Basura de Quito: Municipio dice que los retrasos del Sercop obligan a activar un 'plan B' para el relleno sanitario El Inga
En septiembre de 2026, el cubeto 11 del relleno sanitario estará en su límite de operación. Por eso, el Municipio acelera la construcción de la Zona 1 del nuevo Complejo Ambiental después de una suspensión de 60 días en el proceso de contratación.
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En el relleno sanitario de El Inga, ubicado en Pifo, al nororiente de la capital, la operación se realiza con el reloj en contra. Este lugar recibe, diariamente, alrededor de 2.200 toneladas de basura que producen los habitantes de Quito y del cantón Rumiñahui. La cantidad de basura ha ido en aumento, acortando el tiempo de vida del relleno y encendiendo las alarmas en el Municipio.
Según la Empresa Pública Metropolitana de Gestión Integral de Residuos Sólidos (Emgirs), durante 2025 el relleno recibió 800.930 toneladas de basura, un 5 % más que el año previo.
Actualmente, la basura se deposita en el cubeto 11, el último disponible en el relleno sanitario que inició sus operaciones en 2003. Un cubeto es hueco o espacio de terrazas que se llena con bloques de basura compactada y que tiene conexiones para desfogar los gases y los lixiviados (líquido que produce la descomposición de la basura).
El tiempo de vida útil del cubeto 11 termina en septiembre de este año. Pero, ¿qué pasará cuando llegue esa fecha? Aquí nace la urgencia de la construcción de la Zona 1 del Cubeto 1, la primera fase del nuevo complejo ambiental de residuos sólidos.

Sin embargo, la burocracia ha puesto obstáculos en el camino, según el Municipio. Santiago Andrade, gerente de Emgirs, dijo a PRIMICIAS que el Servicio Nacional de Contratación Pública (Sercop) retrasa el proceso de licitación. "Detuvo el proceso por dos meses (unos 60 días), eso ha causado ciertos retrasos", admitió el funcionario.
La estrategia ante el retraso
Ante la pregunta de si Quito podría enfrentar una crisis sanitaria por falta de espacio, la respuesta oficial es firme: "Quito no va a tener ese problema. Lo garantizamos". Para cumplir esta promesa frente a los supuestos retrasos administrativos, la entidad asegura que ha activado dos mecanismos:
Plan de Contingencia del Cubeto 11
- Se ha diseñado un plan operativo que permitiría extender la vida útil del actual cubeto por cuatro meses adicionales más allá de septiembre, brindando un respiro mientras avanzan las obras, según las autoridades municipales.
Uso progresivo de la nueva obra
- La construcción de la nueva Zona 1 del Cubeto 1, que tiene un presupuesto referencial de USD 7,3 millones de dólares, no necesitaría estar terminada al 100 % para recibir basura.
- El diseño permite operar uno de los frentes mientras se concluye el resto. "Uno puede ir operando en julio o agosto... ya podemos pasarnos allá", explicó Andrade.
Según el cronograma del proyecto de construcción de la Zona 1 del Cubeto 1 (disponible en el Sercop), la construcción debía iniciar en noviembre de 2025. A mediados de enero recién se prevé iniciar la etapa de entrega de ofertas del contrato que tiene un presupuesto de USD 7,3 millones. El cubeto tendrá un tiempo de vida útil de 14 meses.
La zona 2 del cubeto 1 tendría un costo de USD 4,4 millones y una operatividad de 16 meses; y la zona 3, que se espera tenga 18 meses de tiempo de vida útil tendría un costo aproximado de USD 10 millones. Es decir, con la construcción de estas tres zonas del cubeto 1, que costarán USD 21,7 millones, Quito tendría dónde disponer la basura hasta 2029.
¿Un puente hacia el ahorro?
El nuevo complejo ambiental no será una isla. Estará conectado con el actual relleno sanitario a través de un puente sobre el río Inga, que divide las parroquias de Pifo y La Merced. Desde el redondel de la vía E35, se prevé que los vehículos ingresen al relleno, se dirijan por una vía asfaltada y crucen al complejo.
También existe otra forma de llegar, pero significa 10 kilómetros más de recorrido, que, en términos de transporte de basura, significan millones de dólares. Las autoridades creen que el costo de la vía y puente (USD 3,5 millones) significa una inversión que se recuperaría en cinco años, con el ahorro en transporte.

Según los estudios técnicos, este puente tendrá una longitud aproximada de 120 metros. Su función, dice el Municipio, es vital para la economía de la ciudad, pues permitirá que la infraestructura civil existente en El Inga —como comedores, vestidores, oficinas y, crucialmente, la planta de tratamiento de lixiviados— siga funcionando para el nuevo complejo.
Recorrido por El Inga
Para entender a dónde van a parar diariamente las 2.200 toneladas de basura, PRIMICIAS realizó un recorrido por el relleno sanitario, el 8 de enero de 2026.
La imagen tradicional de un vertedero ha cambiado en cuestión de pocos años. Lo que antes eran caminos de tierra y lodo, hoy son vías pavimentadas rodeadas de árboles recién sembrados, parte de un proceso de remediación visual y ambiental.
El gerente de Emgirs, Santiago Andrade, destacó la transformación: "Hemos hecho muchos cambios. Por ejemplo, todo el tratamiento de lixiviados. Hemos cambiado el laboratorio, que antes era una bodega. De las 15 piscinas de lixiviados con las que empezó el proyecto, bajamos a solo seis".
Esta gestión técnica, dice el funcionario, ha permitido controlar en buena parte el histórico problema de los malos olores. Al caminar entre los cubetos, unos tubos de concreto desfogaban gas metano, producto de la descomposición de los residuos. Ahora todo tiene tubería; el gas se envía a una planta generadora de energía eléctrica.
“Alguien que vino de visita nos dijo: 'esto parece hostería'. Así creemos que se debe manejar un relleno sanitario", comenta Andrade.
Lo que viene: Energía y aprovechamiento
El futuro complejo ambiental es una de las grandes apuestas de la administración del alcalde Pabel Muñoz. No se limitará a enterrar basura, el manos en los papeles: el proyecto contempla plantas de separación, compostaje y aprovechamiento energético.
Entre los planes más avanzados está una alianza estratégica para implementar un proyecto fotovoltaico que aprovechará 14 hectáreas del predio para generar energía solar. Además, se proyecta el aprovechamiento de biogás para generación eléctrica y la industrialización de residuos para convertirlos en combustible derivado (CDR).
Mientras los funcionarios trabajan contrarreloj con los procesos de contratación, las máquinas esperan para encenderse y operar en la construcción de la nueva zona de disposición, y hasta entonces, Quito seguirá produciendo más de 2.000 toneladas diarias de desechos, acabando con el espacio del cubeto 11.
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