Esto es lo que han aprendido los médicos ecuatorianos que cruzan el Atlántico para formarse en la sanidad española
Luego de pasar un examen riguroso y un proceso de homologación de sus títulos, médicos ecuatorianos terminan de formarse en España, se especializan y ejercen la medicina. Una carrera repleta de esfuerzo y de talento.

El ecuatoriano José Moreno Delgado (izquierda), es médico adjunto de cirugía pediátrica en el Hospital Virgen de las Nieves de Granada, España.
- Foto
Cortesía
Autor:
Actualizada:
Compartir:
MADRID. El doctor José Moreno Delgado se estrenó en el quirófano en su primer año de residencia, hace siete años. “Fue un 4 de agosto”, recuerda el ecuatoriano que hoy es médico adjunto de cirugía pediátrica en el mismo hospital donde se formó, el Hospital Virgen de las Nieves de Granada. Era una apendicitis a una chica. “Me dijeron que esta paciente se opera en la tarde y los residentes mayores y los adjuntos me preguntaron ‘¿qué te sabes de esto?’ y tú dices lo que sabes, porque te lo debes de haber estudiado en algún punto, y te dicen ‘dale tú, yo te ayudo’”.
Desde entonces ha pasado por tantos quirófanos que ya perdió la cuenta. Es uno más entre los miles de profesionales que sostienen el sistema sanitario español tras haber aprobado el MIR y haber quedado en el puesto 3.125 de una convocatoria a la que cada año suelen presentarse más de 30.000 postulantes españoles y extranjeros.
José viajó a España porque en Ecuador, cuando terminó la carrera, no existía la especialidad de cirugía pediátrica. Se inscribió en la academia del Grupo CTO en 2016 para preparar el MIR y esta entidad gestionó su homologación mientras él hacía el año rural y luego trabajaba en una UCI pediátrica en Ecuador para ahorrar.
La homologación tardó cerca de dos años. Cuando por fin viajó, hizo un curso intensivo de siete meses en Salamanca. Vivía con un amigo médico y compartían gastos. “Mi rutina era estudiar, comer y dormir”, resume. Pagaban unos 400 euros de alquiler (USD 471) entre los dos y calculaban unos 500 euros mensuales más (USD 590) para sobrevivir sin lujos. La inversión total rondó los 3.000 dólares e incluía acceso a la plataforma online durante dos años y los trámites administrativos.
El esfuerzo dio resultado. Obtuvo el número de orden 3125. Con ese puesto eligió Granada aunque no estaba en sus planes iniciales, pero el sur de España lo atrapó. Le gustó la gente y un estilo de vida que, dice, le recordaba a Ecuador. Allí hizo toda su residencia y allí se quedó.
Allí también vivió la pandemia y lo recuerda como un tiempo de miedo y desorden. “Estaba asustado, intentando ayudar, tampoco se podía hacer mucho”. Aunque la covid lo ocupaba todo, los niños seguían llegando al quirófano. “No dejaban de venir niños quirúrgicos, no dejaban de aparecer tumores”, cuenta.
La soledad y la distancia es que más le preocupaba. “Tuve que darle el número de mis padres a un amigo por si me pasaba algo, porque acá no tenía familia”, recuerda. En la segunda ola, con el hospital colapsado, tocó apoyar donde hiciera falta. “Echábamos una mano, más que nada para que no se pasen medicaciones”. Las jornadas seguían siendo largas y el aprendizaje no se detenía.
La llegada de más médicos ecuatorianos
Otros profesionales ecuatorianos siguen llegando. Jaime del Castillo es uno de ellos. Está en su cuarto año de residencia en cirugía general y se prepara para empezar el quinto y último en mayo. Llegó a España en 2022, después de que la pandemia le obligara a prepararse de forma online con la academia AMIR, la otra entidad que trae a los latinoamericanos a España.
Su primera opción había sido el Hospital Gregorio Marañón, en Madrid, pero la plaza se agotó cincuenta números antes de que le tocara elegir. Terminó decidiéndose por el Hospital de Bellvitge, en Barcelona, después de hablar con un cardiólogo ecuatoriano que se había formado allí. El primer año fue el más duro. Vivía solo y, durante los pases de visita, muchas veces no entendía lo que se decía en catalán.

En el quirófano, el aprendizaje fue rápido y exigente. “En el primer año entrabas a quirófano y lo que más operabas eran hernias inguinales, algo de proctología, abscesos perianales de urgencia; en algunos hospitales ya hacías apéndices”, dice. Al inicio, su papel fue más de apoyo que de liderazgo. “Normalmente bajabas a ayudar a los adjuntos”. Aun así, había cirugías que lo marcaban. “El trasplante hepático siempre me pareció la cirugía más bonita”, comparte.
“En cualquier momento te podían llamar y decirte que había un trasplante y te tocaba ir al hospital”.
Jaime del Castillo, médico ecuatoriano, al recordar que desde segundo año hizo guardias de trasplante localizable en el hospital Bellvitge, en Barcelona
También pasó por quirófanos de cáncer de páncreas. “Había estado en dos, pero estar quería decir aguantar una valva o aspirar; la gente que hacía eso llevaba operando treinta o treinta y cinco años”. Con el tiempo, fue ganando más espacio. “En urgencias entrabas tú de primer cirujano y el adjunto te daba soporte”. Primero vinieron las apéndices, luego las vesículas, después el colon. Ya como R4 (residente de cuarto año), participó en una DPC (Duodenopancreatectomía Cefálica o procedimiento de Whipple, es una cirugía compleja utilizada principalmente para extirpar tumores en la cabeza del páncreas o área periampular).
“Aprendías en el quirófano, pero también dependía de cuánto le pusieras; si sabía que al día siguiente iba a operar una gastrectomía, la noche anterior repasaba los pasos y la anatomía”, cuenta.
Ser extranjero y médico en España
En lo social, la experiencia fue mejor de lo que ambos esperaban. José resumió siete años sin sobresaltos. “No me han dicho nunca nada y no me he sentido desplazado”. Jaime llegó a un servicio donde casi la mitad de los residentes eran sudamericanos, un colchón humano que suavizó la adaptación. Solo recordó un episodio incómodo, cuando un paciente le lanzó un insulto racista en medio de la rabia por la espera. Nunca lo leyó como un ataque ideológico. Más bien como el estallido de alguien al límite.
Donde el entusiasmo se desgastó fue en los papeles. Ambos hicieron la residencia con una estancia por estudios, la figura legal que se aplica a los residentes extranjeros aunque trabajen, cobren un sueldo y paguen impuestos. Jaime habló del cansancio de renovar el NIE cada año, de pasar meses con el documento caducado y de vivir en una especie de limbo administrativo. José explicó que el verdadero problema llega después. Para quedarse hace falta un contrato largo y eso no es lo que suele ofrecer la sanidad pública. Él logró regularizar su situación por arraigo familiar tras casarse con una médica española.
Los hospitales, en general, ofrecen contratos cortos, de pocos meses. Suficientes para seguir trabajando, insuficientes para cambiar el estatus migratorio. Esa precariedad legal termina siendo la principal barrera para pensar el futuro en España.
En lo económico, la balanza tampoco es sencilla. Jaime empezó cobrando unos 1.450 euros netos (USD 1.709) como residente de primer año en una Barcelona donde el alquiler aprieta desde el primer día. Las guardias ayudaban a respirar, pero también son el punto de fricción con los sindicatos, que justo en estos días presionan para reducirlas. En Andalucía, José encontró cifras similares, aunque con un costo de vida más llevadero.
Quedarse en España, para ambos, fue una ecuación hecha de vocación, oportunidades reales y una burocracia que nunca terminó de ponerse de su lado.
La convocatoria MIR 2026, cifras récord
El Ministerio de Sanidad ha batido récords en la convocatoria 2026. Se ofertaron 12.366 plazas para toda la Formación Sanitaria Especializada, un 3,5% más que el año anterior. De ellas, 9.276 son para Medicina, 2.279 para Enfermería, 362 para Farmacia, 280 para Psicología, 83 para Biología, 57 para Física y 29 para Química.
Se incorporan 82 plazas para la nueva especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias. Medicina Familiar y Comunitaria sigue siendo la más numerosa. Más de 34.500 personas han sido admitidas para optar a una plaza. Desde 2018, el número total de plazas ha crecido un 54%.

El cupo para médicos extracomunitarios sin residencia legal alcanza el 10% en Medicina, 928 plazas. Es una puerta de entrada clave para profesionales latinoamericanos, entre ellos los ecuatorianos, que cada año representan uno de los grupos más numerosos.
Qué es el MIR y cómo se prepara
El MIR es el examen que decide el futuro profesional de miles de médicos. Son 200 preguntas tipo test más diez de reserva, cuatro horas y media de duración y un sistema de penalización que no perdona despistes. El 90% de la nota depende del examen y el 10% del expediente académico.
La elección de plaza se hace por orden de puntuación. Cuanto más bajo es el número, más opciones hay de elegir especialidad y hospital. Para los extracomunitarios existe un cupo específico. Antes de todo, la homologación del título es el paso crítico y puede tardar meses o años.
La preparación se concentra en academias como MIR Asturias, AMIR, Grupo CTO o plataformas digitales como PROMIR. Hay cursos largos y otros intensivos de siete meses, los preferidos por muchos latinoamericanos por tiempo y costo. Los precios rondan los 4.000 euros (USD 4.716), aunque los descuentos son frecuentes. La formación es exigente, pero el aprendizaje real empieza en el hospital.
Compartir: