Manos lojanas pasaron de limpiar casas a levantar el restaurante La Perla del Pacífico, una cadena de franquicias en Madrid
Su jefa se burló cuando le dijo que dejaba el empleo para poner un restaurante. Hoy, el esfuerzo de ecuatorianos se convirtió en una marca registrada con una docena de locales en Madrid. El grupo Perla del Pacífico emplea a más de un centenar de personas.

La lojana Nelly Elizalde decidió abrir un restaurante de comida típica ecuatoriana en Madrid, asociada con su hermana y un chef guayaquileño. Luego de 28 años de trabajo intenso, ese local se convirtió en una franquicia.
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Soraya Constante
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MADRID. Un local alquilado, 12 mesas de plástico, una carta con el encebollado y el ceviche como platos estrella. Todo eso está en el inicio del restaurante La Perla del Pacífico que abrieron en Madrid dos hermanas lojanas, Rosa y Nelly Elizalde, que no sabían nada de gastronomía, y que se juntaron con un chef guayaquileño que tuvo la intuición de abrir este negocio y ponerle ese nombre que iba a atraer a los suyos.
Corría 1998 y todavía eran pocos los ecuatorianos que habían llegado a España. Rosa y Nelly Elizalde ya estaban allí, tratando de abrirse paso en un país que las había recibido con escoba en mano unos cuatro años antes. Rosa llegó primero y un año más tarde convenció a Nelly de venir a través de largas cartas escritas a mano. Ambas trabajaban como internas, limpiando casas ajenas y cuidando niños. “La gente que salimos, somos gente preparada, pero venimos aquí y trabajamos en casas porque no había nada más”, recuerda Nelly.
Nada de aquello apuntaba a un negocio propio, pero el giro llegó cuando conocieron al cocinero guayaquileño que trabajaba en un restaurante peruano y quería abrir un ecuatoriano. “Nosotros le decíamos: ‘Pero Óscar, nosotros no sabemos cocinar nuestra comida’”. Pero él insistió: ‘No se preocupen, ustedes solamente ayúdenme a buscar el local y yo saco todo’”, cuenta Nelly.
Ese “ángel”, como lo llama Nelly, fue la pieza que faltaba. Ellas pusieron el trabajo, él el conocimiento. Y juntos levantaron el negocio que se dio a conocer a través de volantes que se repartían en los parques donde se reunían ecuatorianos.
No todos creían en la idea. Cuando Nelly anunció que dejaba el trabajo doméstico para abrir un restaurante, su jefa se mostró escéptica. “Se rió y me dijo: ‘La gente que viene de afuera no puede poner aquí un restaurante’”, dice Nelly que no quiso discutir y dejó una frase en el aire: “Señora, sí, pero yo me lo voy a poner. Si quiere le doy la dirección y cuando usted quiera me visita”.
'El miedo ya no mandaba'
El día de la inauguración disipó todas las dudas que tenían. “Ese día no había dónde poner la gente”, confiesa Nelly. El miedo seguía ahí, pero ya no mandaba.
“Teníamos ese miedo normal de emprender, pero gracias a Dios tuvimos mucho éxito”.
Nelly Elizalde, migrante ecuatoriana propietaria de la cadena La Perla del Pacífico, en Madrid
Pero ese éxito exigía un horario extendido. “Yo entraba al restaurante a las 7:30 y a las dos de la mañana estaba llegando a mi casa”, recuerda Nelly. A los dos años, la demanda les empujó a abrir un segundo restaurante y a seguir luchando con ese mar de normas, trato con los bancos e impuestos en el que aprendieron a navegar.

Hoy, esa lucha tiene forma de grupo empresarial. La Perla del Pacífico es una marca registrada con una docena de locales en Madrid, una carta con más de 50 platos y una central de acopio de 1.000 metros cuadrados donde se organiza una logística que ya no tiene nada de improvisada.
Ya no existe el local inicial, pero siguen el mismo barrio en un local de 450 metros cuadrados que factura aproximadamente 1,2 millones de euros anuales (USD 1.384.000).
Nelly, de 61 años, y su hijo Deivy, de 39, son las caras visibles de ese crecimiento. Deivy llegó a España con apenas diez años, y terminó integrándose en un negocio que fue creciendo a la par que la familia se reunificaba.
"Poco a poco íbamos sacando a nuestra familia de las casas. Mi hermana, mi hermano que era conductor y repartía paquetería… todos fueron dejando sus trabajos, y nos metimos a la Perla del Pacífico".
Deivy Elizalde, migrante ecuatoriano que administra cadena de restaurantes La Perla del Pacífico

La expansión fue casi como otra migración, pero empresarial. Deivy y su hermana se metieron en el sistema de franquicias de una cadena española muy conocida en 2016. “Ahí aprendimos muchísimo. Aprendimos el modelo de negocio y copiamos muchas cosas que realmente creímos que nos iban a hacer bien”, admite Deivy.
El grupo Perla del Pacífico emplea a más de un centenar de personas. Pero el relato no cambia demasiado cuando miran atrás. Sigue siendo, en esencia, una familia que salió adelante sin manual.

“La reflexión, sobre todo, es que hay que valorar lo que te dan, disfrutar del momento y sobre todo humildad”, dice Deivy.
Rosa, una de las fundadoras, ya no forma parte de la marca. Tomó otro rumbo y se decantó por la gastronomía española. Actualmente gestiona sus propios locales, más alineados con lo que le gusta cocinar.
El chef que lo empezó todo tampoco está. Volvió a Ecuador y luego emigró a Estados Unidos. Como si la historia se negara a quedarse quieta.
Pero el sabor del litoral ecuatoriano sigue ahí. Y algo de aquella primera escena, las mesas de plástico, los volantes, las ganas de tener algo propio, todavía respira en cada plato.
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