Muertes neonatales en Ecuador: 1.109 recién nacidos fallecieron en 2025 y el 85% pudo evitarse
En 2025, el Ministerio de Salud reportó 1.109 fallecimientos de recién nacidos, con un alarmante aumento en la tasa de muertes prevenibles respecto a 2024. Frente a un sistema que aún arrastra graves fallas de empatía, hospitales públicos y privados extienden un protocolo para dignificar el luto perinatal.

Imagen de referencia de una pareja en una sala de neonatología
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El 29 de noviembre de 2025, el dolor de una madre de la comunidad indígena de Taisha (Morona Santiago) se convirtió en indignación nacional. Su bebé falleció en el Hospital General de Macas tras complicaciones de salud, pero lo que desató la crisis no fue solo el deceso clínico, sino la forma en que el sistema trató su pérdida: el cuerpo de la menor fue entregado en una caja de cartón.
El Ministerio de Salud desvinculó al gerente del hospital y abrió una auditoría interna ante lo que se calificó como una “grave falta de humanidad”. Hasta el momento, se desconoce si existe un informe final de esta inspección al hospital ubicado en el sur de Ecuador.
Este desgarrador episodio destapó una realidad mucho más profunda y cotidiana en los pasillos de las maternidades del país.
Según la Gaceta Epidemiológica de Muerte Neonatal de 2025, emitido por la Dirección Nacional de Vigilancia Epidemiológica del ministerio, en Ecuador se notificaron 1.109 muertes de recién nacidos (antes de cumplir los 28 días de vida). Esta cifra representa una muy leve disminución frente a los 1.137 decesos reportados en la gaceta de 2024.
Al analizar la proporción poblacional, la tasa de mortalidad neonatal a escala nacional cerró 2025 en 4,21 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, una ligera baja frente a la tasa de 4,27 registrada en el año previo.
Los reportes históricos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) muestran que la tasa nacional ha tenido fluctuaciones en los últimos años, pasando de 5,4 defunciones por cada 1.000 nacidos vivos en 2020 a un pico de 6,7 en 2022 y bajando a 5,8 en 2023.
A nivel de volumen absoluto, las provincias con ciudades más pobladas (Guayas y Pichincha) continúan concentrando la mayor cantidad de muertes neonatales, dado que reciben derivaciones de emergencias de provincias periféricas. Sin embargo, al referenciar la residencia de las madres que tuvieron esta pérdida, la cantidad se reduce, mostrando de mejor manera la realidad geográfica de los casos.
Mientras que en 2024, la Amazonía lideraba las estadísticas con Sucumbíos, el documento oficial del Ministerio de Salud de 2025 revela que Pichincha registró la tasa más alta de muerte neonatal (calculada según la residencia de la madre), con 5,67 fallecimientos por cada 1.000 nacidos vivos. Le siguen de cerca Santa Elena con 5,15 y Guayas con 4,89.
Sin embargo, el hallazgo más desolador que arrojan las auditorías del Estado es el índice de evitabilidad de la tragedia. La Gaceta Epidemiológica de 2025 reconoce que el 85,03% de las muertes neonatales fueron clasificadas como "evitables", lo que supone un incremento en comparación con el 62,97% reportado en 2024.
Una parte de estos fallecimientos sigue anclado a las fallas estructurales en la prevención primaria, ya que el 5,86% de las madres que sufrieron la pérdida de su hijo en 2025 no tuvieron ningún control prenatal durante sus nueve meses de embarazo.
La llegada del Código Mariposa
Ante esta cantidad de fallecimientos, y para evitar que el trato clínico frío sume un trauma adicional a la pérdida del bebé, parte del sistema de salud ecuatoriano comenzó a incorporar el "Código Mariposa".
El origen de este protocolo se remonta a abril de 2016, en Reino Unido, y nació de una experiencia dolorosa. Millie Smith y su pareja, Lewis Cann, esperaban gemelas, pero una de ellas, Skye, falleció apenas tres horas después de nacer debido a una malformación. Mientras Millie acompañaba a su hija sobreviviente en la unidad de cuidados intensivos, otra madre, ignorando la tragedia, le hizo un comentario devastador: "Qué suerte que no tuviste gemelas".
El impacto de esa frase motivó a Smith a crear el proyecto de la "Mariposa Morada" (Purple Butterfly) a través de la Fundación Skye High, utilizando este símbolo para alertar al personal médico y a otras familias sobre la pérdida reciente de un infante, evitando así preguntas hirientes. Lo que empezó como un pequeño distintivo visual en las cunas de los hospitales ingleses, rápidamente se expandió a escala mundial hasta convertirse en el actual "Código Mariposa", adoptado también en América Latina.
El protocolo comenzó a aparecer en el país a finales de 2023 y hoy ya es una realidad que no distingue entre el sistema público y el privado.
Según María Soledad Vieira, jefa de emergencias de la Clínica Internacional, estos casos de duelo gestacional, perinatal y neonatal eran subestimados. "Con la implementación del Código, estas familias tienen una realidad distinta; reciben apoyo por un equipo multidisciplinario desde el primer minuto del diagnóstico hasta su alta hospitalaria y seguimiento posterior".
En la Clínica Internacional, desde septiembre de 2025, se ha abordado y contenido a ocho familias en una habitación exclusiva. Esta iniciativa privada se suma a los esfuerzos realizados por algunos hospitales de la red pública.
De la clínica a la Ley Nicolás
A pesar de la voluntad de gerentes hospitalarios, colectivos como la Fundación Nicolás sostienen que el trato digno no puede depender de planes piloto, sino que debe ser un derecho blindado por el Estado.
Este clamor ciudadano llegó finalmente al Legislativo. El 9 de febrero de 2026, el Consejo de Administración Legislativa (CAL) de la Asamblea Nacional calificó a trámite el proyecto de "Ley Orgánica para los Derechos de Madres y Padres en Duelo Gestacional, Perinatal y Neonatal", impulsado por la asambleísta María del Cisne Molina y conocido como "Ley Nicolás".
Esto no quiere decir que la ley está cerca de ser una realidad, pues en los escritorios del Legislativo reposan innmerables proyectos de ley que iniciaron como una buena intención, pero que no han pasado a su análisis en el Pleno.
El proyecto está en manos de la Comisión del Derecho al Trabajo y a la Seguridad Social. La razón de que se estudie en esta mesa legislativa radica en uno de los cambios más importantes que propondría este proyecto de ley.
"No existe reposo en sí por duelo neonatal. Existe unos cuantos días de reposo por alguna patología, como recuperación de la cesárea, pero no existe ese reposo para los papás para su duelo", puntualiza Vieira.
De aprobarse, la Ley Nicolás otorgaría a la "mamá y papá estrella" —término utilizado en el protocolo para los padres en luto— el derecho a un tiempo de reposo remunerado para no reincorporarse de forma inmediata a su trabajo mientras procesan el impacto psicológico de su pérdida.
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