Cada vez menos jóvenes quieren ser árbitros: La otra crisis que golpea al fútbol ecuatoriano
El arbitraje ecuatoriano recibe críticas en todas las fechas de la LigaPro. Pero Luis Muentes, presidente de la Agremiación, dice que el principal desafío está fuera de la cancha: cada vez son menos los jóvenes que quieren seguir una profesión marcada por la presión y la crisis económica.

El árbitro Gabriel González dirige un partido entre Independiente del Valle y Emelec, en Chillo Jijón, el 19 de julio de 2026.
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Cada fecha de la LigaPro deja una nueva polémica: penales discutidos, expulsiones cuestionadas, intervenciones del VAR que aumentan el debate y reclamos que llegan desde los clubes.
Las críticas ya no son aisladas. Dirigentes y jugadores de Liga de Quito, Barcelona SC, Emelec y otros equipos han manifestado públicamente su inconformidad con el nivel de los jueces.
"Estamos mandando una carta y una petición de audios de VAR. Esperamos reunirnos esta semana con Néstor Pitana. Queremos alguna acción más. No podemos quedarnos con esta situación que daña nuestro trabajo", aseguró Eduardo Álvarez, dirigente de Liga, el pasado 27 de julio.

A eso se suma una realidad que refleja el momento que atraviesa el arbitraje nacional: Ecuador no ha tenido representantes en un Mundial de la FIFA desde Brasil 2014, cuando el país alcanzó uno de sus mayores hitos con la presencia de Carlos Vera, como cuarto juez, en la final que disputaron Argentina y Alemania en el estadio Maracaná.
En medio de ese escenario, Luis Muentes, presidente de la Agremiación en Ecuador, reconoce que el arbitraje todavía está lejos del nivel al que aspira.
Sin embargo, sostiene que el problema debe analizarse como parte de la crisis estructural que atraviesa el fútbol ecuatoriano. "Es una crisis muy compleja y eso se refleja en el desarrollo del campeonato", afirma en una entrevista PRIMICIAS.
Para Muentes, los árbitros se han convertido en el blanco visible de un problema mucho más amplio y, según su criterio, muchos de los cuestionamientos desvían la atención de los problemas administrativos que tienen varios clubes.
"Algo que ya no he escuchado hace mucho tiempo es la duda sobre el arbitraje ecuatoriano y eso a mí me llena de satisfacción y orgullo. Hemos dado la vuelta a la página en ese aspecto que creo que es lo más delicado".
Luis Muentes, presidente de la Agremiación de Árbitros

Incluso, considera que existe una tendencia a responsabilizar a los jueces por resultados deportivos que tienen otras explicaciones.
Además, rechaza que la situación económica sea un factor que afecte el rendimiento de los árbitros. Dice que existen valores pendientes, pero insiste en que no se trata de una realidad que les impida entrenar en la semana. "No es una situación que nos prive de prepararnos".
Por otra parte, el dirigente asegura que las disputas institucionales entre la Federación Ecuatoriana de Fútbol y LigaPro afectaron el desarrollo de nuevas generaciones de árbitros y cortaron un proceso que debía tener continuidad.
Por eso insiste en la necesidad de construir un proyecto a largo plazo que identifique talentos, los forme y los acompañe hasta competir en torneos de Conmebol y de la FIFA.
"La principal deuda del arbitraje ecuatoriano es la de armar un proceso para decir 'estas son las figuras que tenemos proyectadas' y así tener representantes en las grandes competiciones".
Luis Muentes, presidente de la Agremiación de Árbitros
El debate sobre los errores
Las decisiones arbitrales siguen ocupando buena parte de la conversación futbolística cada fin de semana. Ahora, para Muentes, la percepción pública no siempre coincide con la evaluación técnica.
El presidente de la Agremiación asegura que una gran parte de las acciones que generan polémica responde a interpretaciones incorrectas del reglamento.
"Estoy convencido de que un 80% de los errores que se atribuyen al arbitraje son equivocaciones del análisis que se hace públicamente sobre las reglas de juego".
También considera que el VAR trabaja con limitaciones que pocas veces forman parte del debate. Explica que la cantidad de cámaras disponibles y los ángulos de transmisión muchas veces no son suficientes para ofrecer las perspectivas necesarias al momento de revisar una jugada.

Amenazas y presión permanente
Más allá de las críticas, Muentes señala que el contexto de inseguridad que vive el país también ha alcanzado al arbitraje.
Recuerda que en los últimos años hubo amenazas de muerte contra jueces, incluso ataques armados que obligaron a suspender competiciones y denuncias públicas como el proyectil que apareció en la casa del árbitro Diego Lara.
Para él, esa realidad forma parte de las presiones con las que conviven los árbitros y que pocas veces se conocen fuera del gremio.

La preocupación que más inquieta
Sin embargo, ninguna de esas situaciones preocupa tanto a Muentes como otra que considera mucho más peligrosa para el futuro. Cada vez son menos los jóvenes que quieren convertirse en árbitros.
"Hoy es difícil encontrar árbitros que realmente quieran ser árbitros conociendo las dificultades que conlleva esta profesión. Cada día es más difícil encontrar jóvenes que quieran ingresar a nuestras filas", advierte.
"Una gran verdad del arbitraje es que a casi nadie le gusta ser árbitro. A nadie le gusta estudiar lo que significa ser árbitro, entonces lo más fácil es criticar. Esa es una realidad (...)".
Luis Muentes, presidente de la Agremiación de Árbitros
Explica que muchos aspirantes abandonan el camino cuando descubren el nivel de exigencia física y mental que demanda la actividad, los años de preparación que requiere y una remuneración inicial que, según reconoce, no compensa el esfuerzo que implica.
Y a se suma otro factor: recuperar la confianza perdida. El directivo es consciente de que el arbitraje ecuatoriano todavía arrastra las consecuencias de errores y de personas que perjudicaron la imagen del gremio en el pasado. Reconstruir esa credibilidad ha sido uno de los desafíos más difíciles.

Un proyecto para cambiar el rumbo
Luis Muentes asegura que la Agremiación ya trabaja en la creación de una escuela de arbitraje que permita profesionalizar la formación desde las categorías iniciales.
El proyecto contempla un espacio físico exclusivo para la preparación de nuevos jueces y, según Muentes, ya cuenta con respaldo institucional.
La meta es que, en un plazo de cinco a 10 años, Ecuador vuelva a contar con árbitros capaces de competir en los principales torneos internacionales.
"No existe una varita mágica para formar un gran árbitro. Tenemos buenos prospectos, pero necesitan tiempo, experiencia y un verdadero proceso", concluye.
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