Universidad Católica femenino: Un proyecto que crece desde la formación y trabaja en la fortaleza mental
Con más de 100 jugadoras en todas las categorías del fútbol femenino, un modelo integral que incluye residencia y educación, y por primera vez una psicóloga dedicada exclusivamente a las chicas, Universidad Católica quiere dar un paso adelante hacia la profesionalización.

Daniela Díaz y Emily Delgado, en el complejo de La Armenia, en marzo de 2026.
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Gonzalo Calvache / PRIMICIAS
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El crecimiento del fútbol femenino en Universidad Católica no se explica solo en resultados o en infraestructura. Se construye desde una idea más profunda: formar personas antes que jugadoras.
Y en esa aventura, el 2026 marca un punto de inflexión. Por primera vez, el proyecto incorpora una psicóloga exclusiva para el área femenina, consolidando una apuesta que busca ir más allá de lo físico y lo táctico.
En el club, el objetivo no se limita a competir. Se trata de formar jugadoras capaces de sostener el alto rendimiento, pero también de entenderse, tomar decisiones y gestionar sus emociones.
Ese enfoque se refleja en la estructura. Más de 100 deportistas forman parte del proyecto, que incluye categorías desde la Sub 12 hasta el primer equipo.
A esto se suma un sistema de residencias para jugadoras de distintas provincias, con acompañamiento académico, de alimentación y emocional. "Buscamos que ellas sientan que no les falta nada y que puedan enfocarse en cumplir su sueño", dice Daniel Barrezueta, coordinador de las categorías formativas femeninas.
El objetivo es ambicioso, pero concreto: que las jugadoras puedan cumplir su sueño de convertirse en profesionales y proyectarse a selecciones nacionales. Sin embargo, el camino no está condicionado únicamente por los resultados del fin de semana.
"No sacrificamos el proceso formativo por el resultado. Ganar también es crecer durante la semana, en la disciplina, en la mentalidad".
Daniel Barrezueta, coordinador de las categorías formativas.
Crecimiento estructural: un entorno para desarrollarse
El salto del proyecto también se explica en la inversión y la estructura. Católica ha construido un ecosistema que les permite a las jugadoras enfocarse plenamente en su desarrollo. Para eso, el apoyo de la Fundación Crisfe en el proyecto ha sido una pieza clave.
Actualmente, el club cuenta con más de 100 futbolistas distribuidas en categorías Sub 12, Sub 14, Sub 16, Sub 17, Sub 20 y el primer equipo. Ellas reciben alojamiento, alimentación, acompañamiento académico y contención emocional.
"La idea es que tengan todo lo necesario para que puedan concentrarse en cumplir su sueño".
Daniel Barrezueta, coordinador de las categorías formativas.
Desde el primer equipo, esa evolución también se percibe. "Hoy tenemos cancha propia, gimnasio, vestuario. Cuando un plantel femenino tiene estructura, eso habla de la importancia que le da el club", destaca la entrenadora argentina Daniela Díaz.
Además, el crecimiento no solo es deportivo, sino también profesional. El cuerpo técnico se ha ampliado y especializado, incorporando áreas como el video análisis y ha forralecido el trabajo interdisciplinario. "Cada herramienta que sumamos es un paso hacia el profesionalismo", añade Díaz.
Formativas como eje: el corazón del proyecto
Uno de los pilares más sólidos del modelo de Universidad Católica es la apuesta por las divisiones formativas. Lejos de ser un complemento, son el núcleo del crecimiento institucional.
En las últimas dos temporadas, entre 10 y 11 jugadoras han sido promovidas al primer equipo, un número significativo que evidencia la confianza del club en su proceso. Esto también se refleja en la juventud del plantel profesional, que mantiene un promedio de edad de 21 años.
"El objetivo principal es proyectar jugadoras de nuestras formativas al primer equipo", explica Barrezueta. Y esa proyección no solo se queda en el club. Varias futbolistas, como Emily Delgado, ya han sido convocadas a selecciones nacionales.
Para Díaz, este proceso tiene un valor doble: "Queremos ser un equipo competitivo, pero sin perder el foco en desarrollar jugadoras. Ese es el verdadero desafío".
El salto mental: una apuesta inédita
En 2026, el proyecto dio un paso clave con la incorporación de una psicóloga exclusiva para el fútbol femenino, una figura poco habitual en el contexto local.
"Este año nos hemos propuesto dar un salto desde lo mental", afirma Díaz. Y es que un plantel joven, la gestión emocional se vuelve determinante. Convivir con la presión, la frustración y la exigencia del alto rendimiento es parte del día a día.
La llegada de Julia Larrea responde justamente a esa necesidad. Su rol no es aislado, sino integrado al funcionamiento del equipo. Acompaña entrenamientos, partidos y procesos individuales, trabajando en conjunto con el cuerpo técnico y otras áreas.
"La psicología es un complemento que aporta al desarrollo global, tanto como jugadoras y como personas".
Julia Larrea, psicóloga de Universidad Católica
El enfoque de Larrea parte de un principio clave: el autoconocimiento. Más que dar respuestas, busca que las jugadoras construyan sus propias herramientas.
"A través de preguntas, ellas mismas van entendiendo qué sienten, qué quieren mejorar y cómo hacerlo", señala.
Su metodología combina trabajo individual y grupal, con énfasis en el presente, la confianza y el sentido de pertenencia. La idea es que cada jugadora entienda su rol dentro del equipo y se sienta parte de un proyecto más grande.
Además, la joven psicóloga quiteña explica que, en un deporte donde el error es constante, aprender a gestionarlo es fundamental. "Un partido es una montaña rusa emocional. El reto es que no se bloqueen, que puedan seguir intentando".
"Queremos que sientan que esto es suyo, que lo cuiden, que lo vivan con compromiso".
Julia Larrea, psicóloga de Universidad Católica

Desarrollo integral: mucho más que fútbol
El modelo de Universidad Católica se sostiene en una visión integral del desarrollo. Las jugadoras no solo entrenan: estudian, conviven, aprenden a gestionar sus emociones y construyen su identidad. "Antes que jugadoras, buscamos buenas personas". Es la apreciación de los entrevistados.
En ese contexto, el 'Trencito azul' también ofrece oportunidades educativas, asegurando que las futbolistas puedan proyectar su futuro más allá del deporte. Es una apuesta que reconoce una realidad. No todas llegarán al profesionalismo, pero todas deben salir fortalecidas del proceso.
El acompañamiento emocional, especialmente para quienes viven lejos de sus familias, es otro factor clave. "Son chicas que dejan su hogar a temprana edad, necesitan contención", explica Barrezueta.
Objetivos deportivos: competir sin perder la esencia
Aunque el enfoque formativo es clave, la competencia sigue siendo un motor. El primer equipo tiene metas claras: mejorar lo hecho en temporadas anteriores y pelear por un lugar en la final de la Superliga. "Queremos ser un equipo competitivo, ir siempre por los tres puntos", apunta la DT.
Sin embargo, el éxito no se mide únicamente en títulos. También se refleja en la consolidación de jugadoras, en su crecimiento personal y en la capacidad del club para sostener un modelo a largo plazo.
Católica entiende que el crecimiento del fútbol femenino no puede ser individual. La intención es también aportar al desarrollo del entorno. La incorporación de la psicología, la inversión en infraestructura y la apuesta por formativas son señales de un proyecto sólido y ambicioso.
Por eso, y aunque todavía tienen mucho camino por recorrer, el club empieza a posicionarse como un referente. No solo por lo que logra en la cancha, sino por cómo lo construye.

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