Así se vivió en Venezuela la captura de Nicolás Maduro y los ataques militares de Estados Unidos
Las explosiones por el ataque de Estados Unidos se oyeron no solo en Caracas, también en Miranda, La Guaira y Aragua, regiones cercanas al epicentro del poder venezolano.

Las fuerzas del orden de Venezuela patrullan las calles de Caracas sin luz el 3 de enero de 2026, tras haberse registrado varias detonaciones y explosiones en la madrugada.
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EFE
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Viviana escuchó un estruendo en el oeste de Caracas, donde reside. Las ventanas de su apartamento, en los últimos pisos de un complejo civil, se estremecieron. Eran las 2:00 de la mañana, hora venezolana, cuando comenzó una serie de bombardeos a la capital del país suramericano comandadas por helicópteros estadounidenses.
Las palabras del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se cumplieron. Los días de Nicolás Maduro estaban contados, proclamó el líder republicano poco tiempo atrás. Este 3 de enero de 2026 junto con su esposa, Cilia Flores, fueron apresados y evacuados de Venezuela en una operación militar que no contó con oposición de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Todos despertaron de golpe. En la madrugada las explosiones se oyeron no solo en Caracas, también en Miranda, La Guaira y Aragua, regiones cercanas al epicentro del poder venezolano que quedó sin su principal representante, el líder autoritario Nicolás Maduro que pese a haber ofrecido cooperar con Estados Unidos en materia de narcotráfico y dar mayor cabida a petroleras estadounidenses en territorio venezolano, un día después de esas promesas fue depuesto por Trump.
El cerco que comenzó en agosto con un despliegue aeronaval sin precedentes en las últimas décadas sobre el mar Caribe, siguió en septiembre con el inicio de ataques militares a embarcaciones pequeñas a las que Estados Unidos acusaba de transportar drogas y hasta el momento han dejado más de 100 fallecidos. Escaló con la llegada del portaviones más grande del mundo, el USS Gerald Ford, y continuó con un bloqueo aéreo y petrolero que ha terminado, de momento, con la captura de Maduro.
En Venezuela, tras la brutal represión por las protestas contra la proclamación de Maduro como ganador de las presidenciales de julio de 2024, la población no celebra, al menos no en público. Para Viviana fueron momentos de angustia mientras hubo los bombardeos. Junto con su pareja tomó bienes esenciales y decidió bajar del edificio a esperar el desarrollo de los acontecimientos. Se comunicó con su familia, en el centro caraqueño, que también escuchó las detonaciones, pero se mantuvieron en calma.
El chavismo tardó en reaccionar. Más de una hora después de los ataques, la primera declaración fue un comunicado de la Cancillería que denunció la “brutal agresión militar” estadounidense. Luego habló el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, quien llamó a la militarización del país en cumplimiento de “órdenes” de Maduro. Pero poco después Donald Trump anunció la “operación militar a gran escala” en territorio venezolano y la captura de Maduro y su esposa, una diputada que fue abogada del fallecido Hugo Chávez a quien conoció después de que dio el golpe de Estado en febrero de 1992.
Su vicepresidenta ejecutiva y a quien le correspondería asumir el poder en ausencia del depuesto líder chavista, Delcy Rodríguez, confirmó la captura al decir que Maduro estaba en paradero desconocido y exigirle a Estados Unidos una “prueba de vida” del gobernante.
El número dos del chavismo, Diosdado Cabello, fue el último en pronunciarse desde Caracas acompañado de mandos policiales y de inteligencia militar. Dijo que el país estaba “en calma”. Rodríguez denunció la muerte de civiles y militares durante los ataques, sin dar número de bajas por esta agresión estadounidense que, desde la invasión a Panamá en 1989, no había depuesto a un mandatario latinoamericano tras lo hecho contra Manuel Antonio Noriega.
Al conocerse en redes sociales los ataques, en diferentes ciudades de Venezuela, especialmente en el oriente comenzaron las largas colas a las afueras de supermercados y bodegones. Una importante cadena de farmacias decidió no abrir sus puertas sino operar por ventanillas, una medida de precaución ante la declaratoria del estado de conmoción exterior, una forma de estado de excepción que restringe las garantías en el país. Los venezolanos celebran entre familias; es la conversación del momento, aunque pocos se atreven a expresarlo con algarabía.
La salida de Maduro, depuesto por Estados Unidos, pondría fin a 26 años del chavismo, aunque pocos cantan victoria ante la continuación de los demás líderes de la gestión de Maduro en el poder: su vicepresidenta ejecutiva, su ministro de la Defensa y su número dos, Diosdado Cabello, la cabeza de la represión que se acentuó en 2024.
Las tímidas muestras de excarcelar a casi dos centenares de presos políticos en Navidad y Año Nuevo fueron insuficientes. Trump cumplió su promesa y el ultimátum a Maduro con su extracción de Caracas a un sitio que de momento no se conoce. En algunas calles del país colocaron canciones que acentúan la venezolanidad, pero entre calles solitarias por la incertidumbre que vive la nación en horas convulsas en las que todos se preguntan qué ocurrirá ahora con la defenestración de Maduro, quien no solo enfrenta cargos de narcotráfico en Estados Unidos sino una investigación por la presunta comisión de crímenes de lesa humanidad en la Corte Penal Internacional.
Por ahora, Viviana se mantiene expectante ante lo que pueda suceder en los próximos días. Junto con su pareja intentará comprar comida y otros pertrechos para mantenerse en casa, aunque con la precaución de posibles próximos ataques, aunque Estados Unidos por ahora los descarta.
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