Columnista Invitada
El periodismo incómodo sostiene la República: las lecciones de Hannah Arendt
Dra. en Jurisprudencia, Decana de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UDLA, Directora Ejecutiva Participación Ciudadana. Con más de 20 años trabajando temas de democracia, procesos electorales, Transparencia y Diálogo Político.
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En democracias plenas, el periodismo independiente representa la garantía que tienen los ciudadanos para acceder a información veraz e imparcial. Una prensa independiente es útil para cualquier gobierno, porque suele ser un canal efectivo para procesar visiones distintas, y advertir errores que, desde el poder no se alcanza a mirar. La prensa independiente, es, sobre todo, una herramienta valiosa de autocrítica institucional, y de mejora de su gestión. La crítica no debilita al Estado; por el contrario, lo obliga a fundamentar sus decisiones, a explicar sus acciones y a rendir cuentas. Allí radica su valor republicano; por lo tanto, en democracia el periodismo independiente no solo se tolera: se tutela.
Para comprender correctamente el rol de la prensa independiente, como espacio público legítimo y como facilitador de la deliberación, el disenso y la construcción de un universo común, conviene recurrir a pensadores como Hannah Arendt. Ella, advirtió que la acción y la palabra en el espacio público independiente son elementos insustituibles de la democracia y de la política.
Arendt señaló la incomodidad estructural que usualmente siente el poder ante la verdad factual. Advirtió que esa inconformidad siempre es saludable porque obliga a debatir entre ciudadanos, y puede incluso abrir círculos virtuosos de diálogo con el gobierno, en la medida de que los hechos reales expuestos por la prensa motiven procesos de reflexión nacional en busca de soluciones democráticas a los grandes problemas del país.
En la coyuntura actual, las reflexiones de Hannah Arendt cobran una vigencia ineludible. Si la verdad factual a la cual Arendt le da tanto valor se pierde, entonces la libertad política también se erosiona. Si los ciudadanos dejan de tener acceso a la realidad de los hechos, -aunque sea incómoda y desagradable-, pierden la capacidad de deliberar con autonomía y crearse un juicio de valor propio. Y sin juicio crítico, la acción política se vacía de contenido y consecuentemente, la democracia deja de ser un espacio deliberativo para transformarse en pura adhesión emocional.
El Ecuador enfrenta una crisis institucional importante. Los datos señalan que la desconfianza en la justicia no ha disminuido; la polarización política se ha fortalecido y la expansión de economías criminales están generando una sensación colectiva de precariedad democrática. En ese contexto, la prensa crítica se vuelve aún más necesaria. No como oposición partidaria, sino como garantía de transparencia. No como adversario del poder, sino como su contrapeso natural; y así debe ser entendida.
La política legítima exige pluralidad; y esta siempre implica conflicto, desacuerdo, y diversidad de voces. Una prensa homogénea y que complace al poder pauperiza el debate; por el contrario, una prensa crítica lo enriquece.
Formalmente, la República descansa en los clásicos equilibrios y poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, etc. Pero existe un elemento adicional, -no formalizado en la Constitución-, que también contribuye a sostener la arquitectura republicana: este es la esfera pública informada. Por lo tanto, si desaparece la prensa libre los otros poderes del estado se quedan sin vigilantes independientes y desafortunadamente un poder sin vigilancia por lo general sucumbe a la tentación de expandirse sin control.
Hannah Arendt entendió claramente algo fundamental: el totalitarismo nunca debuta con campos de concentración; empieza de a poco, erosionando y destruyendo el espacio común de deliberación pública. Cuando la ciudadanía deja de tener acceso a la verdad imparcial, el debate público se fragmenta peligrosamente y el poder deja de tener contrapesos válidos y necesarios. La experiencia de América Latina lo confirma: donde la prensa fue capturada, intimidada o cooptada, se registró un rápido deterioro institucional.
Por lo tanto, defender la prensa libre en el Ecuador no significa defender a un medio en particular ni a una determinada línea editorial. Significa salvaguardar el derecho ciudadano a acceder a información independiente, a conocer, contrastar y decidir. Es proteger el espacio público de deliberación colectiva libre. La defensa de la prensa libre debe asumirse siempre como causa republicana. Sin bandera ideológica, sino como principio institucional de vida democrática.
Una democracia sin interpelación es una democracia domesticada. Una democracia que no tolera la incomodidad de la crítica, se vuelve una democracia en riesgo.
¡Que viva la prensa libre porque sin verdad no hay democracia posible!