"No tenemos un plan B": Dueños de las cafeterías de la Catedral resisten y siguen atendiendo en 2026 pese al desahucio
Contra todo pronóstico, el aroma a café y a seco de chivo sigue vivo en la Plaza Grande este lunes 5 de enero. Aunque el plazo para el cierre de los negocios, que estableció la Iglesia, venció en fin de 2025, los dueños de los locales se aferran a sus puestos de trabajo mientras esperan una "decisión drástica" o un milagro de la Catedral.

Locales bajo el atrio de la Catedral Primada de Quito, en la Plaza de la Independencia, centro histórico de la capital, 6 de enero de 2026.
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Andrés Salazar / Primicias
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El calendario marca lunes 5 de enero de 2026. Según los documentos notariales emitidos hace tres meses, las puertas de madera y hierro forjado de los negocios que funcionan bajo el atrio de la Catedral Primada de Quito debían estar cerradas, y sus históricas 'cuevas' de piedra, vacías. Sin embargo, la Plaza de la Independencia amaneció hoy, una vez más, con el inconfundible aroma a café pasado y sánduche de pernil.
El Cabildo Primado de Quito dio por terminados los contratos de arrendamiento de los tradicicionales locales y estos debían cerrar el 31 de diciembre de 2025.
Pero, los comerciantes, rostros visibles de una tradición de más de 40 años, decidieron no marcharse. Han abierto sus locales con una mezcla de fe, desafío y resignación, atendiendo a los clientes como si no existiera una orden de desahucio sobre sus negocios.
Guadalupe Tito, dueña de la Dulcería Colonial, respira un poco más tranquila este lunes. "Nadie nos ha venido a decir nada, ni a notificarnos, ni a sacarnos", cuenta con alivio.
Para ella, el hecho de poder abrir un día más es un regalo divino: "Queremos después felicitarles y decir, ya pasó el susto... lo único que queremos es trabajar, nada más". Incluso, asegura que hoy mismo intentará pagar el arriendo, como lo hacían, los primeros cinco días del mes, como una señal de su voluntad de permanecer en el sitio.
Pero detrás de la sonrisa al servir un helado, hay angustia. Aydee Real, propietaria del local Delicias de la Plaza Grande, heredado de sus abuelos hace 45 años, confiesa que la situación es "devastadora".
"Todavía no tenemos un plan B, no sabemos qué vamos a hacer", admite Aydee con la voz quebrada. Ella y su familia decidieron quedarse durante el feriado de fin de año y continuar operando "hasta que realmente haya una decisión ya más drástica de parte de la Iglesia".
No es solo su sustento lo que está en juego: de su negocio dependen cuatro empleados con sus propias familias, y la crisis del país hace impensable emprender en otro lugar de la noche a la mañana, dice.
La postura de la Iglesia: "No es una decisión arbitraria"
El conflicto se originó el 30 de septiembre de 2025, cuando llegaron las notificaciones firmadas por el representante legal del Cabildo Primado de Quito. La Iglesia solicitó la desocupación de los inmuebles para el 31 de diciembre de 2025, fecha de fin de contrato.
Ante la resistencia de los inquilinos y el revuelo mediático, el Cabildo Primado de Quito rompió el silencio a través de un comunicado de prensa y explicó que la medida no es un desalojo intempestivo, sino el ejercicio legítimo del derecho a la propiedad.
"Se ha notificado legalmente las terminaciones contractuales con sus arrendatarios, con 90 días de anticipación como estrictamente señala la Ley (de Inquilinato); es decir, no se trata de una decisión arbitraria ni abusiva", dice el texto oficial del Cabildo Primado de Quito.
La entidad eclesiástica argumenta que los contratos cumplieron su plazo y decidieron no renovarlos, amparándose en el artículo 33 de la normativa vigente.

Salir con la frente en alto
La incertidumbre ha dividido las estrategias de los comerciantes. Mientras algunos como Guadalupe y Aydee resisten indefinidamente, otros como Natalia Salcedo, de la 'Independencia Cafetería', han tomado una decisión salomónica.
Natalia abrió su negocio este lunes, pero advierte que solo será temporal. "Vamos a abrir solo hasta finales de enero", explica. Su objetivo es evitar un juicio de inquilinato y "salir con la cabeza en alto", dado que la Catedral no ha dado señales de querer renovar los contratos.
"Lo que menos queremos es salir por las malas... queremos trabajar en paz este mes", sentencia, aunque mantiene la esperanza de que, si el Cabildo cambia de opinión y les ofrece un año o dos más, se quedarían sin dudarlo.
Mientras los abogados y la administración de la Catedral definen el futuro legal, la vida sigue frente a las mesas. José Díaz, un cliente frecuente, disfruta de un seco de chivo este lunes, tal como lo ha hecho durante décadas junto a su esposa e hijo.
"Es algo tradicional del centro de Quito... sería bueno que se pongan de acuerdo con la Curia (Cabildo) para que no haya estos inconvenientes", comenta José, quien considera que estos locales son parte inseparable de la identidad de la ciudad.
Por ahora, los locales siguen abiertos. Los dueños esperan que el "abogado de arriba" —como llama Guadalupe a Dios— o la presión ciudadana logren lo que los contratos terrenales no pudieron: extender la vida de estas históricas cafeterías en el corazón de la capital.
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