Esteban regresó encadenado a Ecuador mientras sus cuatro hijos siguen irregulares en Estados Unidos
Esteban vivió 25 años en Nueva York trabajando en construcción para dar un futuro a su familia en Quisapincha. Tras ser detenido en una redada migratoria, aceptó la salida voluntaria. Sus hijos permanecen de forma irregular en el país del norte.

Imagen referencial del testimonio de un migrante ecuatoriano y la frontera entre Estados Unidos y México.
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Esteban (nombre protegido) salió de Ecuador en 1999, meses antes de que se concretara la dolarización que causó una dura crisis económica en el país. Como obrero que fabricaba chaquetas de cuero, el dinero "no alcanzaba para la comida" y su vivienda estaba en malas condiciones.
Con cinco hijos pequeños que alimentar, el ecuatoriano buscó a un contacto que le cobró USD 15.000 por el viaje a Estados Unidos, aunque con los intereses la deuda final escaló a los USD 20.000.
El trayecto duró seis meses y comenzó con un vuelo a Costa Rica. Desde allí, caminó noches enteras cruzando Nicaragua, El Salvador y Guatemala hasta llegar a México. Esteban relata que en el desierto "a veces comíamos, a veces no comíamos", pero logró llegar a Chiapas y luego volar a Tijuana para cruzar la frontera hacia California.
La llegada a Estados Unidos no fue el final del calvario, sino el inicio de una nueva retención. Al llegar a Los Ángeles, fue llevado a un cuarto donde dormía en el piso y no podía salir hasta que su deuda fuera cancelada.
"Me estanqué por dinero", explica, pues los coyoteros lo mantenían vigilado mientras su esposa buscaba préstamos en Ecuador con personas locales para enviarle los fondos necesarios para pagar el costo total del viaje.
Trabajó brevemente cosiendo pantalones en la ciudad angelina hasta que finalmente pudo viajar en avión hacia Nueva York para encontrarse con un familiar. Allí se radicó en Brooklyn, un sector con alta presencia de ecuatorianos, y volvió a su oficio en la industria textil, fabricando suéteres en factorías locales.
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De las factorías textiles a los techos de Brooklyn
La estabilidad de Esteban en las factorías se terminó el 11 de septiembre de 2001, tras el ataque a las Torres Gemelas. El mercado textil se desplomó y tuvo que buscar alternativas en la construcción, un área que desconocía totalmente.
Siguiendo el consejo de amigos que le decían "así no sepas, dile que sabes y ándate", comenzó a trabajar en techos y acabados interiores. Le tomó cinco años saldar la deuda inicial de su viaje, periodo en el que enviaba todo su sueldo a su esposa, quien pagaba a los prestamistas.
Eventualmente, ella se unió a él en Brooklyn y vivieron juntos durante 18 años, mientras sus hijos crecían en Ecuador bajo el cuidado de parientes y vecinos.
Durante dos décadas y media, Esteban vivió en la clandestinidad sin poder regularizar su estatus migratorio. Aunque existían opciones legales, como divorciarse de su esposa en Ecuador para contraer matrimonio por papeles, él decidió no poner empeño en ese proceso.
Esteban buscaba empleo diario en paradas de calles. En ocasiones enfrentó abusos laborales, como la vez que trabajó un mes entero y el empleador se negó a pagarle, amenazándolo cuando intentó cobrar junto a su esposa.
La redada y el regreso en cadenas
El final de su estancia en Nueva York llegó un sábado de diciembre de 2025. Esteban se encontraba en una parada de trabajadores cuando agentes de migración bloquearon los accesos con varios vehículos.
"Ya no pudimos correr, quedamos parados ahí", describe Esteban el operativo en el que participaron 12 oficiales. Fue trasladado a un centro de detención donde permaneció un mes y dos días, vistiendo un uniforme azul que lo identificaba como detenido migratorio.
Ante la posibilidad de pelear su caso con un abogado, prefirió solicitar la salida voluntaria, algo que ya había meditado antes de su arresto, debido a la falta de empleo. "Me quiero ir al Ecuador", dijo tajantemente frente a las autoridades judiciales.
Tras aceptar su retorno, Esteban fue trasladado a un avión junto a otros 250 ecuatorianos. El viaje se realizó con todos los pasajeros inmovilizados: "Veníamos encadenados de las piernas, en la cintura y las manos".
Al llegar a Guayaquil, Esteban no tenía a nadie esperándolo, pues sus cuatro hijos también residen en Estados Unidos y tiene otro que vive en España, pero no pueden viajar porque todos son migrantes irregulares.
Solo un familiar político lo recibió para llevarlo de vuelta a su hogar en Quisapincha, una comunidad que ahora se ve poblada de casas grandes pero vacías de los jóvenes que se marcharon.

De regreso en Ecuador
Hoy, a sus 63 años, Esteban dedica sus días a rehabilitar su casa, que estuvo descuidada por inquilinos durante su ausencia. Utiliza los conocimientos de pintura y albañilería que adquirió en los techos de Brooklyn para pintar las paredes y realizar adecuaciones.
Aunque sus hijos le piden que descanse, él prefiere mantenerse ocupado para no pensar en la distancia que lo separa de sus nueve nietos. "Diosito les cuide" es su oración constante para sus hijos que siguen trabajando en la construcción en Nueva York, enfrentando el mismo temor a las redadas que lo trajeron de vuelta.
El retorno a la dieta andina ha sido su único consuelo tras décadas de consumir comida congelada en Estados Unidos. Lo primero que buscó al llegar a Ecuador fue un cuy con papas y un caldo de 31, sabores que representan su regreso definitivo a Quisapincha.
A pesar de que su pueblo luce más moderno gracias a las remesas, Esteban reconoce que la vida del migrante es de mucho sufrimiento y que el trabajo ya no es estable como antes. No recomienda hacerlo.
Este especial fue elaborado como parte del tour de reportería sobre políticas de inmigración organizado por la Embajada de los Estados Unidos en el Ecuador.
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