Educar en ciudadanía: tres consejos para hablar con nuestros hijos sobre guerras y conflictos globales
Es Directora ejecutiva de CRISFE. Internacionalista y máster en Educación Especial. Fue ministra de Educación y especialista de educación en UNESCO para la región andina.
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En algún momento de estas semanas muchos padres hemos vivido una escena parecida: vemos las noticias, aparece una imagen de guerra en la televisión o en el celular y, de pronto, un niño pregunta desde el sofá: “¿Qué está pasando?”.
La reacción instintiva suele ser cambiar de tema o decir algo como “no te preocupes, eso está muy lejos”. Pensamos que así los protegemos. Sin embargo, hoy los niños inevitablemente se enteran de lo que ocurre en el mundo: lo escuchan en la escuela, lo ven en redes sociales o lo captan en conversaciones de adultos. Cuando reciben información fragmentada y sin contexto, la imaginación puede llenar los vacíos con más miedo del que realmente existe.
Vivimos un momento de alta tensión geopolítica y profundas fracturas ideológicas. Hoy los conflictos no solo se viven en los territorios en donde estallan, sino también en las pantallas de nuestros hijos. Un titular alarmante, una imagen de destrucción o un video viral pueden generar en ellos preguntas muy profundas: ¿Mi familia está en peligro? ¿Por qué los adultos no pueden ponerse de acuerdo? ¿Habrá otra guerra mundial?
Para un niño, si algo ocurre en el mundo y todos hablan de ello, puede sentirse cercano y amenazante.
Por eso, nuestra tarea como padres no es aislarlos de la realidad, sino ayudarlos a comprenderla. Hablar de estos conflictos puede ser una oportunidad para ofrecerles contexto, contención emocional y una explicación que reemplace el miedo por comprensión.
Estas conversaciones también pueden convertirse en momentos muy valiosos para enseñarles cómo funciona el mundo, cómo se relacionan los países y, sobre todo, por qué el diálogo y la resolución pacífica de los conflictos son tan importantes en la vida diaria.
Pongamos un ejemplo reciente, reportado por los medios, sobre lo que está ocurriendo entre Estados Unidos, Israel e Irán.
A finales del mes pasado, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra instalaciones militares y nucleares en Irán. Según ambos gobiernos, buscaban neutralizar lo que consideran amenazas relacionadas con armas y misiles de largo alcance. Como respuesta, Irán atacó objetivos israelíes y bases militares estadounidenses en el Golfo Pérsico. Este conflicto incluso ha afectado el tránsito por el estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes del petróleo del mundo.
Aunque geográficamente estemos lejos, situaciones como esta pueden afectar nuestra vida cotidiana. Interrumpir una ruta estratégica de energía puede afectar al precio del crudo, y eso podría influir en el costo del transporte, de los productos, así como en la economía global.
¿Cómo explicar todo esto a nuestros hijos sin generar más angustia? Aquí tres sencillos consejos.
Primero, convertir la inquietud en aprendizaje
Ante la inquietud del niño, lo mejor es dar el primer paso. Mirarlos a los ojos y decir algo tan simple como: “¿Qué has escuchado?” o “¿Qué te preocupa?”. Preguntas como “¿Cómo crees que se podría resolver?” o “¿Cómo te sentirías si estuvieras en ese lugar?” nos ayudan a entender qué piensan y qué necesitan saber.
Segundo, dar contexto con palabras sencillas
No hace falta usar términos técnicos ni entrar en explicaciones demasiado complejas. A veces los adultos sentimos que debemos dar todos los detalles, pero lo más importante es responder a lo que el niño realmente pregunta. Podemos explicar que hay países que tienen desacuerdos importantes y que, cuando no logran resolverlos conversando, a veces recurren a la violencia. También podemos decir que estos conflictos afectan a muchas familias lejos de aquí y que las decisiones de los líderes tienen consecuencias reales para las personas.
Tercero, recordarles que la paz es un esfuerzo de todos
Es natural que un niño sienta tristeza, miedo o confusión al saber que otras personas están sufriendo. En lugar de minimizar esas emociones, podemos aprovechar la conversación para fortalecer su empatía. Explicarles que los conflictos, tanto entre personas como entre países, se resuelven escuchando, dialogando y buscando acuerdos. También es importante contarles que hay muchos países, organizaciones y personas que trabajan cada día para evitar la violencia y construir la paz.
Educar en ciudadanía empieza en casa. Conocer el contexto, aprender a distinguir información confiable de la que no lo es y desarrollar empatía por lo que viven otras personas en el mundo ayudará a formar ciudadanos más conscientes.
Porque entender lo que ocurre más allá de nuestras fronteras también es parte de educar. Y quizás una de las lecciones más importantes que podemos transmitir a nuestros hijos es esta: en un mundo donde los conflictos existen, elegir el diálogo, el respeto y la paz también es una forma de liderazgo.