El mapa de la Junta de Paz de Trump queda marcado por el rechazo de Europa en su reunión inaugural
Argentina, Paraguay y El Salvador son los únicos países latinoamericanos que conforman la Junta de Paz creada por Donald Trump. Varios países europeos y el Vaticano rechazaron la invitación a ser parte del organismo.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostiene la carta fundacional de la Junta de la Paz en el Foro de Davos, el 22 de enero de 2026.
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Gian Ehrenzeller / EPA / EFE
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La Junta de Paz de Donald Trump, fundada en el Foro de Davos y cuya reunión inaugural se dio en Washington, apunta a un orden internacional más crudo y transaccional, en el que la legitimidad multilateral cede ante la fuerza y los juegos de poder, lo que, de imponerse sobre la ONU, dejaría al organismo aún más debilitado y relegado a un papel casi simbólico, según expertos.
En enero de 2026, Trump firmó en Davos (Suiza) el acta de constitución de la Junta, concebida inicialmente para supervisar el alto el fuego en Gaza y que el mandatario pretende ampliar a otros conflictos globales. Un mes más tarde, esta vez en Washington, el republicano reunió a sus coidearios en una reunión de inauguración.
Al menos 35 jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos los de Israel, Argentina, Arabia Saudí y Egipto, han aceptado formar parte de la Junta, mientras que otras naciones, como Reino Unido, Alemania, Francia, Japón Nueva Zelanda y el Vaticano, la han rechazado.
Canadá es hasta el momento la única nación a la que se le ha retirado la invitación a unirse a la Junta de Paz, según expuso Trump en la noche del 22 de enero en su cuenta de Truth Social.
La retirada de la invitación a Canadá surge después que el primer ministro canadiense, Mark Carney criticó en su discurso al actual "orden mundial" liderado por Estados Unidos, asegurando incluso que este vive una "ruptura".
Trump dijo en una "carta" dirigida a Carney que la Junta de Paz creada por él "será la más prestigiosa Junta de Líderes jamás levantada".
Pese a que países como Austria, Croacia, Alemania, Grecia, Italia y Japón rechazaron ser parte del organismo, en el evento inaugural celebrado en Washington el 19 de febrero las banderas de dichos países fueron incluidos en decoraciones.

Membresía permanente por USD 1.000 millones
El estatuto otorga amplios poderes a su presidente -es decir, Trump-, como el derecho de veto o de fijar la agenda, y prevé mandatos permanentes para los mayores contribuyentes financieros.
Los países que quieran acceder a un puesto permanente deben pagar USD 1.000 millones en efectivo.
En febrero, Trump anunció que Washington entregará USD 10.000 millones para el financiamiento del nuevo organismo.
"La Junta de Paz que EE.UU. ha esbozado no representa una alternativa seria a la ONU en términos de derecho internacional. Más bien parece un club de países de alto poder", argumenta a EFE el analista Richard Gowan, del International Crisis Group.
Para el experto, que Washington promueva este organismo "evidencia que no se toma muy en serio el ecosistema de la ONU", a la que perjudica restándole credibilidad y autoridad.

¿Qué dice la ONU?
Desde Naciones Unidas, la reacción es prudente pero distante: diplomáticos consultados por EFE reconocen dudas sobre la propuesta y temen que funcione como un "coto privado" de países afines a la voluntad de Washington.
En público, el secretario general, António Guterres, ha aseverado que la Junta es por ahora "amorfa" y que la ONU solo la respalda "de forma estrictamente limitada a su labor en Gaza".
Más allá de ese marco, la organización insiste en que seguirá ciñéndose a su mandato, a la Carta de las Naciones Unidas y a sus mecanismos propios.
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