Punto de fuga
Cuídense de los VIP (o sea de las Very Impune Persons)
Periodista desde 1994, especializada en ciudad, cultura y arte. Columnista de opinión desde 2007. Tiene una maestría en Historia por la Universidad Andina Simón Bolívar. Autora y editora de libros.
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El arresto el jueves pasado del señor antes conocido como príncipe Andrew parecía una escena sacada de un spin off en esteroides de The Crown. Y aunque fue de la vida real, quizás quede apenas como un escándalo más en la ya trajinada reputación de la Corona británica. Todo depende de qué palancas se activen, con qué personas se hable, de qué subterfugio legal se eche mano… o sea todas esas estrategias que la gente VIP maneja al dedillo.
La trampa del señor, señora o señorita respetables (que en lenguaje llano casi no significa otra cosa que: señor, señora o señorita con plata) es tan antigua como el mundo. Personas que por cualquier medio ostentan un lugar privilegiado en las sociedades a las que pertenecen y, por lo tanto, hacen y deshacen, porque son VIP. Algunas nacen siéndolo (como el señor antes conocido como príncipe Andrew) y otras llegan a serlo, por mérito propio o porque aprendieron las reglas de la impunidad con facilidad pasmosa. Cero miedo.
Y aunque aprovechadores de toda estirpe han existido siempre, el diccionario Merrian-Webster asegura que la primera vez que el término VIP se registra utilizado en un texto escrito en inglés es en 1933; casualmente en plena Gran Depresión, crisis que asoló Estados Unidos durante la década de los años 30, y cuando los VIP deben haberse distinguido a kilómetros entre las muchedumbres desempleadas y hambrientas.
A todas estas, VIP no es más que la sigla en inglés de persona muy importante – Very Important Person. Con casi cien años en el léxico popular, la experiencia nos ha enseñado que más valdría cambiar el important por impune, que en inglés y en español se escriben de la misma manera. Y aunque seguro haya las excepciones del caso, bastará con rascar un poquito para que de una u otra forma encontremos rastros de impunidad entre los que gozan del título VIP y todas las prebendas que éste conlleva. Es difícil ser tan adinerado y poderoso si no se tienen varios cadáveres en el armario. Muy, muy, muy difícil.
Por cadáveres léase: evasión de impuestos, con artimañas legales o ilegales; acceso a posiciones de poder y decisión careciendo de méritos, experiencia y credenciales; abuso y explotación laboral, quizá no en su entorno inmediato, pero haciéndose de la vista gorda con la mano de obra esclava que provee la materia prima para su producto estrella (algo que sigue pasando en el siglo XXI); depredación y contaminación del medio ambiente, etc. Esas cosas que hace alguna gente muy importante, y muy impune también.
Con las migajas que recién sabemos de la infame (nunca mejor dicho) lista Epstein, ya podríamos llenar las primeras clases de cientos de aviones (es que las primeras clases tienen espacio reducido) y mandar a quienes aparecen en ella a convivir en la famosa isla. Ese sería un castigo interesante: soltar a todos estos abusadores, estafadores, vividores y demás alimañas juntos en la isla, sin posibilidad de salir ni de que entren recursos de ningún tipo. Allí, entre ellos, se harían las trampas y cometerían los abusos a los que suelen someter a sociedades enteras, a las que privan de una vida mejor porque cualquier beneficio público va a parar a sus bolsillos.
Porque está clarísimo que el intercambio miserable de chicas (menores de edad o no) era apenas un medio para obtener lo que realmente les interesa: la plata, que es lo único que puede asegurarles el acceso al poder. Miento, también les interesa la impunidad, que es como pueden seguir siendo VIP. Hacen sus fechorías y luego se tapan entre ellos y ellas.
Yo de ustedes, que viajan en primera, que comen en reservados, que son invitados a fiestas exclusivas, estaría nerviosa; nunca se sabe que VIP se vaya a sentar al lado. Cuidaranse.