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Columnista Invitado

Nicolás Maduro y la serpiente de cien cabezas

Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Actualizada:

12 ene 2026 - 06:57

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La Hidra de Lerna fue una serpiente, descrita en la mitología griega, que poseía un talento invulnerable: cada vez que algún enemigo cortaba una de sus varias cabezas dos más surgían en su lugar. Aquella metáfora legendaria nos es útil para confrontar un error recurrente de razonamiento político: la creencia que los proyectos autoritarios dependen fatalmente de sus caudillos, y que basta con retirarlos del poder para arreglar las cosas.  

Los monstruos del mundo moderno, por ejemplo, el socialismo del siglo XXI, se parecen a la Hidra de Lerna. La mera caída de una de sus cabezas -o uno de sus líderes- no destruye a la bestia. Nicolás Maduro no era, ni de lejos, la piedra angular de la estructura detrás del sistema ideológico predatorio que mantuvo a Venezuela esclavizada durante 27 años. Una cabeza cortada no es más que una eventualidad desde el punto de vista de un proyecto político que tiene el don de fortalecerse cada vez que se ubica en el relato de la victimización.

De hecho, la caída del tirano de Venezuela ha generado efectos paradójicos: un ejército de intelectuales, en todo el hemisferio occidental, respalda de forma histérica a un dictador criminal que exilió ocho millones de personas, aterrorizó a la esfera pública, castigó con cárcel y tortura a sus críticos, y finalmente devastó la economía del país con la mayor reserva de petróleo del mundo.  Algunas voces sensibles de la izquierda han llegado incluso a lamentar públicamente la liberación de los prisioneros políticos en los centros de detención de Caracas, a pesar de haberse presentado en el pasado a sí mismos como abanderados de la causa de los derechos humanos.

El socialismo del siglo XXI llegó a ser fuerte precisamente por causa del apoyo popular que logró consolidar en algún momento. Y para eso el autoritarismo no basta. Ningún proyecto político se sostiene en el tiempo únicamente desde la coerción; requiere aglutinar consensos, establecer una legitimidad mínima a fin que una buena porción de la sociedad lo respalde. Pero ese consenso, ese apoyo social, ya estaba completamente erosionado en el régimen de Nicolás Maduro.

  • ¿Qué esperar luego de una transición democrática en Venezuela?

Piénselo. Maduro ya se había convertido en una figura incómoda para la misma izquierda. Un tirano que albergaba ciento trece toneladas de oro en una cuenta en Suiza -suficiente dinero como para una renta de mil dólares al mes a un millón trecientas mil personas, durante un año-, no era precisamente un ejemplo de coherencia socialista. Pero el Nicolás Maduro encarcelado en Estados Unidos es otra cosa: de la noche a la mañana pasó a convertirse en el paladín del antimperialismo, el revolucionario apresado injustamente en las entrañas de la bestia; el nuevo mártir ideológico que le dará gasolina a la maquinaria discursiva de la izquierda durante décadas.

Pero las nuevas cabezas de la serpiente surgen en todas las direcciones. El monstruo del despotismo está lejos de ser derrotado en Venezuela. El presidente de Estados Unidos, entendiendo las complejidades de los procesos de transición democrática, ha preferido sostener un modelo autoritario provisional que podría durar demasiado. Trump sabe que ceder el poder a los líderes democráticos legítimos podría conducir a una guerra civil con consecuencias indeseables para toda la región. Su apuesta consiste en permitir que el desgaste, de la Venezuela sin Maduro, lo reciban las mismas élites de un chavismo dividido.

El mandatario de Estados Unidos no ha disimulado su interés en comprar libremente petróleo venezolano, a un precio relajado por la repentina oferta del hidrocarburo, y más importante: sacar esos recursos de las manos de rivales geopolíticos como Irán, China o Rusia. Aquello coincide en algunos puntos con la legendaria doctrina Monroe, la cual se propuso en su momento para impedir que cualquier potencia externa a la región consolide intereses coloniales en el continente americano. Dada la virulenta expansión de la influencia China; el apoyo transnacional de Irán al terrorismo fundamentalista, y la intromisión rusa en varios asuntos políticos de la región, la aplicación de algunos principios de la doctrina Monroe puede comprenderse.

  • De la doctrina Monroe a la 'Donroe'; Estados Unidos pone énfasis en América Latina en su nueva estrategia de seguridad

En este punto, son los griegos los que iluminan el panorama una vez más, aunque ya no desde la mitología. El autor ateniense Tucídides ya teorizó hace más de 2500 años, que tener o no tener razón en contextos de conflicto internacional, equivale a tener o no tener la fuerza. La caída de Nicolás Maduro llegó de la mano de los intereses del país del norte, más que desde el ámbito de la justicia romántica. Sabemos eso porque la élite chavista -aunque fraccionada- sigue en el poder, a cambio de concesiones comerciales importantes en el ámbito petrolero.

¿Y el rol del Ecuador en todo esto? Es importante desde muchos puntos de vista. En primer lugar, el modelo ideológico afín a la agonizante tiranía venezolana tiene un interés particular en desestabilizar la democracia de la región. De la forma que sea. Solo para mencionar uno de los tantos ejemplos: las rutas de cocaína en la frontera norte -que buscan las costas ecuatorianas- están manejadas en gran medida por grupos irregulares con líneas ideológicas bien identificadas. Estados Unidos lo sabe muy bien y es una de las razones por las que quiere convertir al Ecuador en un aliado estratégico. Aunque aquella alianza tenga las limitaciones que las instituciones y normas ecuatorianas imponen.

Venezuela es el ejemplo perfecto de lo que le pasa a un país cuando los movimientos subversivos llegan al poder. De echo la razón por la que las fuerzas armadas bolivarianas respaldaron tantos años aquella tiranía está en el hecho que hace varias décadas miles de cuadros de los grupos insurgentes fueron inscritos en los colegios militares de aquel país, convirtiéndose con el tiempo en oficiales de altos rangos. ¿Por qué menciono esto? porque varias de las rutas de narcotráfico que operan en nuestra frontera norte están controladas por grupos afines a esa misma ideología política, y al mismo tiempo muchos de los agitadores sociales que han creado inestabilidad en el país se adhieren a las mismas doctrinas. Ciertamente los líderes del socialismo del siglo XXI, incluyendo los de Venezuela, han jugado un rol definitivo en todo aquello.

Quien caza monstruos que se cuide de convertirse en uno, decía un poeta alemán que soñaba con ser filósofo. Aquello es cierto. No se puede negar que el paso de un dictador sanguinario, como Maduro, a un nuevo escenario arbitrario sostenido por los Estados Unidos despierta muchas dudas. Aunque el arresto de aquel déspota ya era indispensable.

¿Y la culebra de cien cabezas? Ha perdido su cuello central, pero en la herida abierta le están brotando nuevos rostros. Uno de ellos es el respaldo unánime de la intelectualidad y la militancia socialista a la figura del tirano convertido en mártir, un respaldo que fortalecerá discursos radicales y ayudará a su movimiento a sostenerse en el tiempo, otro, el fantasma de los nuevos despotismos. Al final la Hidra de Lerna recurrirá a la estrategia del uroboro, comerse su propia cola a fin de sobrevivir.

  • #Nicolás Maduro
  • #Donald Trump
  • #Venezuela
  • #Estados Unidos
  • #Socialismo del Siglo XXI
  • #Ecuador

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