Ni con declaratoria de emergencia: hospitales públicos cerraron 2025 con escasez de medicinas
Lejos de mejorar, la situación en varias casas de salud emblemáticas se ha estancó o empeoró en la emergencia. Los hospitales Monte Sinaí, en Guayaquil, y Gustavo Domínguez, en Santo Domingo de los Tsáchilas tienen los peores indicadores.

La vicepresidenta y ministra de Salud, María José Pinto, supervisa la entrega de insumos, como guantes de látex, en el Hospital Eugenio Espejo, en Quito, el 21 de noviembre de 2025.
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Elizabeth (nombre protegido) llegó a Quito desde Chimborazo con la esperanza de que en la capital atendieran a su madre, quien sufría convulsiones. Sin embargo, al cruzar las puertas del Hospital de Especialidades Eugenio Espejo, la realidad del desabastecimiento en el sistema de salud pública golpeó más fuerte que la enfermedad.
Tras esperar más de 24 horas por atención, la indicación médica no fue un tratamiento, sino una lista de compras plasmada en un papel común: paracetamol, gasas, pañales y más medicamentos. Esta escena, que se repite a diario en los pasillos de la casa de salud, ilustra el fracaso de una emergencia sanitaria que, meses después de su declaratoria, mantiene al hospital con apenas un 41% de abastecimiento de medicamentos.
La historia de Elizabeth es el rostro humano de una crisis que no da tregua. El desabastecimiento en la red pública se ha vuelto crónico en medio de una inestabilidad administrativa sin precedentes: el gobierno de Daniel Noboa ha visto pasar a cinco ministros de Salud en dos años de gestión.
A finales de septiembre de 2025, el último de esos ministros, Jimmy Martín, firmó la Resolución Nro. MSP-MSP-2025-0003-R, declarando la emergencia institucional por 60 días para agilizar compras por USD 50 millones. El decreto se sustentaba en informes que calificaban la situación como una "grave conmoción interna" por la falta de fármacos vitales.
Las razones principales incluyeron:
Desabastecimiento sostenido
- 51 de 134 hospitales evaluados presentaban niveles de medicamentos vitales inferiores al 80 %.
Restricciones presupuestarias
- La aplicación de presupuestos prorrogados desde 2023 limitó la disponibilidad de recursos líquidos.
Riesgo vital
- La imposibilidad de mantener tratamientos farmacoterapéuticos seguros para la población.
Sin embargo, los resultados no llegaron a tiempo. Martín dejó el cargo en medio de críticas por la ineficacia de los procesos, lo que llevó al presidente a encargar la cartera de Estado a la vicepresidenta de la República, María José Pinto.
Pasados los dos meses y ante procesos caídos, la emergencia se extendió por 30 días más. En ese lapso, el Ministerio firmó solo 256 contratos, de los 765 medicamentos e insumos médicos que necesitaba para garantizar el stock, entre tres y cuatro meses. Los contratos sumaron USD 10,4 millones, de los USD 50 millones previstos.
Semáforo en rojo: Hospitales que retroceden
Lejos de mejorar, la situación en varias casas de salud emblemáticas se ha estancó o empeoró mientras duró la emergencia. Datos consolidados de la Dirección Nacional de Abastecimiento de Medicamentos contrastan la situación previa a la emergencia (septiembre 2025) con el cierre de año (diciembre 2025):
Si en los hospitales ubicados en la región Sierra el stock cae, en la región Costa la situación es de terapia intensiva. El Hospital General Monte Sinaí en Guayaquil, uno de los más grandes del país, pasó de un crítico 18 % en septiembre a un 19 % en diciembre. Estadísticamente, el hospital ha permanecido desabastecido durante todo el último trimestre.
Aún más grave es la situación del Hospital Dr. Gustavo Domínguez, en Santo Domingo de los Tsáchilas. En septiembre, su nivel del 27 % ya era una alerta roja; para diciembre, el stock se desplomó al 19 %, convirtiéndolo, junto al Monte Sinaí, en el hospital con peor abastecimiento de la red del Ministerio de Salud.
Otros hospitales que cerraron el año en crisis profunda (menos del 30 % de stock) incluyen: Hospital María Lorena Serrano (El Oro) que cayó del 40 % al 24 %; Hospital Rodríguez Zambrano (Manta) bajó del 32 % al 27 %; y el Hospital Universitario de Guayaquil: cayó del 39 % al 29 %.
El informe de diciembre detalla que la escasez no afecta solo a medicinas raras, sino a las de uso diario. El Paracetamol líquido oral, esencial para bajar la fiebre en niños, tiene un abastecimiento de apenas el 30 % al 47 % en sus distintas presentaciones. La Amoxicilina en polvo (antibiótico pediátrico) está al 35 % en una de sus presentaciones clave, y la Metformina de 1000 mg, vital para diabéticos, registra un stock del 37 %.
Aunque hubo mejoras puntuales en hospitales como el Martín Icaza de Babahoyo (que subió del 36 % al 52 %), la tendencia general sugiere que la declaratoria de emergencia de septiembre no logró frenar el desangre de los inventarios farmacéuticos del país.
Sistema de salud sin rumbo
Aunque la vicepresidenta Pinto asumió con la promesa de que "el país no está para improvisar" y anunció una reestructuración de los procesos de compra, hasta el 2 de febrero de 2026, las farmacias hospitalarias siguen vacías.
Los informes técnicos que sustentaron la emergencia revelaron una realidad desigual pero igualmente preocupante. Mientras que el abastecimiento promedio en los hospitales del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) se situaba en un 65 %, en el Ministerio de Salud Pública la cifra era dramáticamente inferior, bordeando el 45% a escala nacional.
Ximena Garzón, exministra de Salud, analiza las razones de este fracaso operativo. Según la experta, el problema no es solo de recursos, sino de gestión: la falta de conocimiento de la normativa de compras públicas y la ausencia de una logística de distribución robusta han provocado que los procesos se caigan o que los fármacos no lleguen a las unidades desconcentradas.
"Si uno no tiene una planificación adecuada para implementar el sistema que el Gobierno quiere (compras centralizada) y en paralelo a mantener el abastecimiento, vamos a tener los resultados que estamos viendo", advirtió Garzón.
Según Garzón, para que una atención sea óptima se requiere, al menos, un 80 % de abastecimiento; con los niveles actuales del 19 % o 40 %, "es imposible brindar una atención adecuada".
El costo del silencio y el "gasto de bolsillo"
En las salas de espera, el miedo impera. A Elizabeth, otros familiares en el Eugenio Espejo le advirtieron en voz baja: "No denuncie". Existe el temor generalizado de que quejarse implique represalias, como que dejen de atender a sus pacientes o incluso que "cambien el pronóstico".
Mientras tanto, el "gasto de bolsillo" —el dinero que las familias deben sacar de su propio presupuesto para salud— se dispara. Fármacos básicos como la Metformina de 850 mg (para la diabetes) tienen un abastecimiento del 49% , y el Paracetamol líquido apenas llega al 30-47% dependiendo de la presentación.
Para familias como la de Elizabeth, la crisis no se mide en porcentajes ni en decretos ejecutivos, sino en la angustia de conseguir dinero cada mañana para comprar lo que el Estado, por ley y por emergencia, debería garantizar.
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