Lo invisible de las ciudades
La burbuja Samborondón-Cumbayá y el costoso error de no pensar en las aguas servidas
Arquitecto, urbanista y escritor. Profesor e Investigador del Colegio de Arquitectura y Diseño Interior de la USFQ. Escribe en varios medios de comunicación sobre asuntos urbanos. Ha publicado también como novelista.
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En 1994, se estrenó “Prêt-à-Porter”; una película dirigida por Robert Altman; y que contaba con un reparto a la altura de Sophia Loren, Marcello Mastronianni, Julia Roberts y Tim Robins, entre otros. Este filme hace una crítica ácida al mundo de la moda reinante en los años noventa. Una maniobra interesante e inolvidable que usaba Altman para dicha crítica, era hacer que sus personajes -ya sean modelos, diseñadores o críticos de moda- resbalasen precipitosamente por pisar heces fecales, depositadas en el suelo por sus refinadas mascotas caninas; ya sea en la calle, en el lobby de algún hotel o junto a las pasarelas.
Me resulta muy llamativo cómo las clases más altas aún no aprenden de sus errores urbanos cometidos en el pasado, respecto al manejo de los desechos humanos. Las urbanizaciones de clase alta tienen a cometer el craso error de ignorar la caca; y por ello, les ocurre algo similar a las penurias de los personajes en Prêt-à-Porter. Sus casas se ven perjudicadas por pretender ignorar la generación de aguas negras.
Evidentemente, cuando uno cuenta ampliamente con recursos para construirse una casa -mucho más allá de las necesidades básicas- se priorizarán principalmente aspectos suntuarios como los acabados, elementos accesorios y la amplitud de los espacios. Eso suele hacerse en demérito del manejo de aguas servidas, que suele ver reemplazadas las redes de tuberías con la implementación de pozos sépticos. Con el pasar del tiempo, estos pozos se saturan y ceden; lo cual conlleva filtraciones de desechos humanos en tierras aledañas, generando condiciones insalubres y desagradables. En ocasiones, esto termina con piscinas contaminadas con heces humanas añejas; o jardines lodosos con muy mal olor.
Como parche, las urbanizaciones que caen en esto, se ven forzadas a construir plantas de tratamiento en espacios concebidos originalmente como comunales; disminuyendo el espacio destinado a la vida pública. El gran remate de esta torpeza termina con la disminución del valor inmobiliario de casas y terrenos circundantes, afectados por la presencia de estas infraestructuras sanitarias.
Esto ha pasado ya en muchas urbanizaciones de Samborondón y Guayaquil; y comienza a ocurrir ya en algunas ciudadelas cerradas de Cumbayá y Tumbaco. Lo más triste de todo esto, es que las leyes vigentes les permiten a los promotores inmobiliarios la construcción de redes de servicios básicos; con la promesa que los costos de dichas infraestructuras sean reembolsados por el municipio. Aún así, por motivos que van desde la desconfianza al sector público, hasta el simple abaratamiento de costos, dichas redes no se construyen.
Guayaquil y Quito enfrentan importantes desafíos relacionados con sus servicios hidrosanitarios. El puerto principal debe hacer una minuciosa revisión de su infraestructura existente; tanto para detectar aquellas partes donde la misma resulte vetusta, como para detectar aquellos sectores, donde las aguas negras se descargan irresponsablemente en las redes de aguas lluvias. En la capital, se habla de generar una red de plantas de tratamiento de aguas servidas. Actualmente, existe solo una planta operativa; que descontamina el agua y vierte al Machángara, en lugar de aprovecharla para la irrigación de áreas verdes. No olvidemos que Quito es el principal contaminador de esa red hidrográfica que involucra los ríos Machángara, San Pedro, Guayabamba, Blanco y Esmeraldas.
¿Por qué no se le da prioridad a los proyectos sanitarios en los sectores público y privado? La respuesta es simple: sin importar cuán necesarias sean, las redes de aguas servidas son proyectos indispensables, pero invisibles. Por ello, la clase política los interpreta como proyectos que no dan votos.
No porque un mal no se vea, deja de existir. Eso es algo que deben aprender la clase alta y los políticos. Caso contrario, el confort seguirá siendo solo un espejismo. Y las necesidades de muchos seguirán siendo ignoradas.