¡ESPAÑA CAMPEÓN DEL MUNDIAL 2026! La Argentina de Messi sucumbe ante la máquina ibérica en Nueva Jersey
Con paso perfecto y un impresionante juego coral, España impuso su juego posicional en Norteamérica para destronar a Argentina y alzar la segunda Copa del Mundo de su historia.

Ferran Torres, delantero de España, celebra su gol ante Argentina, en la final del Mundial 2026 en Nueva Jersey, del 19 de julio de 2026.
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España consiguió su segunda Copa del Mundo. Tuvieron que pasar 16 años desde aquella gesta histórica en Sudáfrica 2010 para que el fútbol español volviera a mirar a todos desde lo más alto al mundo, consolidando un recambio generacional que ya es una realidad dorada.
La final ante Argentina, una batalla táctica de alta tensión en Nueva Jersey, consagró la propuesta de Luis de la Fuente. A los 106 minutos, Ferran Torres marcó el tanto de la victoria, tras un partido en el que 'La Roja' fue superior en todos los indicadores a su linajudo rival.
En el césped, la frescura y el desparpajo de un equipo que privilegia el colectivo al talento individual lograron inclinar la balanza en el duelo ante el eterno Lionel Messi. Lamine Yamal, el niño bañado por 'Lio' hace 19 años ahora reina la escena del fútbol mundial.
Dirigida por De la Fuente —un entrenador serio, meticuloso y con una fe ciega en los jóvenes que formó en las categorías inferiores—, España construyó un torneo perfecto, sin hilachas. Este equipo supo madurar ante la exigencia, dominando los partidos desde la posesión pero sumando una pegada letal en los momentos donde el destino del campeonato se ponía en juego.
Una gran exhibición coral con puntos sobresalientes
A lo largo del torneo, la 'Roja' fue una máquina de juego posicional. Con Rodri como el gran termómetro en la mitad de la cancha e inspiración para el resto del plantel, uno de los puntos más altos estuvo en las bandas, donde la verticalidad de los extremos y las proyecciones de Pedro Porro destrozaron los esquemas rivales. Marc Cucurella, aportó corazón, dinamismo y entrega total.
El libreto fue de una lucidez extrema: control total del ritmo, presión asfixiante tras pérdida y una paciencia de ajedrecista para encontrar los espacios en el área enemiga. En el área propia, Aymeric Laporte fue un puntal y un ejemplo para el crecimiento de Pau Cubarsí, defensor central aguerrido y fundamental para ganar los duelos defensivos.
España encontró la gloria en los goles de Mikel Oyarzábal y tuvo como revulsivo a otro Mikel, Merino, autor de goles claves en las victorias ante Portugal y Bélgica, en los octavos y cuartos de final del largo y sorprendente torneo de Norteamérica.
La primera fase en el Grupo H tuvo un arranque sorpresivo con un empate 0-0 ante Cabo Verde en Atlanta, pero la maquinaria despertó de inmediato con una goleada 4-0 a Arabia Saudita y un sólido 1-0 sobre Uruguay en México. A partir de allí, los cruces directos se transformaron en una exhibición de autoridad sin necesidad de jugar una sola prórroga.
En los dieciseisavos de final, el equipo despachó con autoridad a Austria por 3-0. En octavos, en Dallas, firmaron una obra de arte estratégica al anular y eliminar a la Portugal de Cristiano Ronaldo por 1-0.
El listón volvió a subir en cuartos de final, donde vencieron 2-1 a Bélgica en el Estadio SoFi, antes de dar el golpe definitivo en las semifinales de Dallas, dejando en el camino a la poderosa Francia de Kylian Mbappé con un categórico 2-0 gracias a los goles de Mikel Oyarzabal y Pedro Porro.
A diferencia de otros campeones que caminaron por la cornisa de los penales, España se agigantó a través de la regularidad en los 90 minutos. La solidez defensiva comandada por los citados Cubarsí y Laporte, sumada a los goles oportunos de Oyarzábal y a un demoledor juego de posesión y una capacidad para presionar y recuperar el balón lo llevaron hasta la cumbre.
En la final apareció Ferran Torres para marcar el único gol, tal como Andrés Iniesta lo hizo ante Holanda, en la gran definición del torneo de Sudáfrica en 2010.
Ahora, la Fuente de Cibeles en Madrid y las calles de Barcelona se inundan en una sola marea roja. El ruidoso festejo español celebra la consagración de un equipo de autor: una España que no necesitó sufrir, porque supo cómo dominar.
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