Así viven el Día de Reyes los niños ecuatorianos en España, emocionados por tradición que ya hacen propia
La migración ecuatoriana en España también cuenta historias como la del Día de Reyes, de este 6 de enero. Los hijos de migrantes asimilan esta icónica tradición española y se sumergen en ella.

Niños ecuatorianos participaron en una cabalgata de Reyes, en la zona de Ciudad Lineal, en Madrid, organizada por la Asociación Rumiñahui. Los migrantes asimilan la tradición española.
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Edu León
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MADRID. Para los hijos de Steven Cadena, Aylin e Isaac, la noche del 5 de enero no fue solo una cabalgata de Reyes: fue una primera vez. Primera vez esperando a los Reyes Magos, primera carta escrita para pedir sus regalos a los sabios de Oriente, primera carrera para atrapar caramelos en una calle de Ciudad Lineal donde el frío no logró apagar la emoción. Los pequeños de nueve y seis años nacieron en Guayaquil, y llegaron a España el verano pasado y, como tantos hijos de padres migrantes, están aprendiendo los rituales españoles como el roscón, el chocolate caliente y la promesa de regalos que aparecen mientras duermen. Para ellos es un descubrimiento, pero para su padre, Steven, es un regreso cargado de memoria.
Steven conoce bien esa escena, la vivió antes que sus hijos, cuando llegó a España con cinco años, en 2001, con sus padres que buscaban trabajo y estabilidad. Entonces aprendió los Reyes Magos antes que muchas de las costumbres de su país de origen. Vivió su infancia en España hasta que en 2013 su historia dio un giro. Su padre, tras años de trabajo, sufrió una lesión en la espalda y decidió regresar a Ecuador. Steven se fue con él para ayudarlo. Tenía 17 años y volvió a un Guayaquil que sentía ajeno. “No me gustaba nada, yo lo veía todo un atraso. Fue difícil llegar a Guayaquil en esa época, con la casa de mis padres todavía sin construir, así como a lo antiguo”, recuerda.

Allí se quedó más de una década. Aprendió el oficio de barbero y formó su propia familia. Sus hijos crecieron en Ecuador, en un país que con el tiempo empezó a volverse más hostil, y vino la decisión de volver a España. “Por la delincuencia, ya no hay esa tranquilidad de poder salir a pasear con los niños, ya no hay futuro para los niños”, explica Blanca Tenenuela, su pareja, que nunca se imaginó migrar.
Steven hoy es autónomo en Madrid y se hizo cargo del traspaso de una peluquería con medio siglo de historia, un local tradicional, atendido durante décadas por peluqueros españoles mayores, donde ahora trabaja un ecuatoriano de 30 años que también ha tenido que ajustar el lenguaje para encajar. “Yo decía ‘qué bacán, qué chévere’… eso no se lo puedes decir mucho a la gente mayor”, cuenta entre risas.
Mientras tanto, Blanca, licenciada en enfermería, espera la homologación de su título y la resolución de los trámites de residencia. De momento, enlaza trabajos de limpieza y cuidado de personas mayores. La familia también navega por la burocracia para obtener el DNI de los niños.
La emoción de los niños ecuatorianos
La cabalgata de Reyes fue una pausa en ese proceso de llegada. “Muy guay, muy guay esta. Parecía yo una niña más cogiendo chuches”, dice Blanca sobre el desfile demostrando que ya usa palabras españolas. Sus hijos, ecuatorianos de nacimiento, ya saben que aquí los regalos no llegan en Navidad, sino después, que hay que esperar, que los Reyes vienen de Oriente, que les pueden traer carbón si se portan mal.

En la cabalgata de Ciudad Lineal, Steven y su familia se confunden entre los vecinos de toda la vida que salen a aplaudir a los danzantes, entre ellos, los miembros de la asociación Rumiñahui que este año reunieron a un grupo de niños que vistieron de blanco y precedieron a la carroza ecuatoriana. Niños hijos de migrantes, banderas, música y una presencia que forma parte del paisaje.
La vida de Steven no es una historia circular, sino una de capas. España fue su infancia, Ecuador su aprendizaje adulto, y ahora España vuelve a ser destino, pero con responsabilidades nuevas. Sus hijos están aprendiendo tradiciones españolas mientras él recuerda su propia infancia.
La noche de Reyes pasó, pronto viene la vuelta al colegio, trabajo y papeles. Pero por unas horas, entre caramelos o “chuches” como dice Blanca, esta familia empieza a sentirse en casa.
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