De enclave pandillero a imán de turistas: el impacto del modelo Bukele y la residencia de Shakira en El Salvador
El Salvador vive un boom turístico tras reducir la violencia criminal a mínimos históricos, una transformación que el presidente Nayib Bukele ha potenciado utilizando la reciente gira de la artista colombiana Shakira como el máximo escaparate de seguridad.

Turistas se pasean por la playa El Tunco, en El Salvador, el 13 de febrero de 2026.
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AFP
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Entre olas y atardeceres de postal, turistas extranjeros disfrutan la playa salvadoreña de El Tunco, en el pasado plagada de pandilleros de la MS13 y Barrio 18. No escatiman elogios para el presidente Nayib Bukele, aun cuando admiten que en su ofensiva contra la delincuencia de las bandas pueden haber caído inocentes.
El Salvador vive un boom turístico tras reducir la violencia criminal a mínimos históricos desde 2022, una transformación que el presidente Nayib Bukele ha potenciado utilizando la reciente gira de Shakira como el máximo escaparate de seguridad.
Uno de los turistas que ha llegado hasta El Salvador es el costarricense Juan Gabriel López, quien vacacionó con su esposa en El Tunco, paraíso de surfistas que se pasean con sus tablas embadurnados de protector solar.
Como muchos otros, llegó atraído no solo por las bellas puestas de sol y los recientes conciertos de Shakira, sino por la seguridad ampliamente publicitada por Bukele y sus seguidores 'influencers'.
“Si quiere comprobar la seguridad de El Salvador, váyase al lugar más feo, más oscuro, siéntese en una piedra y espere el amanecer”.
Bukele, presidente El Salvador
En sus redes sociales con millones de seguidores, Bukele difunde videos de surfistas en olas gigantes y a Shakira la presentó como ejemplo de que el país “está cambiando".
La colombiana presentó en febrero de 2026 una “Residencia Centroamericana” de cinco conciertos en El Salvador, a los que asistieron 144.000 personas y que dejó un beneficio económico de USD 110 millones, según el gobierno salvadoreño.

Oficialmente, la ocupación hotelera alcanzó el 100% en toda la zona metropolitana de la capital, San Salvador, y sus alrededores, los días del evento, mientras que llegó al 80% en otros destinos turísticos.
También se registró un 100% de reservas en restaurantes de la zona metropolitana, sus alrededores y en la zona costera, en el interior del país la demanda se situó entre el 60% y el 80%, siempre según la administración de Bukele.
El hito fue celebrado por el Gobierno, que afirmó que el resultado "confirma que los eventos internacionales de gran escala se han convertido en un motor estratégico de dinamización económica, generación de empleo y proyección internacional positiva para El Salvador".
Así, Shakira se convirtió en el argumento central de Bukele para demostrar que el país ha dejado de ser un enclave pandillero para convertirse en un nuevo imán de turistas.
"Un cambio radical", dijo López, ingeniero de 44 años, quien llegó desde Limón, un puerto del Caribe costarricense azotado por narcotraficantes.
En la multitud que fue a ver a Shakira en El Salvador había decenas de miles de guatemaltecos y hondureños, cuyos países sufren el terror de las pandillas.
"Ya desearíamos tener en Guatemala la tranquilidad que se vive aquí", dijo Glendy Pineda, de 45 años, durante uno de los conciertos.
Incluso el turista costarricense, cuyo país tiene fama de defensor de derechos humanos, alaba el modelo Bukele: "Nos gustaría dar este paso", sostuvo.
"Justos por pecadores"
Sin embargo, el uso de la gira 'Las mujeres ya no lloran' para proyectar esta imagen de éxito no ha estado exento de críticas.
Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch denunciaron el costo de la guerra contra las pandillas: bajo el estado de excepción han sido detenidas unas 90.000 personas, incluidos unos 8.000 inocentes ya liberados, reconoce el Gobierno.
En una carta abierta, Movir, un colectivo de familiares de detenidos, expresó a Shakira la preocupación de que su gira "Las mujeres ya no lloran" fuera usada por Bukele para "encubrir la injusticia y sus condenables actos".
"En El Salvador también lloran las mujeres, madres y familiares de las víctimas inocentes que sufren cárcel, tortura y muerte, desalojos forzados, persecución y juicios amañados".
Movir
Las denuncias, sin embargo, no afectan la popularidad de Bukele, apoyado por nueve de cada diez salvadoreños, según encuestas. Tampoco espantan a los turistas.
"Como en todo proceso de cambio, siempre va a existir ese 'justos pagan por pecadores'", dice López en una animada calle de bares y restaurantes, donde venden camisetas estampadas con el rostro de Bukele usando sus acostumbradas gafas de sol.

De visita con sus padres en El Tunco, el neerlandés Camille Schyns, radicado en Guatemala, dice estar enterado de que hay "bastantes violaciones de derechos humanos" y que "están arrestando a gente" sin el debido proceso.
"Pero al mismo tiempo (...) lo que me dice la gente que conozco, los salvadoreños, es que les gusta que la seguridad ha aumentado muchísimo", comentó.
En el mapa turístico
Bukele, quien se define irónicamente como "dictador cool", no desaprovecha ocasión para promocionar el modelo de seguridad que llevó al gobierno de Donald Trump a bajar al mínimo el nivel de alerta para los estadounidenses que viajen al país.
Con playas sobre el Pacífico, volcanes y ruinas arqueológicas, El Salvador recibió el año pasado 4,1 millones de visitantes, 60% más que en 2019, cuando Bukele llegó al poder.
No es poca cosa en un país de seis millones de habitantes, donde el turismo en 2025 representó ingresos por USD 3.600 millones, casi un 10% del Producto Interno Bruto (PIB) nominal.
"Somos los líderes en visitantes internacionales. El Salvador está ahora en el mapa como sede de eventos", dijo hace poco a la prensa internacional la ministra de Turismo, Morena Valdez, quien recordó que su país acogió el Miss Universo en 2023.
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