Punto de fuga
Felicítennos, pero también ayúdennos a cambiar el mundo
Periodista desde 1994, especializada en ciudad, cultura y arte. Columnista de opinión desde 2007. Tiene una maestría en Historia por la Universidad Andina Simón Bolívar. Autora y editora de libros.
Actualizada:
Todo bien con las felicitaciones. Mañana los grupos de WhatsApp y las páginas de Facebook se llenarán de rosas virtuales, pollitos, peluches y gatos en actitud amorosa, frases hechas de felicitación y citas dudosas o, de plano, nunca dichas por ninguna personalidad a propósito del Día Internacional de la Mujer. No pasa nada, cero estrés. Ustedes, si les sale del alma y lo hacen de buena fe, feliciten; y nosotras, recibamos la felicitación sin fruncir el ceño ni salir con media hora de sermón recriminatorio a alguien que por desconocimiento dice: «¡Feliz día de la mujer!». En el fondo, ese no es el punto y regañando gente no se suma adeptos a la causa de la igualdad y equidad entre géneros.
Lo que más importa es que todos: ustedes y nosotras, reflexionemos un momento, con calma, fríamente, sobre los datos que ONU Mujeres publica este año. Es un paneo por la situación de las mujeres alrededor del mundo, que puede tomarse como preocupante o desolador, dependiendo del caso, pero también deja espacio para la esperanza. Y esa esperanza radica en que todos nos pongamos de acuerdo aunque sea en este único punto: sin sociedades que ofrezcan trato y oportunidades iguales a hombres y mujeres no hay progreso ni civilización posibles. Claro como el agua.
Si ustedes, por alguna razón inexplicable, tienen alergia al feminismo y sus postulados, traten de leer estos pocos datos que voy a listar a continuación sin el filtro de las ideologías. Procésenlos solo como datos concretos que apelan a la más básica de las lógicas y a los parámetros mínimos de dignidad humana. Y si quien está leyendo estas líneas es alguien que ya conoce estas estadísticas y tiene la voluntad de que cambien para bien, entonces escoja un par y haga lo que esté a su alcance para que mejoren. Empecemos.
"A escala mundial, las mujeres solo tienen el 64% de los derechos legales de los que gozan los hombres, lo que las expone a sufrir discriminación, violencia y exclusión en todas las etapas de su vida". Las mujeres somos seres humanos al cien por ciento, ¿por qué tendríamos que conformarnos con el 64% de los derechos legales?
Otro dato: "En más de la mitad de los países del mundo —el 54%— la violación sigue sin definirse sobre la base del consentimiento, lo que significa que una mujer puede ser violada sin que la ley lo reconozca como delito". Desde el 2025 ya no es el caso en Francia, pero, como lo fue por siglos, seguramente por eso los más de 50 violadores de Giselle Pellicot decían no haberla violado (aunque había videos en los que se los veía haciéndolo) porque contaban con el consentimiento del marido de Giselle. No el consentimiento de ella, sino el de su marido. Si esto no es un horror, habría que redefinir la palabra.
Como habría que añadir un sinónimo a la palabra criminal: talibán. Desde este año, Afganistán tiene un nuevo código penal en el que la mujer queda reducida a un guiñapo. Así recogió la noticia diario El País a finales del mes pasado: «En 119 artículos, la violencia contra las mujeres se legaliza y se considera una herramienta de disciplina social y de prevención del pecado o del “vicio”. Las madres, hijas y esposas pasan a ser prácticamente objetos propiedad de un marido o de un “amo”, palabra usada literalmente en el texto, así como “esclavo”». Sin palabras. Esto va más allá de toda comprensión.
Más cifras: “En el 44 por ciento de los países, la ley no establece la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor, lo que significa que, por ley, las mujeres pueden seguir cobrando menos por el mismo trabajo”. ¿Es justo? No.
Por suerte la voluntad de mejorar sigue manifestándose. Del mismo informe: "El 87% de los países han promulgado leyes contra la violencia doméstica, y más de 40 países han reforzado la protección constitucional de las mujeres y niñas en el último decenio. Sin embargo, las leyes por sí solas no bastan. Las normas sociales discriminatorias —estigmatización, culpabilización de las víctimas, miedo y presión de la comunidad— siguen silenciando a las supervivientes y obstruyendo la justicia".
Para que ese progreso tan anhelado sea mayor y se alcance más rápido toca acabar con el vicio, la mala maña, de la impunidad. Si deja de haber agresores impunes, el mundo será un mejor lugar. Un sitio donde deje de ser una ironía o una especie de ridiculez que cada 8 de marzo se le desee feliz día a la mitad de la población mundial, mientras el resto del tiempo, a veces, se le niega hasta los derechos más fundamentales, como el de gobernar sobre su propio cuerpo. A mí esto me espeluzna, ojalá que a ustedes también.