“Le abrí mi hogar a una niña abandonada en el hospital, pero la perdí seis meses después” | El drama de los menores de edad que crecen en casas de salud de Guayaquil
Luciana, una recién nacida, completó cuatro meses abandonada en el Hospital del Niño de Guayaquil, en un patrón que se repite en las salas de pediatría. Un médico rompió los límites de su profesión y se convirtió en padre sustituto.

Kexia pasea junto a su perro Facundo. La niña pasó dos años abandonada en el hospital del Niño de Guayaquil hasta que fue acogida en casa de Iván Olalla, nefrólogo pediatra. La pequeña con insuficiencia renal crónica murió a los 8 años en julio de 2022.
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En su casa, el doctor Iván Olalla conserva intacta la habitación y las fotografías de Kezia Damaris, la niña de 8 años que le transformó la vida y le permitió conocer lo que significa ser padre, dice. La historia de este nefrólogo pediatra refleja el desgarrador drama humano detrás del abandono de menores de edad en las casas de salud de Guayaquil.
Olalla, responsable del área de Nefrología Pediátrica en el Hospital de Niños Dr. Francisco de Icaza Bustamante de Guayaquil, decidió abrirle las puertas de su hogar a la niña, una paciente con una enfermedad catastrófica que vivió dos años abandonada en el hospital, refiere.
Kezia, quien padecía insuficiencia renal crónica, falleció en julio de 2022. Estuvo los últimos seis meses de su vida en casa del médico. Tuvieron un perro, “Facundo”, un golden retriever. Y en su tiempo juntos la niña pudo experimentar una infancia fuera de los muros y el entorno viciado de un hospital, dice el médico.
El testimonio de Olalla toma relevancia tras la atención y las muestras de solidaridad ciudadana que ha despertado el caso de Luciana, una recién nacida, abandonada también en el Hospital del Niño de Guayaquil, el único hogar que ha conocido en sus cuatro meses de vida.
En los últimos dos años, al menos cinco menores de edad han sido abandonados en ese hospital de la red pública, que se convierte en un hogar sustituto improvisado por meses o incluso años para bebés y niños sin tutores responsables.
De "hija de todos" en el hospital a un hogar real
La historia de Kexia comenzó en 2018, cuando ingresó al hospital acompañada de su abuela debido a una enfermedad renal crónica que requería diálisis peritoneal diaria. La niña vivía en extrema pobreza, su madre la abandonó y su abuela carecía de los conocimientos y recursos para realizar la diálisis en casa.
La Junta Cantonal de Protección de Derechos, con la ratificación de un juez, determinó que permaneciera internada en el hospital al no contar con una vivienda que reuniera las condiciones mínimas para el tratamiento. La abuela de la niña también terminó por abandonarla tras la decisión judicial, cuenta Olalla.
Kezia pasó dos años viviendo en el hospital. En ese tiempo, se convirtió en parte de la vida diaria del personal. Las enfermeras de turno hacían de madres sustitutas y el personal médico de su familia. Incluso la inscribieron en el programa de aulas escolares del hospital para que aprendiera a leer y escribir
“Pasó a ser parte de nuestra vida diaria. Se consiguió un permiso para sacarla a pasear y que no esté todo el tiempo encerrada, pero no me cabía en la cabeza que viviera en el hospital".
Iván Olalla, padre de acogida de Kezia.
Olalla decidió iniciar junto a la organización Aldeas Infantiles SOS un proceso de acogida monoparental, dado lo complejo de un trámite de adopción ordinario.
Tras superar pruebas psicológicas y realizar un curso para ser declarado idóneo, el médico adaptó una habitación de su vivienda con los equipos necesarios para realizarle a la niña las diálisis que se extendían toda la noche. Un juez le otorgó la custodia temporal como padre de acogida.

Una vida fuera del hospital
- La niña experimentó por primera vez el sentido de pertenencia a una familia, dice Olalla: tuvo “su primer día de clases en una escuela particular cercana, vistió su uniforme, usó su mochila, salíamos a pasear con Facundo” -un perro que hoy la sobrevive-.
- “Como toda niña era inquieta, a ratos resabiada, no quería hacerse las diálisis; le gustaba bailar y grabar videos de TikTok”, recuerda el médico, quien por momentos rompe a llorar. "Tenía el más noble de los corazones".
- La salud de Kexia, debilitada por un síndrome genético, se iba deteriorando con el tiempo. El 4 de julio de 2022, la pequeña falleció. “Le abrí mi hogar, pero la perdí luego de seis meses”, resume. Su madre biológica nunca apareció. Y ningún pariente asistió a despedirse a su funeral.
“Me quedé con la sensación de que hice algo, pero también de que pude haber hecho más. La vida tenía otros planes".
Iván Olalla, padre de acogida de Kezia.
Menores que crecen en hospitales
El caso de Kezia ilustra la realidad de menores abandonados que se convierten involuntariamente en lo que el personal describe con amargura como "activos fijos". Angélica, exfuncionaria del Hospital Francisco de Icaza, relata que durante su tiempo de servicio conoció casos alarmantes.
“Había una niña de unos 4 o 5 años que era la 'hija de todos'. Le decía papá y mamá a cualquier persona con uniforme porque no conocía otro entorno”, comenta la exfuncionaria -quien prefiere ser identificada solo como Angélica-. Alerta del riesgo de que niños sanos contraigan infecciones intrahospitalarias.
Angélica, quien tiene cuatro hijos, también vivió un doloroso proceso administrativo al intentar convertirse en hogar temporal para Julito, un bebé de un mes -ingresado en 2022- debido a un síndrome de abstinencia neonatal causado por el consumo de drogas de su madre, una mujer en situación de calle.

Tras encariñarse con el bebé, cuidarlo a diario y costear leche para problemas gástricos, Angélica inició el papeleo con Aldeas Infantiles SOS, organización que media y acompaña el proceso de acogida de estos niños en familias dispuestas a brindar cuidado temporal -luego se puede acceder a su adopción-.
Sin embargo, la renuncia a su cargo y discrepancias con la entonces gerencia del hospital resultaron en el bloqueo de sus visitas y en el traslado intempestivo del bebé -quien llevaba siete meses internado- a un orfanato de Guayaquil, cuenta.
El principal obstáculo para que estos menores accedan a un hogar es la naturaleza del abandono infantil, tipificado como un delito en el Código Orgánico Integral Penal (COIP), sancionado con penas de uno a tres años de prisión
Cada posible caso de abandono debe ser investigado por la Fiscalía. La Junta de Derechos debe intentar localizar a los parientes biológicos de la red familiar ampliada antes de pasar al niño a un orfanato o de declararlo en situación de adoptabilidad, lo que condiciona su larga estancia en los hospitales.
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