¿Realmente necesitamos otra canción mundialista de Shakira? ¿O contratarla es un acto desesperado de la FIFA?
La FIFA apela a Shakira como carta ganadora para prender el ambiente, pero el Mundial 2026 luce más prefabricado que nunca. ¿Por qué fracasan las canciones oficiales de la Copa del Mundo?

Composición con una imagen de Shakira en Copacabana y un retrato de Gianni Infantino.
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EFE
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La FIFA, con el mercader Gianni Infantino a la cabeza, ha cumplido su objetivo: convertir al Mundial de Fútbol, un evento cuya gracia principal consistía en la peculiaridad de su sede cada cuatro años, en un pastiche sin personalidad. La pésima idea de tener tres países como anfitriones hace imposible que se viva una fiesta nacional: todo en la Copa del Mundo 2026 es global, pre-establecido, genérico, sin espacio para la sorpresa.
Para coronar esta hazaña de la despersonalización, Gianni Infantino ha recurrido a Shakira para que vuelva a cantar el tema oficial del Mundial. O, mejor dicho, para que se haga cargo de un tema oficial de emergencia.
¿Realmente necesitamos otra canción mundialista de Shakira? Desde lo artístico, claro que no.
Desde el punto de vista gerencial, sí. Parece que las cuatro canciones (¿hechas por un comité?) que han estado circulando bajo el amparo de la FIFA no han pegado nada. La oficial, 'Lighter', de Jelly Roll y Carín León, es un pop/country carente de la menor emoción y, ¡horror!, es objeto de parodias y memes. Un fracaso de proporciones bíblicas.
Por eso, Shakira entra en acción. Ella es lo suficientemente global para gustar en Indonesia, Nigeria, Brasil y Noruega al mismo tiempo, y ahora mismo está en una gira histórica.
La gente (y parece que eso quedó claro recientemente en Copacabana) no olvida la relación de Shakira con el Mundial de 2010, cuando su semiplagiado 'Waka-Waka (This Time for Africa)' arrasó por su afortunada mezcla de pop digerible y ritmos africanos clichés, en una época en que la novedad de lo digital fue clave para su difusión.
Su baile se volvió viral antes de que TikTok existiera y hoy 'Waka-Waka' sigue siendo la canción que los niños y jóvenes identifican de inmediato con el fútbol. Por eso, es difícil dejar de lado a Shakira.
Y eso es un problema, porque no solo deja en evidencia el fracaso de la FIFA en gestionar las canciones oficiales de los torneos (las de 2018 y 2022 fracasaron), sino porque pone de manifiesto la mediocridad de pop actual y su falta de sustancia. El mismo sonidito Ibiza/reguetón, el mismo afrobeat, la misma atmósfera, los mismos trucos baratos. Ya no sabemos si estamos en el Mundial o en un reel de TikTok. ¡Qué decadencia!
A lo mejor el origen de todo esto es culpa de Ricky Martin y su impactante 'The Cup of Life' (La Copa de la Vida') de 1998. Desde entonces, la canción del Mundial dejó de ser un himno emotivo y épico relacionado con el país anfitrión (¡cómo olvidar el sentimiento que transmitía 'Un'estate italiana' de 1990!) para convertirse en una bulla fiestera cantada por una estrella global.
Con Shakira en 2026, se profundiza al máximo esta sensación de desapego al sentimiento épico del Mundial. ¿La canción oficial recién asoma a un mes del partido inaugural? ¿Y el título está en italiano, pese a que Italia no está clasificada, o es una fruta japonesa? ¿Y por qué canta un nigeriano, si Nigeria tampoco logró su cupo? ¿Y por qué graba el video en el Maracaná?
En fin, ya no hay remedio. Infantino ha destruido el Mundial con su gigantismo absurdo, y Shakira solamente llega para ponerle una banda sonora a este despropósito.
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