Vendía encebollados en Ecuador y se fue por extorsiones; ahora busca empleo en Madrid en una plaza llena de migrantes
Un ecuatoriano busca trabajo en la Plaza Elíptica. Sin papeles, dice que España “es mejor que Ecuador”, porque sus hijos caminan sin miedo y nadie apunta a su familia con una pistola, un hecho por el que dejó Ecuador. Enero dejó 270.872 afiliados menos a la Seguridad Social en España, con respecto a diciembre, el peor dato desde 2012.

La Plaza Elíptica, en Madrid, es un sitio donde se concentran migrantes desempleados en busca de una oportunidad de trabajo.
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Soraya Constante
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MADRID. Los hombres con mochila a la espalda llegan antes de que el bar Yakarta, en la Plaza Elíptica, abra sus puertas. Algunos llevan ropa reflectante, otros apenas sueño. A las seis de la mañana esperan trabajo y un poco de suerte, que alguien pare una furgoneta, baje la ventanilla y les cuente una buena oferta. El Yakarta ya es un punto mítico en el mapa del desempleo migrante de Madrid. Los dos empleados del bar, un venezolano y un colombiano, los observan cada madrugada desde detrás de la barra. Dicen que llegan como “zombies”, en fila, con el dinero justo para pedir un café para llevar por 1,80 euros. Pocos se sientan, porque hacerlo es perder tiempo y aquí el tiempo se cambia por un jornal. La mayoría busca ir a trabajar a una obra, pero a veces aparecen personas que no dan su nombre y piden a alguien con papeles para recibir un giro a cambio de 10 o 15 euros. La economía sumergida también madruga. Y una vez, cuentan los más asiduos, llegó una mujer que ofrecía pagar por sexo.
La mañana del miércoles apareció el conductor de un camión de mudanzas y un comerciante chino que buscaban gente para cargar bultos. Ambos ofrecían pagar 60 euros al final del día (USD 70 dólares), pero no decían nada del número de horas. Dos jóvenes se fueron con estos empleadores. Los más veteranos los miraron irse con desconfianza. “Es muy poco dinero”, murmuró un peruano. “En construcción se paga más”. Él lleva días en la plaza y forma parte de un grupo de sudamericanos donde también está un ecuatoriano recién llegado, que tenía trabajo, pero la obra se paró por las lluvias. Ahora espera una nueva oportunidad.
Enero nunca ha sido un buen mes para el empleo en España y este no ha querido romper la tradición. El arranque de 2026 dejó 270.872 afiliados menos a la Seguridad Social con respecto a diciembre, el peor dato desde 2012. Incluso comparado con enero de 2025, la caída es mayor, según el Ministerio de Seguridad Social. Se han destruido 28.600 empleos más que hace un año. El parón invernal y el fin de la campaña navideña vuelven a expulsar a trabajadores.
El inicio de año también golpea a los extranjeros. La afiliación media cayó en 47.319 personas, hasta situarse en 3.038.158, lo que representa el 14,1% del total de cotizantes. Es una leve caída con respecto a las cifras con las que España cerró 2025, con casi 3,1 millones de afiliados extranjeros.
Un ecuatoriano sin papeles y sin empleo
El ecuatoriano del grupo de desempleados sudamericanos tiene 32 años y lleva un año en España. No es parte de esas estadísticas porque llegó con un visado de turista, con sus tres hijos y su mujer, y se quedaron sin papeles. En Ecuador, en una ciudad que prefiere ocultar, al igual que su nombre, porque no quiere preocupar a sus familiares, tenía un restaurante de encebollados hasta que llegaron las bandas. “Nos pedían 250 dólares mensuales”, cuenta.
“Un día, un integrante de una banda sacó una pistola y le puso a mi mujer en la cabeza... Entonces decidimos cerrar el negocio”.
Migrante ecuatoriano que dejó Ecuador y ahora está desempleado en Madrid
El viaje lo pagó su suegro vendiendo un coche. “Él nos prestó el dinero para los pasaportes y nos venimos”. Ahora viven los cinco en un cuarto pequeño en un barrio del sur de Madrid. “Le veo bien complicado aquí buscar un piso, ven que tenemos hijos y ya no nos quieren arrendar”.

Sabe soldar, poner cerámica y trabajar en reformas, pero lleva quince días sin empleo. En Plaza Elíptica espera y mira de reojo. Tiene miedo a la policía. “Aquí le han sabido decir la secreta, y un día llegaron y yo del miedo quise salir corriendo, pero una persona me dijo ‘quédate aquí conmigo conversando’ y fue como un ángel”.
Su esposa ya tiene tarjeta de residencia, porque su madre, que está en España, la reagrupó, pero por el cuidado de los niños no puede trabajar. Él espera la regularización extraordinaria que el Gobierno prevé abrir en abril de 2026 y que podría beneficiar a medio millón de personas. Cumple los requisitos, pero una abogada le dijo que había que esperar a que el decreto se publicara en el Boletín Oficial del Estado.
Mientras espera por una oportunidad en la plaza de los desempleados reflexiona que aquí “es mejor que Ecuador”. No por el trabajo ni por la estabilidad, que todavía no llegan, sino porque sus hijos caminan sin miedo y porque nadie vuelve a apuntar a su familia con una pistola. De momento es uno más del grupo de sudamericanos, agrupados en un chat de WhatsApp que se llama “los Michus”, porque lo abrió un peruano de ojos verdes al que todos apodan el Gato. Más tarde, si no tienen suerte, irán juntos a un comedor social. En el Yakarta no se quedan a comer porque su escaso dinero no les alcanza para comer allí. Además, el bar se ha vuelto hostil. En las paredes han ido apareciendo pequeños carteles que les prohíben usar el baño, cargar el teléfono o comer en sus mesas la comida que no sea del local. Pero, pese a eso, volverán al día siguiente a buscar suerte.

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