"Estamos atrapados", una pareja de ecuatorianos narra cómo se vive la guerra en Dubái
El cierre del espacio aéreo en gran parte de Medio Oriente, debido a la guerra en Irán, dejó varados a miles de viajeros, entre ellos, una pareja de ecuatorianos que ve explotar drones desde la ventana de su habitación en Dubái.
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“Mi hijo me llamó desde la escuela en Quito. Lo sentí inestable, triste por lo que estoy viviendo”, relata María Belén Ponce, quien viajó a Dubái para reencontrarse con su esposo y ahora enfrenta la incertidumbre de no poder regresar al país, tras el cierre del espacio aéreo en gran parte de Medio Oriente a causa de la guerra en Irán.
Su vuelo de retorno estaba previsto para este 6 de marzo de 2026, pero deberá esperar al menos 15 días, debido al impacto del conflicto armado en el itinerario de las aerolíneas. "Le expliqué a mi hijo de 10 años que estaba bien, que los sistemas de defensa son efectivos y que, prácticamente, los ataques son los objetivos militares y no a la población civil", dice.
La pareja de ecuatorianos menciona haberse registrado en la flamante Embajada de Ecuador en Emiratos Árabes Unidos, en caso de que se habiliten vuelos humanitarios. Precisamente, la legación diplomática emitió este 4 de marzo una alerta sobre viajes aéreos y terrestres en esa zona.
María Belén Ponce
"Estoy como atrapada, definitivamente, porque están todos los aeropuertos cerrados y la única solución que tenemos como ecuatorianos, al no necesitar visa para ir a Omán, es ese camino para regresar a Ecuador".
María Belén había desembarcado en Dubái una semana antes del ataque de Israel y Estados Unidos a Irán para reencontrarse con su esposo Walter Aldaz, quien desde más de un año trabaja como corredor inmobiliario en esta ciudad llena de rascacielos.
"Desde el departamento se puede ver lo que vienen los misiles, los drones y salen a interceptarlos, vemos cómo explotan en el aire, pero gracias a Dios no han llegado a tierra", dice Ponce. "Se ve como juegos pirotécnicos, no hay las explosiones, pero sí se ve al misil cayendo", completa Aldaz.
Pablo Alvear, un ecuatoriano de 28 años, vive en Dubai Marina. Dice que la mayor tensión la vivieron en los primeros dos días de los ataques cuando escucharon explosiones en el Burj Al Arab, un edificio emblemático 1999. Las explosiones también sacudieron un hotel de cinco estrellas situado en la lujosa zona de Palm Jumeirah, un ostentoso lugar de ocio para gente adinerada.

Este joven ingeniero ambiental oriundo de Penipe (Chimborazo) reconoce que hubo incertidumbre al ver cientos de drones y misiles atacando Emiratos Árabes Unidos y otros aliados de Estados Unidos en el Golfo, que durante mucho tiempo se habían mantenido al margen de los conflictos regionales.
Perolo que le devolvió la tranquilidad, cuenta, fue ver anoche al jeque de Dubái y el presidente de Emiratos Árabes Unidos en el Dubai Mall, tomando café con total normalidad. “Eso transmite paz. Es una forma de decirnos que todo está bajo control”, menciona.
La comunidad ecuatoriana en Emiratos Árabes Unidos mantiene contacto permanente a través de grupos de WhatsApp. Calcula que hay alrededor de 500 compatriotas en Dubái.
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