¿Trump será el presidente de Estados Unidos que consiga acabar con la Revolución Cubana?
La Revolución Cubana afronta su momento de máximo peligro debido a la aguda crisis económica y a la intensa presión que ejerce Estados Unidos por orden del presidente Donald Trump.

Imagen de La Habana en combo con un retrato del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
- Foto
EFE
Autor:
Actualizada:
Compartir:
Ni Eisenhower ni Kennedy, ni Reagan ni Clinton, ni Bush padre ni Bush hijo. Al parecer, Donald Trump será el presidente de Estados Unidos que sí podrá acabar con la Revolución Cubana, esa molestosa pulga en el oído que ha desafiado a la nación más poderosa del mundo desde 1959.
Por supuesto, Cuba no tenía, ni antes ni ahora, oportunidad de resistir un ataque militar directo y a gran escala de Estados Unidos. Pero esa opción, que Washington sí tomó en Granada y Panamá en los años 80, se descartó tras la invasión de un grupo de exiliados cubanos, entrenados y armados por la CIA, que fueron derrotados en Bahía de Cochinos, en 1961, gesta exaltada en las canciones de Silvio Rodríguez y otros exponentes de la Nueva Trova.
Estados Unidos prefirió, desde entonces, la contención y la guerra diplomática, ya que un ataque abierto hubiera desatado una confrontación, quizás nuclear, con la Unión Soviética y un rechazo planetario, si los cohetes atómicos hubieran dejado un planeta que habitar. En 1962, los soviéticos retiraron sus misiles nucleares de Cuba y Estados Unidos renunció a la invasión de la isla que, paradójicamente, ayudó a independizar de España en 1898.
Renunciar a la invasión no frenó los intentos de Estados Unidos de atacar a Cuba de otras formas, para debilitar a la Revolución, que se declaró marxista e impuso la dictadura del Partido Comunista, único legalmente habilitado desde entonces. Ahí estuvo, por ejemplo, la llamada Operación Mangosta, un plan multifacético que incluyó actos de sabotaje económico, recolección de inteligencia y numerosos intentos de asesinato contra los líderes revolucionarios como Fidel Castro, a quien quisieron matar con un esferográfico envenando, como en una novela de Joseph Conrad.

Estados Unidos también apeló a la política del aislamiento, al presionar a otros países y organismos internacionales (como la OEA) para expulsar a Cuba de los foros regionales y limitar sus lazos comerciales.
Y no faltó el más famoso de los ataques, el Embargo Económico, mal llamado bloqueo, que empezó en 1962 como respuesta a las confiscaciones ordenadas por la Revolución Cubana a la propiedades privadas, que hasta hoy no han sido compensadas. El embargo buscaba asfixiar la economía de la isla para generar descontento social y provocar un levantamiento interno, algo que jamás ocurrió.
Pero todo cambia, y Cuba ya no cuenta con los subsidios de la Unión Soviética (otorgados a cambio de que tropas cubanas intervengan en el Tercer Mundo) ni el generoso petróleo de la Venezuela chavista. Ni tampoco cuenta con la comprensión de Donald Trump, quien, tras asumir su segundo mandato en enero de 2025, puso la mira en la Revolución y ordenó un estrangulamiento financiero total.
Comenzó con imponer restricciones totales a los viajes de ciudadanos estadounidenses para secar la entrada de divisas y matuvo a Cuba en la lista de países patrocinadores del narcoterrorismo.

Su reciente orden ejecutiva del 29 de enero de 2026, que impone aranceles a quienes vendan petróleo a Cuba, es un golpe al corazón de la supervivencia energética de la isla. Y nadie (con real peso) defiende a la Revolución Cubana, pues el derrocamiento de Nicolás Maduro en Venezuela ha generado un vacío diplomático que ni México ni Brasil han logrado reemplazar.
Así que, en apariencia, todo está servido para que los dirigentes de Cuba se rindan, pues no existe alternativa para superar la crisis económica.
No obstante, el triunfo de Trump no es tan sencillo. El Partido Comunista aún tiene a su favor el absoluto control que ejerce en el sistema de inteligencia, el cual sofoca la formación de una oposición capaz de levantarse y tomar el poder. Un levantamiento popular es casi imposible, a menos que el Ejército sea el que tome la decisión de derrocar al régimen.
Además, el apoyo de potencias como Rusia y China todavía ofrece un salvavidas económico y político que contrarresta las sanciones estadounidenses, aunque cada vez es más difícil sortear la presión que impone Trump. El canciller de Cuba mendiga, literalmente, por Asia, mientras los turistas comienzan a escasear por las alertas de peligro de sus países.
Se verá en qué termina esto, aunque los pronósticos son los del inevitable desmantelamiento de la Revolución Cubana y la instauración de la economía de mercado y el sistema democrático de partidos políticos.
Estados Unidos pregona que negocia con los dirigentes cubanos, mientras que el dictador Miguel Díaz-Canel, que en cada intervención pública luce como si hubiera presenciado el fantasma de las navidades futuras, lo desmiente. Cómo culparlo, ya que la perspectiva de que deba responder por la kilométrica lista de violaciones a los derechos humanos de la Revolución es para apenas dormir.
La pregunta es quién caerá primero, si Díaz-Canel o el anciano nicaragüense Daniel Ortega. Uno de los dos será el último dictador marxista latinoamericano de la historia.
Compartir: