Gustavo Petro y Álvaro Uribe plasman su histórica rivalidad en la polarizada campaña presidencial de Colombia
Las elecciones presidenciales de Colombia tienen dos actores importantes: el actual presidente Gustavo Petro, que apoya al izquierdista Iván Cepeda, y el exmandatario Álvaro Uribe, que respalda a la derechista Paloma Valencia.

Retratos de Gustavo Petro, presidente de Colombia, y Álvaro Uribe, exmandatario colombiano.
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EFE
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La campaña presidencial de 2026 en Colombia no se trata solamente de una elección entre candidatos de tendencias opuestas. En realidad, estamos presenciando la continuación de una rivalidad histórica entre el actual presidente, el izquierdista Gustavo Petro, y el derechista Álvaro Uribe, que gobernó entre 2002 y 2010. Lo curioso: sus herederos políticos prefieren tener algo lejos a sus mentores.
El petrismo y el uribismo representan modelos distintos de un país que luce polarizado en esta contienda. Petro, exguerrillero y cercano al Socialismo del Siglo XXI, impulsó reformas sociales y defendió el proceso de paz como eje de su gobierno. Uribe, en su momento, construyó su liderazgo sobre una política de seguridad firme y una visión de Estado más limitado en lo económico.
Esa fricción personal e ideológica entre Petro y Uribe encuentra hoy nuevos protagonistas que disputarán, el 31 de mayo, la primera vuelta presidencial.
Iván Cepeda, respaldado por el movimiento Pacto Histórico, de Petro, marcha primero en las encuestas. Paloma Valencia, del uribista Centro Democrático, está segunda y en las simulaciones de una hipotética segunda vuelta empata con Cepeda. Todo indica un final de fotografía, de seguir esta tendencia.
Cepeda encarna la continuidad del proyecto de Petro, con énfasis en derechos humanos, memoria histórica y reformas estructurales. Valencia recoge la bandera del uribismo, con un discurso centrado en seguridad, orden institucional y crítica al actual gobierno.
¿La influencia de Petro realmente le sirve a Cepeda?
A pesar de la recuperación en la aprobación del presidente Gustavo Petro (quien ronda el 49% según el Centro Nacional de Consultoría), su capacidad para transferir ese apoyo a Iván Cepeda enfrenta obstáculos prácticos.
El fracaso de la política de pacificación de Petro, el pésimo manejo de las fronteras (especialmente la de Ecuador) y su constantes bandazos en la relación con Estados Unidos, donde la Administración Trump lo trata con desdén, han afectado de rebote a Cepeda, quien siempre ha procurado guardar distancia con Petro y sus ministros, justamente para no desgastarse.
Cepeda, además, ya cargaba su propio lastre que le ha bloquedo seducir a los votantes del centro. La guerrilla de las FARC bautizó un frente con el nombre de “Manuel Cepeda”, en honor al papá de Iván, que fue líder del Partido Comunista. También existe una foto de Iván Cepeda abrazando a los guerrilleros Jesús Santrich e Iván Márquez.
Y Álvaro Uribe dijo que Cepeda aparecía mencionado en los computadores incautados en Ecuador a alias Raúl Reyes, uno de los cabecillas de las FARC muerto en el bombardeo de Angostura, como el organizador de unas marcha en favor de la guerrilla.
Por eso, la estrategia de Álvaro Uribe es hablar del "petrocepedismo" y de posicionar a Iván Cepeda como “lo mismo y peor”.
¿Uribe ayuda a Paloma Valencia?
A diferencia del endoso de Petro a Cepeda, la influencia del expresidente Álvaro Uribe Vélez sobre la candidata Paloma Valencia opera bajo una dinámica de pragmatismo: ante el auge de la llamada ultraderecha, el expresidente procuró alejar al partido de las posiciones más extremas de Abelardo de la Espriella, quien hasta hace poco iba segundo en las encuestas.
El expresidente favorece el perfil de Valencia (percibida como técnica y legisladora experimentada) frente a discursos que conectan con movimientos internacionales de derecha radical como los de Javier Milei o José Antonio Kast. Esto permitió que la candidatura de Valencia mantenga una vocación de centro-derecha.
De hecho, el uribismo, percibido como conservador, ha roto esquemas con Valencia, que busca ser la primera mujer en llegar a la Presidencia de Colombia, pero sobre todo con la elección de Juan Daniel Oviedo como vicepresidenciable.
Oviedo, un afable estadístico y concejal colombiano convertido en fenómeno político colombiano por su estilo espontáneo y su homosexualidad asumida, ayuda a romper el monopolio del voto urbano joven y profesional que tenía el petrismo.
No obstante, Uribe (aunque esto le cause un disgusto) se parece en algo a Petro: la desaprobación histórica del expresidente (que en mediciones previas superó el 60%) sigue vigente en sectores urbanos y jóvenes. Por eso, la clave para Paloma Valencia es mantener a Uribe en la sombra, con un apoyo más bien conceptual que presencial.
Gane quien gane en estas elecciones, será inevitable mirar a Petro y Uribe como vencedor o derrotado.
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