5 mitos sobre los gatos que vale la pena dejar atrás
Aunque conviven a diario con las personas, los gatos siguen siendo uno de los animales más incomprendidos. Muchas de las ideas que se repiten sobre los gatos no solo distorsionan su comportamiento, sino que pueden afectar directamente su salud y bienestar.

Un gato disfrutando de la tranquilidad
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Freepik
Autor:
Redacción Comercial
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Independientes, misteriosos o difíciles. Durante años, estas etiquetas han acompañado la imagen del gato. Sin embargo, gran parte de lo que se cree sobre su carácter y comportamiento responde más a percepciones culturales que a su verdadera naturaleza.
Revisar los siguientes mitos no es solo una cuestión de convivencia, sino también de salud. Interpretar mal sus señales puede retrasar la detección de estrés, dolor o incluso enfermedad.
1. "Los gatos no se encariñan con las personas”
Aunque no siempre demuestran afecto de forma efusiva, muchos establecen vínculos profundos con su entorno humano. Cuando se asume que “no sienten”, se pueden pasar por alto cambios emocionales que impactan en su salud, como ansiedad por separación o alteraciones del comportamiento.
2. “Si un gato se porta mal, es por capricho”
Cambios como maullidos constantes, agresividad repentina o dejar de usar el arenero suelen ser señales de alerta. Pueden estar asociados a estrés, dolor o incluso problemas urinarios, frecuentes en gatos domésticos.
Interpretarlos como “mala actitud” puede impedir que se identifique lo que realmente le ocurre.
3. “El ronroneo siempre significa felicidad”
Si bien el ronroneo principalmente indica bienestar, placer, relajación o satisfacción, y es común cuando el gato está cómodo o recibe caricias, también puede ser un mecanismo de autorregulación para reducir la irritabilidad o el miedo, e incluso una forma de pedir comida o atención. Es una señal de comunicación multifuncional, utilizada desde las primeras semanas de vida por los cachorros para interactuar con su madre.
4. “Los gatos no se pueden educar”
Lejos de ser imposibles de entrenar, los gatos pueden aprender hábitos cuando el entorno es coherente y adecuado. No responden a la imposición, pero sí a la constancia y a la motivación adecuada.
5. “Los gatos son animales solitarios”
Aunque valoran su espacio, no necesariamente buscan aislamiento. Pueden convivir con otros animales y personas si cuentan con un ambiente equilibrado. Más que soledad, necesitan control sobre su territorio y tiempos propios.
Muchos de los mitos que rodean a los gatos parecen inofensivos, pero pueden tener consecuencias reales en su bienestar físico y emocional. Entender sus señales, respetar su naturaleza y atender cambios de comportamiento no solo mejora la convivencia: también protege su salud.
En ese equilibrio, la alimentación cumple un rol clave. Los gatos son carnívoros estrictos y requieren una dieta formulada para cubrir sus necesidades específicas según edad, peso y condición médica. Una nutrición adecuada, junto con estimulación, controles veterinarios y un escenario estable, forma parte de una salud integral.
Derribar mitos es el primer paso; cuidar su alimentación y su espacio es la forma concreta de garantizarles calidad de vida.
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