo. El olor… uno ya se acostumbra, pero es feo. Es agua sucia, hedionda”.
María, habitante de Durán.
María no grita ni reclama. Habla con una calma resignada. Sabe que el invierno volverá el próximo año. “Siempre pasa. Sabemos que va a pasar, pero no podemos hacer nada”.

Negocios afectados y pérdidas económicas
A varias cuadras de ahí, en la cooperativa 28 de Mayo, Rosa sostiene una escoba mientras empuja el agua que todavía se acumula frente a su tienda de abarrotes. Hoy logró abrir. Los días anteriores no pudo.
“El agua pasó la vereda y entró al local”, cuenta. Perdió sacos de arroz y papas que tenía a ras de suelo. También sufrió cortocircuitos por la humedad. Durante cuatro días no vendió nada.
“Uno vive del día a día. Si no abrimos, no entra nada”, dice mientras continúa barriendo, intentando que el agua avance hacia la cuneta.
Aunque el nivel bajó, las pérdidas ya están hechas. Algunos productos se dañaron. Otros clientes aún no regresan porque varias calles siguen anegadas.
Según informó el Municipio de Durán, entre el 20 y el 21 de febrero cayeron hasta 144 milímetros de lluvia, una cantidad equivalente a un mes de precipitaciones normales en el cantón. Para los vecinos, esa cifra se traduce en días enteros bajo el agua.
Invierno en Durán: entre la resignación y la incertidumbre
En la cuarta etapa de El Recreo, Luis describe la escena de los últimos días como algo que ya forma parte del calendario del barrio.
“Es terrible, pero es previsible”, afirma. Dice que las lluvias paralizan la rutina: niños que no van a clases, personas que no salen a trabajar, motociclistas empujando sus vehículos dañados, carros varados y negocios cerrados.
“Son cosas de la naturaleza”, agrega, aunque admite que cada año la historia se repite. “Vemos lo mismo: gente con botas, otros resignados que caminan sin zapatos porque ya da lo mismo”.
Este martes 24 de febrero el agua ya no está “al cuello”, pero la marca del invierno sigue presente en las paredes húmedas, en la basura acumulada y en el cansancio visible de los vecinos.
Durán arrastra además otros problemas estructurales: violencia criminal, cuestionamientos a la gestión municipal y denuncias de corrupción. Para muchos moradores, la temporada invernal es un golpe adicional en un cantón que, aseguran, ya vive bajo presión constante.
Mientras algunas calles recuperan lentamente su tránsito habitual, en otras el agua aún permanece. Y aunque el sol se impone por momentos, la incertidumbre persiste: basta otra lluvia intensa para que el agua vuelva a subir.
En Durán, el invierno no solo inunda calles. También interrumpe rutinas, deteriora viviendas y obliga a convivir con condiciones que, año tras año, parecen inevitables.
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