Tablilla de cera
Se acabó la vergüenza de Godoy
Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.
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Tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe, dice el dicho. Mario Godoy, tras hacernos avergonzar a todo el Ecuador por la desfachatez con que continuaba en el cargo, finalmente renunció este Miércoles de Ceniza a la presidencia del Consejo de la Judicatura, una hora antes de que se inicie su juicio político en la Asamblea Nacional.
Lo dio a conocer a través de su cuenta personal de X: "Hoy he presentado mi renuncia irrevocable al cargo de Presidente del Consejo de la Judicatura". Aunque ese presidente debe ir con minúsculas, era lo que todo el país esperaba y mucho se demoró este individuo en marcharse.
La renuncia de Godoy también le quita al Gobierno de Daniel Noboa una de las vergüenzas más inexplicables que cargaba encima: su tozuda defensa de este abogado ligado a narcotraficantes.
Aquello cambió en los últimos días. Viendo que todo el país se oponía a esa postura, que la indignación crecía y le estaba haciendo daño a la propia figura presidencial, la bancada de ADN, que al comienzo culipandeaba, votó por realizar su enjuiciamiento político, acusándolo de "manifiesta negligencia" en el ejercicio de sus funciones.
Ese fue un cambio formal porque el correísmo impulsó el juicio acusándolo de las presiones por interpuesta persona al juez anticorrupción Carlos Serrano para favorecer al narco serbio Jezdimir Srdan.
En su carta de renuncia a la Judicatura, Godoy tiene la cachaza de asegurar que la coyuntura política actual "evidencia que los intereses y cálculos partidistas, han adquirido una fuerza que supera la voluntad de servicio", aunque no menciona directamente a ningún partido o movimiento político.
Sostenerse en el cargo era un desafío a la conciencia moral del Ecuador y en eso sí los “cálculos partidistas” de ADN pesaban demasiado. Cuando le quitaron la alfombra debajo de sus pies, este individuo no pudo sostenerse más.
Entiendo que la figura de Alexandra Villacís, una profesional capaz y preparada, era inaceptable para el presidente Noboa. Vaya usted a saber por qué, tal vez porque se le considera “cercana a Lasso”.
En todo caso, con una maniobra en la que alistó al SRI y al Ministerio de Trabajo, la doctora Villacís fue apartada de la línea de sucesión, y el presidente de la Corte Nacional de Justicia envió una nueva terna, entiendo yo que con el afán de facilitar la salida de Godoy y dar al Consejo de la Judicatura un nuevo presidente.
Para mí se ha cerrado un capítulo. Al momento de escribir estas líneas no conozco el desenlace del juicio político a Godoy, pero este ha perdido cualquier importancia una vez que no se trata de destituirlo.
Desde hace años se viene señalando que el Ecuador necesita seguridad jurídica porque es la base de la confianza, la estabilidad y el desarrollo. Sin ella, ni las personas ni las empresas pueden planificar su futuro con certeza.
La seguridad jurídica significa que las leyes son claras, no cambian de forma arbitraria y se aplican de manera igual para todos, para lo que se requiere jueces probos y capacitados.
También es importante que el Estado respete lo que establece, cosa que en este siglo hemos visto no sucede demasiadas veces (si no, ¿por qué nos ganan tantos juicios afuera y el Ecuador es condenado a pagar ingentes sumas como penalización de su mal comportamiento?).
Cuando hay seguridad jurídica, las personas saben que sus derechos están protegidos y las empresas pueden invertir sin miedo a que las reglas cambien inesperadamente.
Por eso es que en el Ecuador no hay inversión. Los inversionistas (nacionales y extranjeros) solo arriesgan su dinero en países donde se respetan los contratos, hay tribunales independientes y probos y la propiedad privada está protegida.
Pero no se trata solo de inversiones, pues sin seguridad jurídica el gobierno puede actuar arbitrariamente, se vulneran los derechos fundamentales sin consecuencias y no existen mecanismos efectivos para defenderse.
A la vez, cuando la justicia está cundida de corrupción, los narcotraficantes no reciben su merecido, salen libres y campantes, burlan a la justicia.
Cuando las reglas son claras y se cumplen no hay espacio para decisiones arbitrarias, ni para la discreción de jueces y funcionarios. Eso es de lo que tanto hablamos cuando pedimos instituciones fuertes.
Por eso era tan importante que Godoy no esté en el Consejo de la Judicatura, porque la seguridad jurídica no depende solo de que existan buenas leyes, sino de cómo se interpretan y aplican en la práctica y un tipo con sus antecedentes no solo que era el menos indicado para nombrar jueces sino que era una aberración en el sistema.