Se abre un nuevo frente en la guerra de Medio Oriente: La batalla contra los suministros de agua
Los ataques contra la infraestructura hídrica podría tener consecuencias devastadoras para todas las partes en conflicto en Medio Oriente, región que depende de plantas desalinizadoras para sobrevivir.

Desplazados palestinos buscan agua en una planta desalinizadora en Jan Yunes, Franja de Gaza, el 7 de febrero de 2026.
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AFP
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Los ataques contra infraestructuras hídricas son poco habituales en tiempos de guerra, pero irrumpieron en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, con bombardeos contra plantas de desalinización, un recurso esencial para millones de personas en la región.
Una planta desaladora en Baréin, un pequeño reino en el Golfo Pérsico, sufrió daños el domingo 8 de marzo de 2026 tras un ataque con drones iraníes, según autoridades locales, un día después de que Teherán acusara a Estados Unidos e Israel de una ofensiva similar en la isla iraní de Qeshm, en el Estrecho de Ormuz, que habría afectado al suministro de agua de 30 pueblos.
Este tipo de agresiones son aún limitadas, pero según Esther Crauser-Delbourg, economista especializada en agua, "el primero que se atreva a atacar el agua desencadenará una guerra mucho más devastadora que la actual".
¿Por qué es tan importante el agua desalinizada?

En una de las regiones más áridas del mundo, donde el acceso al agua es 10 veces inferior a la media global, según el Banco Mundial, las plantas desaladoras desempeñan un papel fundamental para la economía y el consumo de agua potable de sus millones de habitantes.
Alrededor del 42% de la capacidad global de desalinización se concentra en Medio Oriente, conforme a un reciente estudio publicado en la revista Nature.
En Emiratos Árabes Unidos, el 42% del agua potable procede de estas plantas, mientras la cifra asciende al 70% en Arabia Saudita, al 86% en Omán y al 90% en Kuwait, según una nota de 2022 del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (Ifri).
"Allí, sin agua desalinizada, no hay nada", explicó Crauser-Delbourg. El recurso es especialmente estratégico en grandes ciudades como Dubai y Riad.
Ya en 2010, un análisis de la CIA afirmaba que "la perturbación de las instalaciones de desalinización en la mayoría de los países árabes podría tener consecuencias más graves que la pérdida de cualquier otra industria o materia prima".
También en 2008, el sitio Wikileaks reveló un cable diplomático estadounidense que decía que "Riad debería ser evacuada en el plazo de una semana" si la planta de desalinización de Jubail -que abastece la urbe- o sus oleoductos resultaran "gravemente dañados o destruidos".
¿Qué amenazas pesan sobre estas instalaciones?

Además de los ataques registrados el pasado fin de semana, estas plantas son vulnerables a cortes de energía y a posibles contaminaciones del agua de mar, en particular por mareas negras (derrames de petróleo), afirmaron varios expertos.
"Se ha reforzado la seguridad de acceso, los controles en el perímetro inmediato de las plantas", explicó Philippe Bourdeaux, director de la zona África-Oriente Medio de la empresa francesa Veolia, que abastece de agua desalinizada a Jubail, en Arabia Saudita, y a las regiones de Mascate, Sur y Salalah, en Omán.
"Evidentemente, los acontecimientos recientes nos hacen estar muy atentos. Seguimos muy de cerca la situación de las instalaciones", agregó, al precisar que "en algunos países, las autoridades han colocado baterías de misiles alrededor de las plantas más grandes, frente a la amenaza de drones o misiles".
Para las mareas negras, en tanto, los operadores disponen de herramientas para reducir sus efectos nocivos.
¿Cuáles son los precedentes de ataques contra desalinizadoras?
En la última década se han producido algunos ataques contra plantas de desalinización: cuando Yemen y Arabia Saudita se agredieron mutuamente entre 2015 y 2016, y cuando Gaza sufrió bombardeos israelíes, señaló el centro de investigación estadounidense Pacific Institute, que lleva un registro de los conflictos relacionados con el agua.
Antes de 2016, hay que remontarse a 1991 y la guerra del Golfo para encontrar ataques de este tipo.
¿Qué consecuencias tienen estos ataques?

Entre las consecuencias se encuentran desde inconvenientes puntuales hasta efectos mucho más graves, si estos se prolongan.
"Es posible que veamos grandes ciudades en éxodo. Y luego racionamientos", pronosticó Crauser-Delbourg.
Además, se producirían efectos en cadena sobre la economía, en especial, en el turismo, la industria y los centros de datos, que consumen grandes cantidades de agua para su refrigeración.
No obstante, existen salvaguardas, matizó Bourdeaux. Según el responsable de Veolia, las plantas de desalinización suelen estar interconectadas, lo que puede limitar las consecuencias en caso de la avería de una de ellas.
Las plantas también suelen contar con varios días de reserva, entre dos a siete,lo suficiente para contener las penurias mientras las averías no se prolonguen demasiado, agregó Bourdeaux.
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