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Salsa y bachata: Cuando el baile se convierte en un deporte de alto rendimiento

Horas de entrenamiento, desgaste físico y presión mental forman parte de la rutina de bailarines de salsa y bachata en Ecuador. Competencias como New Dance, realizada del 8 al 12 de abril, y el próximo Baila que Baila Fest, del 2 al 4 de julio, evidencian el crecimiento de estas disciplinas, que cada vez más bailarines consideran deportes de alto rendimiento.

Orlando Quero, bailarín e instructor de Orlando Dance Studio.

Orlando Quero, bailarín e instructor de Orlando Dance Studio.

- Foto

Cortesía Orlando Quero

Autor:

Redacción Primicias

Actualizada:

20 may 2026 - 19:05

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En una tarima, bajo luces intensas y con vestuarios llenos de brillo, los bailarines ejecutan giros, acrobacias y movimientos sincronizados que cuentan una historia. Para el público, es espectáculo. Para quienes están ahí, es el resultado visible de años de entrenamiento, disciplina y resistencia física.

La salsa y la bachata han evolucionado más allá de lo social y artístico. Hoy, muchos bailarines sostienen que estas disciplinas funcionan como deportes de alto rendimiento por la exigencia física y mental que implican.

Camila Chamorro, de 14 años, baila ritmos latinos desde los cuatro. Su rutina cambia por completo cuando se acercan las competencias.

“Las horas que entreno al día cuando tengo competencias son de cuatro a cinco, incluyendo los fines de semana”, cuenta.

En Ecuador, academias de baile forman grupos infantiles, juveniles y profesionales que participan constantemente en competencias nacionales e internacionales. Los entrenamientos incluyen acondicionamiento físico, repetición de coreografías y trabajo de resistencia.

Naomy Palacios conoce esa exigencia desde pequeña. Empezó a bailar a los siete años y se formó en ballet clásico, jazz y danza contemporánea antes de entrar a los ritmos latinos.

Para ella, esa formación le permitió desarrollar control corporal y seguridad en escena. Sin embargo, adaptarse a la salsa no fue sencillo. “Cuando empiezas en salsa todo es muy rígido, parece que uno es un robotcito… es difícil, pero se va aprendiendo”.

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Naomy Palacios, bailarina de ballet clásico, jazz, danza contemporánea y ritmos latinos.Cortesía Naomy Palacios

Entrenar como deportistas: resistencia, técnica y repetición 

En temporadas de competencia, los entrenamientos pueden durar hasta seis horas diarias. La preparación no se limita a memorizar pasos; también implica trabajar resistencia cardiovascular, fuerza muscular y flexibilidad.

El cuerpo se convierte en la principal herramienta de trabajo. “Es un trabajo fuerte, es duro, pero ha valido la pena”, explica Naomy. “Nosotros tenemos que entrenar flexibilidad, físico, expresión… no es solo bailar, es trabajar todo el cuerpo”.

Para Orlando Quero, bailarín e instructor de Orlando Dance Studio, el nivel de exigencia dentro de estas disciplinas debería ser suficiente para considerarlas deportes de alto rendimiento.

“Yo considero que el baile sí debería verse como un deporte de alto rendimiento porque requiere mucha exigencia física y mental”.

El riesgo físico detrás del espectáculo 

El desgaste físico es una de las partes menos visibles dentro de la salsa y la bachata competitiva. Detrás de cada cargada, giro o acrobacia existe un esfuerzo constante que exige resistencia muscular, flexibilidad y control corporal. Las largas jornadas de ensayo llevan al cuerpo al límite y las lesiones se vuelven frecuentes, especialmente en temporadas de competencia.

“Siempre pasa… contracturas, fatiga muscular, lesiones en la espalda. Es parte del desgaste”, explica Orlando Quero, bailarín e instructor venezolano.

Quero comenzó a bailar entre los 15 y 16 años. Antes de dedicarse a los ritmos tropicales practicaba danza urbana y contemporánea en Venezuela, su país de origen. Con los años, el baile dejó de ser un hobby para convertirse en una rutina de entrenamiento constante.

“Dependiendo de la cantidad de coreografías, al día puedo entrenar tres o cuatro veces, sin contar la cantidad de clases que doy”.

Para Orlando, la preparación física dentro del baile competitivo es comparable a la de cualquier deportista de alto rendimiento. “Antes de una competencia, cuidamos la alimentación, dejamos el alcohol, entrenamos constantemente… son hábitos muy similares a los de cualquier deportista”.

Camila Chamorro también ha tenido que enfrentar el desgaste físico que implica competir desde pequeña. “En sí no he sufrido lesiones, pero sí he tenido algunos problemas con mi rodilla, que no me hicieron parar el entrenamiento, sino me hicieron bajar las horas diarias en las que entrenaba”.

La reducción de entrenamiento afectó incluso su estado emocional.“Fue un poco triste para mí, ya que sentía que no me estaba esforzando lo suficiente”.

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Naomy Palacios, bailarina de ballet clásico, jazz, danza contemporánea y ritmos latinos.Cortesía Naomy Palacios

La mente también compite 

La presión mental es otro factor importante antes de competir. Los nervios, el miedo al error y la comparación con otros bailarines forman parte del ambiente competitivo.

“El estrés antes de competir es brutal. Ves a otros bailarines y dudas, piensas que no puedes… pero tienes que trabajar mucho la mente”, señala Orlando.

Camila, por ejemplo, evita mirar a sus rivales antes de salir al escenario. “Yo cuando tengo competencias prefiero no ver la gente contra la que compito, para no estresarme ni preocuparme tanto”.

A pesar de eso, asegura que ha aprendido a manejar la frustración después de competir. “Yo luego de una competencia manejo la frustración enfocándome en las cosas que hice bien durante la competencia”.

Para Orlando, la preparación mental es tan importante como la física. “No se trata solo de lo que pasa después de ganar o perder, sino de cómo te preparas mentalmente antes”.

Disciplina, lesiones y falta de reconocimiento 

Para Orlando, uno de los principales problemas sigue siendo la falta de reconocimiento formal hacia estas disciplinas. “No tenemos una estructura que respalde esto. Por eso muchas personas no lo ven como deporte”.

Aun así, insiste en que la exigencia física y emocional es evidente. “Para mí es un deporte de alto rendimiento y también de alto riesgo. Puedes lesionarte en cualquier momento”.

Sin embargo, detrás de cada presentación existe un trabajo que el público muchas veces no alcanza a ver.

“La gente ve el resultado final, pero no ve todo lo que hay detrás: entrenamientos, sacrificios, preparación… es muchísimo trabajo”, concluye Quero.

La salsa y la bachata han dejado de ser solo ritmos sociales. Hoy son disciplinas que combinan arte, técnica y exigencia física, y que, en cada escenario, evidencian una realidad que aún busca reconocimiento: la del baile como un deporte de alto rendimiento. 

*Escrito por Sofía Calvache, estudiante de Periodismo de la USFQ.

  • #Danza

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