Punto de fuga
Mi (personal e inefable) Cuba libre
Periodista desde 1994, especializada en ciudad, cultura y arte. Columnista de opinión desde 2007. Tiene una maestría en Historia por la Universidad Andina Simón Bolívar. Autora y editora de libros.
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Cuba es un dolor. También es una pregunta que no se puede terminar de formular y que tiene millares de respuestas, quizás todas equivocadas. Cuba me resulta inasible desde siempre, pero mucho más ahora. Y no sé cuál sea la solución para sacarla de su postración ni tengo un diagnóstico acertado o una lectura geopolítica inteligente. A Cuba, que me duele en un lugar del cuerpo que no alcanzo a identificar del todo, solo puedo entenderla desde el afecto que nace de la gratitud.
Gratitud, por ejemplo, por la música enorme que ha regalado y sigue regalando al mundo entero, pero que yo lo tomo como un favor personal hacia mí. Cómo no agradecer su prodigalidad musical, esa que me permite escribir este artículo mientras escucho al grupo Síntesis y pienso en tantos otros músicos cubanos o de origen cubano que me encantan.
Comparto mi modesta, pero poderosa, lista: las Ibeyi (estupendo dúo de hermanas cuyo nombre significa gemelas en idioma yoruba), Benny Moré, Pablo Milanés, Omara Portuondo o Compay Segundo y todos sus compañeros de esa fantasía que fue Buena Vista Social Club, Bola de Nieve, Celia Cruz, los Orishas, Chucho Valdés, Carlos Varela y, obviamente, Silvio Rodríguez, que ojalá no cambie para siempre su guitarra por el fusil AKM que esta semana acaba de reclamar y que ya le fue entregado..
Desde ese pozo oscuro que amenaza con tragársela —y que es metáfora obvia (disculpen el oxímoron) y materializada de una oscuridad mayor que la viene carcomiendo por años—, yo le agarro la mano a Cuba cuando repaso por tercera o cuarta vez el libro 'Informe contra mí mismo', de Eliseo Alberto y me sobrecojo al intuir el profundo dolor que le produjo escribir las 316 páginas que tratan de explicar ese rompecabezas imposible de completar (porque tiene piezas irremediablemente perdidas) que se vuelve una vida sujeta permanentemente al escrutinio de la autoridad, hasta en lo más nimio. Y que muy al inicio, Eliseo Alberto, resume parafraseando a Horacio Quiroga: "que no te obedezca no quiere decir que te traicione. Podría voltearse la moneda: que te obedezca no quiere decir que te sea leal".
En esa maraña de emociones y gratitud que es mi personalísima Cuba libre —sin importar las servidumbres de cualquier calado ideológico que se le quieran imponer— se entrelazan sin orden ni concierto también otros nombres, que son sinónimo de arte, de pensamiento, que son, por sobre todo, sinónimo de vida: Wilfredo Lam, Nicolás Guillén, Tania Bruguera, Eliseo Diego, Alicia Alonso, Tomás Gutiérrez Alea, Iván de la Nuez, Carmen Herrera, José Lezama Lima, Zoe Valdés, Jorge Perugorría, Leonardo Padura, Guillermo Cabrera Infante. No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Larga vida a mi Cuba libre.