Make Ecuador Great Again
Profesor de ciencia política y Decano de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad San Francisco de Quito.
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La última portada de la revista TIME, una de las más renombradas de los Estados Unidos, muestra un grupo de ocho gorras rojas, símbolo inequívoco de la comunicación política de Donald Trump. La campaña original de Trump incluía gorras rojas que hacían referencia a las siglas MAGA —Make America Great Again—, el eslogan que popularizó desde el 2015 y que incluso llegó a registrar legalmente como parte de su estrategia de comunicación política.
En la portada de TIME, una de las ocho gorras aparece con el lema “MAKE ECUADOR GREAT AGAIN”, al lado de otros países como Irán, Venezuela, Siria, Somalia, Nigeria, Yemen o Iraq. ¿Qué tienen en común todos estos países? A primera vista, poco: son geográficamente distantes, culturalmente distintos y políticamente muy diferentes. Pero si se mira con más detenimiento, todos son puntos de gran interés para los Estados Unidos, ya sea por su posición geopolítica, por sus recursos naturales, o por ambas razones. Y es probablemente por eso que comparten otra característica: todos han pasado a ser observados, presionados o intervenidos, de distintas maneras, por los Estados Unidos de Donald Trump.
Al ver al Ecuador incluido en esa lista lo primero que sentí fue vergüenza. ¿Es así como nos ven los medios estadounidenses? ¿Como un país que se puede “arreglar” desde Washington? ¿Como una pieza más en el tablero del nuevo orden mundial impuesto por Trump? Pero esa vergüenza no tiene que ver solo con la imagen exterior del país, sino con algo más profundo: con la pérdida de soberanía simbólica que supone aceptar que nuestro destino es decidido o tutelado desde fuera.
Después de la vergüenza vino algo peor: sentí miedo. Porque los Estados Unidos de hoy no son precisamente un ejemplo democrático a seguir. Esta misma semana se publicó el más reciente informe de V-Dem (Varieties of Democracy), probablemente el proyecto más reconocido a nivel mundial para medir la calidad de la democracia. Por primera vez en cincuenta años, Estados Unidos fue degradado de la categoría de “democracia liberal” a la de “democracia electoral”: un régimen que conserva elecciones, sí, pero que ha perdido rasgos esenciales de constitucionalismo liberal, de pluralismo efectivo y de rendición de cuentas.
No sorprende. El deterioro institucional estadounidense bajo Trump se ha expresado en el ataque sistemático a los contrapesos, en la normalización de la mentira política, en la agresión permanente a la prensa crítica y en una concepción del poder que desprecia límites legales y democráticos. Lo más inquietante es que ese modelo ya no solo afecta a Estados Unidos, sino que empieza a extenderse hacia otros países cuyos gobiernos buscan congraciarse con el nuevo autoritarismo norteamericano.
¿Es eso lo que queremos ser en el Ecuador? ¿Es la deriva autoritaria de los Estados Unidos lo que el presidente Daniel Noboa pretende imitar? A juzgar por varios rasgos de su estilo de gobierno —el maltrato a los derechos humanos, la presión sobre los medios de comunicación, las guerras comerciales basadas en aranceles, y las últimas acusaciones de incursiones en territorio extranjero, con apoyo explícito de tropas e inteligencia estadounidense—, parecería que sí. Todo indica que el presidente ecuatoriano está haciendo los deberes necesarios para ganarse el beneplácito del régimen autoritario del norte.
El problema es que copiar a Trump no equivale a fortalecer al Ecuador. Equivale, más bien, a debilitar su democracia, erosionar sus instituciones y acostumbrarnos a la idea de que gobernar consiste en concentrar poder, descalificar al discrepante y subordinar la política nacional a una lógica de caudillismo y propaganda. Y equivale también a resignarnos a una forma degradada de relación internacional, en la que la cercanía con el poder extranjero sustituye a la defensa del interés nacional. Un ejemplo de ello es el último “Acuerdo Comercial Recíproco” que están impulsando los regímenes de Noboa y Trump, y que ya ha sido cuestionado por importantes analistas ecuatorianos por ser desigual e inconveniente para el sector productivo del país.
Make Ecuador Great Again. Si Estados Unidos tiene a su Trump, Ecuador corre el riesgo de haber encontrado su propia versión local del trumpismo.